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| 9/8/2007 12:00:00 AM

La guerrillera holandesa

El diario de Tanja Nimeijer muestra la sórdida realidad de las Farc. SEMANA estuvo en Holanda y reconstruyó la historia de esa guerrillera que tiene conmocionada a Europa.

El ataque del Ejército fue tan sorpresivo, que los miembros de las Farc sólo atinaron a correr para salvar sus vidas. Esa mañana del 18 de junio, en límites de los municipios de Macarena y Uribe, un comando de la fuerza de tarea Omega llegó hasta el campamento de Carlos Antonio Lozada, miembro del Secretariado de las Farc, en un tupido paraje de la cordillera Oriental. Tras una débil resistencia quedaron en medio de un improvisado cambuche tres muertos y apenas el rastro de su comandante, quien huyó gravemente herido.

Aún no se había disipado el humo del combate cuando los militares entraron al lugar y encontraron el portátil del jefe guerrillero que contenía información, estratégica del grupo subversivo. Pero a pesar del valor de la información esa no sería la mayor sorpresa. En medio de las pertenencias que dejaron los guerrilleros en su estampida, estaban varios cuadernos escritos en holandés. Intrigados ante lo que parecía confirmar que había europeos en las filas guerrilleras, los soldados los enviaron a Bogotá, donde ofíciales de inteligencia ordenaron traducirlos. Y cuando leyeron el texto en español, la impresión fue mayor. Los cuadernos contenían el diario de una joven holandesa que había pasado de la simpatía ideológica -común en muchos jóvenes europeos sensibles e incautos- a la militancia armada.

La noticia conmocionó a Colombia, pero mucho más a Holanda. Los diarios de ese país comenzaron a buscar a la familia de esa muchacha que había decidido internarse en las selvas colombianas para perseguir un difuso sueño revolucionario. Todos se preguntaban cómo había llegado a tomar una decisión tan arriesgada como absurda. Camilo Jiménez, corresponsal de SEMANA en Alemania, viajó a Denekamp, su pueblo natal, para reconstruir el proceso que la llevó a esa utopía en la que, hoy por hoy, se encuentra atrapada.

La holandesa se rebela

Tanja Nijmeijer, especialista en lenguas romances de la Universidad de Groningen, era en sus años más jóvenes una chica dulce, esbelta y sensible. Es la mayor de los hijos de la familia Nijmeijer, o más precisamente, los Nijmeijer de la calle Brink. Es una familia protestante, de clase media, que vive en una bella casa muy cerca del centro de pueblo próspero y tan tranquilo que un gato herido en un techo podría ser primera página del periódico local. Éste, a su vez, está muy próximo a la frontera alemana y en medio de una inmensa planicie del noreste de Holanda que en esta época del año parece una verdadera colcha de retazos verdeamarillos. Hoy Tanja, que lo dejó todo para viajar a Colombia y realizar su anhelo de luchar aquí por "la justicia social", es a sus 29 años todo menos una niña ingenua.

Convencidos de ello están los periodistas Jan Blaauw y Remco In't Hof, de Holanda, y el reportero belga Lieven Sioen. Conocieron a Tanja a mediados de 2001, poco tiempo antes de que ésta abandonó definitivamente su país con el propósito -como no se cansó de repetírselo a los tres- de ayudar a toda costa a las víctimas de la violencia, la injusticia y la desigualdad en Colombia. Con la firmeza que la caracterizaba, les habló de la miseria en las zonas rurales de Colombia, de la displicencia de la clase alta ante la situación social, de la corrupción de los órganos del Estado, de la impunidad y del terror que los señores del poder -paramilitares, militares, guerrilleros- han infundido en las almas de los pobres. No argumentaba estructuradamente. Más bien, buscaba desde su sensibilidad siempre imponer su forma de ver el mundo. Quería dejar rodar su vida en el ritmo de sus convicciones. Y a pesar de las negativas de sus padres, se había prometido a sí misma que antes de la Navidad de ese 2001 volvería a Colombia.

