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| 10/18/2012 12:00:00 AM

La guerra no silencia los tambores, las flautas y las charangas en el Cauca

En los últimos cinco años, 13 menores de la comunidad nasa murieron a causa del conflicto en el Cauca. Muchos de sus amigos han encontrado en la música una forma de hacerle el quite a la guerra. Sin embargo, los recuerdos perduran.

La grave situación de orden público en el municipio de Caloto, en el departamento de Cauca, afecta cada vez más a la población infantil. Algunos menores han sido reclutados por grupos al margen de la ley. Paradójicamente, otros menores de edad viven las consecuencias de la guerra desde sus casas, cuando escuchan las explosiones de bombas y los disparos y deben salir corriendo para protegerse junto a sus familias.
 
Los derechos a la educación y el respeto a la vida son vulnerados y el temor parece apoderarse cada día de los más pequeños. “En Caloto, los hostigamientos por parte del conflicto son la mayor afectación en los menores y se refleja con el temor. Algunos entran en pánico tan solo al escuchar una detonación”, dice Elier Ernei Castillo Cárdenas, personero del municipio.
 
Aunque las oportunidades no son muchas para los niños de Caloto, la música se ha convertido en la principal fortaleza en esa comunidad. La Orquesta de Instrumentos Andinos del Resguardo Huellas de Caloto es el proyecto estrella. Con flautas, charango, guitarras, tambores y charrascas, la agrupación musical distrae y educa a los menores de edad, pero no los aleja por completo del conflicto.
 
Lorenzo* lleva seis años en el grupo musical. Toca charango y guitarra. A sus 22 años recuerda que tuvo que vivir de cerca la muerte de su tío, un líder indígena asesinado por las FARC. Relata que su familiar era una persona muy dedicada al resguardo e intentó alejar a grupos armados de la comunidad. Por eso, dice, fue asesinado.
 
El joven indígena reconoce que muchos de los que están ahora en las milicias fueron sus compañeros de estudio. “Estudiaron con nosotros, con ellos crecimos, pero debido al desorden social no pudieron seguir sus estudios. Los otros sectores se los llevaron”, asegura. 
 
El temor del conflicto se ha convertido en el principal enemigo de los habitantes, sobre todo de quienes desean seguir adelante para estudiar y ayudar a la comunidad. “Nuestros propios compañeros de la comunidad han ocasionado mucho desorden. De pronto nos da miedo hablar porque nos pueden asesinar”, señala Lorenzo.
 
La música como herramienta para el libre desarrollo de la comunidad infantil es la apuesta que hacen diferentes instituciones en Caloto.
 
“Existen muchas intenciones, entre ellas tratar de sacarlos del conflicto que viven día a día y darles la música como alternativa de distracción y ocupación del tiempo libre”, señala Ríchard Escobar, profesor de música que trabaja para la asociación de cabildos del Cauca.
 
“El conflicto se vive casi a diario”
 
Wilson* comenzó su gusto por la música a los 5 años de edad. A sus de 18 años recuerda que en varios momentos, debido a los crueles combates, ha tenido que salir corriendo para albergarse en sitios más seguros. 
 
“El conflicto se vive casi a diario en todas nuestras comunidades y resguardos indígenas. A veces nos ha tocado salir con la familia de nuestras casas y albergarnos en sitios que la comunidad organiza para que todos nos concentremos en un solo lugar y podamos protegernos”, relata.
 
Las autoridades reconocen que el apoyo del Gobierno ha sido escaso y, en ese sentido, aseguran que han afrontado situaciones difíciles para su bienestar. “Toda la población se siente afectada por el conflicto. Sólo contamos con el apoyo de un sicólogo de la comisaría de familia y otro de una ONG. Pedimos que el Gobierno apoye a la población afectada”, anota el personero.
 
Pero no solo Lorenzo y Wilson rememoran estos trágicos momentos. Practicamente todos los integrantes de Huella de Caloto tienen una historia para contar. Enrique*, por ejemplo, vive en la vereda Resguardo López, ubicada en el municipio de Caloto. A sus 20 años dejó de estudiar para trabajar y sostener a su hija de 2 años. Hace parte de la orquesta, donde toca la batería y la charrasca.
 
Cuando tenia 12 años perdió a su hermano, quien se encontraba en condiciones de discapacidad. Lo mataron a los 17 años de edad en la vereda Atalá. “Lo hicieron pasar como guerrillero. Hace siete años se está estudiando el caso en la Fiscalía y todavía no han determinado lo que verdaderamente pasó”.
 
Otro familiar también perdió la vida en el conflicto debido a razones que aún no tienen claras. Se trata de su primo, quien había terminado de pagar el servicio militar. El joven fue asesinado por desconocidos en la vereda Guasanó, hace dos años.
 
Ante la posibilidad de detener el conflicto en la zona, Enrique asegura que no les queda más que luchar cada día para conseguir la felicidad de todos los niños. “Los que estamos aquí debemos luchar para que los que vienen tengan por lo menos tranquilidad, un plan de vida, tengan una educación, un desarrollo normal en donde no se tenga que estar pensando si puedo ir a estudiar mañana o no”.
 
Tatiana*, una de las más pequeñas integrantes del grupo musical con 11 años de edad, dice que varias veces ha escuchado enfrentamientos en la parte alta de Toribío y ha visto morir muchos compañeros de su comunidad. “Los niños somos inocentes y no tenemos nada que ver con la guerra. Algunos mueren por los enfrentamientos, otros han tenido que salir desplazados”. 
 
La pequeña compuso una canción que fue utilizada en la V Semana por la Memoria. La pieza musical describe cómo se busca un mejor mañana para la libertad y la paz. “La vida sería muy diferente porque podríamos jugar, vivir tranquilos sin guerra”, dice.
 
Otro de los menores es Santiago*, quien hace cuatro años toca los tambores de la orquesta. “Empezamos tocando porque algunos niños cogían otros caminos y nosotros tomamos el de la música... Es muy triste porque matan muchos niños”. Santiago relata que un día perdió una compañera de estudio de 11 años, cuando un cilindro cayó en su casa.
 
“Es evidente que la música ha cambiado las vidas de los niños. Es una de las posibilidades en donde encuentran distracción. Sus sueños a veces se ven opacados por un conflicto en donde ellos no tienen nada que ver”, dice Escobar, el profesor de música.
 
Desde el pasado mes de agosto, cuando ocurrieron los enfrentamientos entre los indígenas nasa y el Ejército, las cosas en Caloto no han cambiado mucho. Según habitantes de la zona, últimamente se han visto personas vestidas de civil y con pasamontañas y fusil, quienes cuestionan a los habitantes sobre a cuál bando pertenecen.
 
El presidente Juan Manuel Santos visitó la zona después de los enfrentamientos y se comprometió a ayudar a los nasa, sin embrago, a la semana siguiente murió Santiago, de cuatro años de edad, cuando una granada fue lanzada a su casa mientras dormía con su mamá.

Según el profesor Escobar, “el proyecto de construir el instituto de artes integradas para la comunidad puede ser una posibilidad para que los niños indígenas puedan soñar y vivir en paz, igual que cualquier otro niño del país”.
 
*Nombres cambiados a petición de la fuente.
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