De groningen a pereira, 2000-2001

Volvería, pues ya en 2000 había estado en el país. Era entonces estudiante en la facultad de lenguas de la Universidad de Groningen. Y tras obtener un pregrado, había iniciado una especialización en lengua española. Ansiosa, como la mayor parte de sus compañeros, de hacer un semestre de intercambio en el exterior, hizo una solicitud para realizar un año de prácticas en América Latina. Muy pronto recibió la oferta que la llevaría por primera vez a Colombia: viviría en Pereira, en la casa de una familia, y daría clases de inglés en un colegio privado. No tardó mucho en decidirse por esa aventura.

Casi un año después, en julio de 2001, Remco In't Hof, que trabajaba como reportero del diario regional holandés Nieuwsblad van het Noorden, tuvo noticias de ella. In't Hof, a quien tiempo atrás su periódico le había encomendado la misión de internarse en el submundo juvenil de Groningen, se había convertido en un experto de la escena alternativa de la ciudad. Su deambular por los vericuetos del submundo underground de la ciudad le había permitido verlo todo: comunidades de jóvenes holandeses viviendo en casas ocupadas, agitando las banderas del altermundismo, la anarquía, la izquierda radical y el antiimperialismo. Había pasado noches enteras en antros en los que artistas y activistas conjuraban la transformación del mundo con protestas, panfletos y masivas acciones de altruismo. Y había fraguado una considerable red de contactos. Uno de estos se acercó a él a mediados de 2001 y le habló de una activista local que viajaría a Colombia en agosto para participar en las Caravanas Internacionales por la Vida. La chica vivía en una 'casa tomada' (squat) de la calle Eerste Drift. El tema podría interesarle; podrían ayudarle a localizarla; se llamaba Tanja. El periodista no dudó un instante. La llamó, y concretaron una cita en el primer piso del squat de la Eerste Drift.

La que había sido el hogar de Tanja antes de partir por última vez rumbo a Colombia ya no es una 'casa tomada' en cuyo primer piso funcionaba un inmenso negocio en que se fabricaban y se vendían ropa, zapatos y comida, todos libres de componentes animales, sino el taller de trabajo y la casa de un artista plástico llamado Pablo. Él le contó a SEMANA, con su voz carrasposa y su tufo a cerveza bávara, que ese squat fue desalojado por la Policía en 2006. Desde entonces, come, duerme y elabora allí inmensos bisontes y ratas de alambre para vivir. En la sala del segundo piso tuvo lugar el 13 de julio de 2001 la entrevista de Tanja con el periodista Remco In't Hof.

Se encontraron en el primer piso de la casa frente a Salmonella, el expendio de comida no animal del squat. Tanja le contó al periodista que trabajaba en un puesto de distribución gratuita de comidas en el centro de Groningen y que ésta era una acción de protesta. Afirmó su convencimiento de que en Colombia, donde había estado un año y había visto la situación de los desfavorecidos, había muchas cosas que hacer. ¿Y por qué debía hacer esto un europeo? Porque aunque no se crea, decía Tanja, un pasaporte europeo y el poder de los medios y las organizaciones en Europa son excelentes instrumentos de presión. Insistió en que la caravana en la que había participado en Colombia era una acción con fines humanitarios y que detrás de su realización no se escondían pretensiones políticas. Y confesó que iba a preparar un informe sobre sus experiencias y presentarlo en una conferencia por la paz que se celebraría en septiembre en algún lugar de Europa.

San Pablo, sur de Bolívar, agosto, 2001

No fue muy distinto lo que Tanja, ya en agosto del mismo año, le diría a Lieven Sioen, reportero del diario belga Standaart y enviado especial a Colombia como observador de la Caravana por la Vida. Al principio de agosto, Sioen arribó al aeropuerto El Dorado, donde representantes de ONG colombianas lo recogieron para llevarlo a un albergue juvenil en el centro de Bogotá. Dice el belga de 38 años que cuando llegó fue inmediatamente presentado a los coordinadores colombianos de la caravana, a más de 50 representantes de ONG provenientes de Italia, España, Bélgica y Suecia, y a unos pocos jóvenes europeos que habían decidido unirse por cuenta propia. De todos ellos, sólo una chica hablaba neerlandés. Así conoció a Tanja Nijmeijer.

Permanecieron tres días en el albergue, según Sioen, preparando el viaje: hubo que hacer un gran mercado, acordar estrategias de reacción ante cualquier eventualidad que se produjera, e incluso, cuenta él, tuvieron que escuchar a un profesor universitario que les explicaba la actualidad colombiana con un discurso salpicado de observaciones doctrinarias de izquierda.

Sioen afirma que la holandesa le pareció muy joven, y rápidamente notó su buen manejo del español. La oyó hablar del impacto que había producido en ella su experiencia en Pereira. Escuchándola, dice él, Tanja no daba la impresión de ser la clásica chica inocente que no sabía de qué hablaba ni qué quería. Se refería al shock que le había causado ver la forma como la familia con que había vivido en Pereira se refería a los pobres. ¿Y qué pensaba esta europea idealista de las acusaciones hechas durante años a la guerrilla? Sioen recuerda que, sin esfuerzos, Tanja admitía ser consciente del repudio de la sociedad colombiana hacia los actos de violencia de las Farc. A primera vista, para ella el terrorismo, las violaciones de los derechos humanos y el tráfico de drogas en el que están involucradas las Farc eran hechos indiscutibles.

El bus que llevó a todos los participantes de la caravana hasta Barrancabermeja salió de Bogotá la madrugada del 4 de agosto. Una vez en el sofocante calor del Magdalena Medio, los integrantes de la caravana se refugiaron en un hotel y en las instalaciones del sindicato de Ecopetrol. Campesinos, habitantes de la ciudad, miembros de organizaciones cívicas y políticos locales desfilaron por el salón de conferencias en el que durante dos días la caravana estableció una especie de audiencia pública. Tanja, cuenta Sioen, llevó un registro exhaustivo de los testimonios que dejaban todos los conferencistas, la mayoría provenientes del sur de Bolívar. Múltiples denuncias de masacres civiles, destrucción de viviendas, desalojos y del predominio de la impunidad debieron de quedar consignadas en su cuaderno de notas.

Pero el momento que recuerda con mayor claridad el periodista de Standaard ocurrió el día en que la angustia se hizo dueña de la caravana. Se acuerda de una embarcación con cupo para 100 personas que los aguardaba en el puerto de Barrancabermeja y del espíritu activo y comprometido de Tanja durante los primeros días de viaje por el Magdalena. El navío ya había pasado por numerosas comunidades, y se había repartido ropa, alimentos, material escolar y herramientas entre la población. El 6 de agosto, sin embargo, a su llegada al casco urbano de San Pablo, en el sur de Bolívar, la caravana se paralizó.

Fue recibida por una inesperada masa de gente que se oponía a la continuación del viaje. La muchedumbre impidió el desembarque de los pasajeros y la embarcación fue acorralada por lanchas. Cuenta Sioen que debieron pasar la noche en el barco. El temor dominó profundamente a la tripulación. También a Tanja. La angustia produjo fuertes discusiones a bordo del barco. Empezaron a aparecer fotógrafos que dirigían las cámaras hacia los pasajeros, y éstos a taparse los rostros, no fueran esas fotos a condenarlos a muerte. Los testimonios de Tanja y del belga concuerdan en la indignación por los chantajes, las manifestaciones -según ellos, ficticias- y el bloqueo de la caravana. Sioen debió abandonar el grupo inmediatamente a bordo de una lancha en la que viajó con Eduardo Cifuentes, entonces Defensor del Pueblo. Y dejó en la embarcación a quien él olvidaría por años después de saber por los medios que se había vuelto guerrillera, a Tanja, atemorizada, indignada y con el corazón en llamas.

Groningen, finales de agosto, 2001

Después de su intensa experiencia en la caravana, Tanja volvió a Holanda sólo por tres motivos: para decirle a su familia que se había prometido regresar a Colombia; para finalizar sus compromisos en la universidad y sellar el fin de su vida en la ciudad; y para realizar con un reportero del UK de Groningen una entrevista que ya antes de su viaje al Magdalena Medio había sido concretada.

Jan Blauuw, quien se mantuvo en contacto con Tanja durante la participación de ésta en las caravanas, recuerda el día en que ella lo visitó en su despacho del UK para contarle su historia. La describe como una chica lista, educada y sencilla. Incluso conjetura que detrás de su decisión de volver a Colombia antes de la Navidad de 2001 no se escondían intereses distintos al de reaccionar a todo lo impactante que había tenido que presenciar en Colombia.

Caminando por las callejuelas aledañas a la redacción del UK, Blaauw comenta emocionado los avances diarios que hace la prensa holandesa en el caso de Tanja. Las reacciones de sorpresa del gobierno, que no tenía la menor idea de su suerte en la selva colombiana. La negativa de los habitantes de su ciudad natal a hablar ante los medios. La desaparición de la familia Nijmeijer la misma noche en que se publicaron los diarios de alias 'Eillen' y su repentino comunicado en el que exigen silencio. Los interrogantes surgidos en relación con la presencia de las Farc en Europa. Las frecuentes menciones del PC3 en las páginas de reconocidos diarios holandeses. Las ridículas especulaciones de algunos sobre un supuesto proyecto de las Farc para reclutar europeos. Y, por supuesto, las confesiones de la familia Nijmeijer: el enfado de los padres con las decisiones de Tanja, el intercambio de e-mails, las llamadas de auxilio a la Embajada de Holanda en Colombia y a la Cruz Roja, las negociaciones para llevar a cabo un encuentro entre madre e hija en territorio venezolano, la visita de la madre de Tanja a la selva colombiana, las fotos.

Sin embargo, lo que más sorprende a Jan Blaauw es que los medios de su país sigan insistiendo en responder al interrogante de si la guerrillera holandesa era o no una niña ingenua. Blaauw insiste en que no. Pero la pregunta es más compleja. Más importante es, sin duda, saber interpretar las acciones de Tanja. ¿Por qué terminó envuelta en la lucha armada de las Farc? ¿Fue su propio compromiso el que la llevó a hacer aquello que no hacen los cientos de activistas que anualmente visitan Colombia y que viven las mismas experiencias? ¿O tuvieron en este caso efecto las estrategias propagandísticas de la guerrilla en Europa?

Hoy, cuando se conocen los diarios de la guerrillera holandesa (ver recuadros) parece claro que esa motivación altruista ha quedado atrás. Su texto, en ocasiones desgarrador y en otras indignante, muestra a una guerrilla desmoralizada y convertida en un grupo delincuencial en el que la promiscuidad sexual y los privilegios de la cúpula de la comandancia reniegan de las virtudes de su supuesto mensaje. La importancia del diario radica en que se trata de la voz de una europea que llegó movida por una concepción abstracta del drama colombiano y que descubrió que en la realidad las Farc no son el grupo de libertadores que venden en Europa.

La joven Tanja es el ejemplo más vívido de la parábola de un ideario revolucionario que ha sido resquebrajado por la crueldad y el terror. En su diario se puede leer cómo del movimiento insurgente en busca de justicia social que esperaba encontrar en Colombia, llega a una guerrilla llena de injusticias, explotaciones y arbitrariedades. Su ilusión de niña aventurera en busca de ayudar al prójimo se desvaneció rápidamente al ver que los privilegios de los comandantes, las condiciones paupérrimas de la tropa, los vejámenes en los castigos, la falta de ideas y formación, las difíciles condiciones de vida, y sobre todo, la incoherencia ideológica de una guerrilla que se alza en armas para salvar el pueblo y es el primero que lo oprime en sus filas.

El diario de Tanja es, en el fondo, el diario de una decepción.
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