Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1990/01/08 00:00

LA HERENCIA DEL GENERAL

¿Qué tanto hay de cierto en el "milagro chileno" ahora que la dictadura se acerca a su fin?

LA HERENCIA DEL GENERAL

En vísperas de las elecciones presidenciales en el pais austral, SEMANA presenta los principales apartes de un articulo del economista chileno Oscar Landerretche, Ph. D. de la Universidad de Harvard, investigador y profesor de la Universidad de los Andes, quien cuestiona la validez del tan mencionado "milagro económico" del gobierno de Augusto Pinochet.

El próximo jueves 14 de diciembre, el pueblo chileno tendrá la oportunidad de elegir presidente de la República (por primera vez desde septiembre de 1970) y parlamentarios, es decir, senadores y diputados--representantes a la Cámara--(por primera vez desde marzo de 1973).

Lo más probable es que la derecha dividida en varios partidos y en dos candidaturas presidenciales, una de ellas oficialista, la del economista Hernán Buchi, y la otra independiente, la del empresario Francisco Javier Errázuriz, obtenga alrededor de un 40% del total de los votos emitidos.
Sin duda, el periodo dictatorial, tan largo y restrictivo, le ha permitido, a este sector, una recuperación de la crisis que experimentó hacia fines de los 60, pero ha sido también un período en el cual se han generado divisiones profundas que reflejan de alguna manera los conflictos sociales entre los sectores beneficiados por el modelo y aquellos que, habiendo combatido al gobierno de la Unidad Popular, fueron posteriormente afectados en forma negativa por la política económica de la dictadura y por la falta de espacio político que esta les concedió (principalmente ciertos sectores de empresarios industriales y, sobre todo, los pequeños y medianos empresarios industriales y agrícolas).

Por su parte, la amplia coalición que respalda al democratacristiano Patricio Aylwin obtendrá, probablemente, alrededor de un 60% de los votos, sin que sea posible "contar" a la izquierda y al centro y, mucho menos, a los principales partidos políticos, debido a los pactos electorales.

El nuevo gobierno tendrá que enfrentar complejos desafíos políticos no sólo en un marco de restricciones institucionales, sino también en el marco de las tensiones que surgirán a partir de las demandas sociales provenientes de la deuda económica y social heredada.

La deuda económica es parte de la deuda social porque al país se le debe no sólo en términos de redistribución y justicia social sino, también, en términos de crecimiento.

No son pocos los que sostienen, sobre todo fuera de Chile, que a pesar de los aspectos políticos y sociales negativos que entraña una dictadura como la chilena, el país no habria logrado un enorme avance económico. Y algunos llegan a hablar, incluso, de un "milagro económico" chileno. La propia dictadura chilena ha utilizado este como uno de los ingredientes centrales de su propaganda electoral, aseverando que Chile se encuentra en el umbral de su despegue económico y que se convertirá en un país desarrollado y claramente diferenciable del resto de la América Latina en la próxima década.

Por eso resulta interesante comparar los logros económicos, tan publicitados por la dictadura chilena, con el desempeño de una economía como la colombiana, la cual es parte de una sociedad donde existe una régimen democrático de larga data cualesquiera sean las imperfecciones que puedan encontrársele a este, imperfecciones que implicarían, por supuesto, que se trata de un régimen perfectible.

Aún más, esta comparación se convierte en algo fundamental si se tiene en cuenta que en Colombia se ha puesto de moda hablar de la necesidad de implementar una "apertura económica" que permita impulsar una "reestructuración industrial", muchos de cuyos defensores hacen referencia al "milagro chileno" para justificarla.
La producción por habitante de ambos países se fue incrementando de manera más o menos paralela entre los años 1964 y 1972, iniciándose una fuerte caida en el caso de Chile en 1973, es decir, precisamente en medio de la más aguda crisis económica, social y política de la historia chilena reciente, en el marco de la cual se dió el golpe militar.

A partir de 1973 el contraste entre el desempeño global de ambas economías es supremamente claro. Mientras la producción por habitante (el PIB per cápital) de Colombia continuó creciendo por encima del 2% anual que hemos utilizado como "sendero de referencia" en el gráfico, la producción por habitante de Chile (el PGB per cápital) entró en un período de abruptas fluctuaciones, creciendo muy por debajo del 2% anual, hasta el punto de que, recién en 1988, alcanzó niveles comparables a los existentes antes de la dictadura, es decir, en 1972.

En otras palabras, mientras que entre 1970 y 1988 la producción por habitante creció en un 50% en Colombia, en Chile permaneció prácticamente estancada, perdiéndose casi dos décadas desde el punto de vista del crecimiento de esta economía.

Durante la dictadura, las crisis externas, que han golpeado a la "abierta" economía chilena, tanto a mediados de los 70 como a comienzos de los 80, han dado origen a graves depresiones cuyo costo social ha sido pagado por los sectores más débiles, es decir, por los más pobres y desamparados. El carácter marcadamente fluctuante de la economía chilena contrasta con el crecimiento persistente y con las fluctuaciones bastante atenuadas que experimenta la economia colombiana en los últimos 25 años.

Por otro lado la inflación chilena fue de un 20.7% anual en promedio en el período 1980-1988, para no incluir el período 1973-1979 en el cual se observaron tasas más altas, pero sobre el cual existe controversia debido a que el actual gobierno sostiene que buena parte de la inflación de ese periodo fue heredada de la situación de inflacionaria que se vivió a partir de 1972, es decir, del segundo año del gobierno de Allende.

Esta tasa promedio de inflación no es significativamente diferente del 23.1% observado en el caso colombiano en el mismo período y tampoco es demasiado inferior a la tasa promedio de inflación observada en el mismo caso chileno en el período democrático. En efecto, la tasa de inflación promedio de los años 60's alcanza a un 25.1% y, si se incluyen los años 1970 y 1971 todavía es de 25 .3% .

En cuanto al desempleo, mientras la desocupación urbana "abierta" (medida por las encuestas) fue de un 6.5% entre 1961 y 1979 y de un 3.9% en el período 1971-1973, durante la dictadura ( 1974-1988) alcanzó un promedio de un 12.0%, con tasas máximas de un 20.0% en 1982.

Este es uno de los indicadores más importantes del costo social del modelo de desarrollo implementado en Chile y se trata de un indicador que se torna aún más dramático cuando a desempleo "abierto" se le suma el de desempleo "disfrazado" por los programas de empleo mínimo gubernamental, los cuales han retirado desempleados de las estadísticas a cambio de darles un subsidio de desempleo de magnitud infima. En este caso, las tasas máximas de desempleo superan el 30% en 1982. En cambio Colombia experimentó unas tasas de desempleo promedio de 10.7% en el período 1974-1988.

Y mientras en Colombia los salarios reales (en poder adquisitivo) de la industria manufacturera correspondientes a los obreros se incrementaron en un 23.3% entre 1970 y 1988 en Chile no hubo incremento alguno (fueron prácticamente iguales) en esos dos años extremos, siendo inferiores al nivel de 1970 en el período 1974-1979 y en el periodo 1982-1987. Sólo en los años 1980-19823 se superó el nivel de 1970, alcanzándose el máximo en 1982, año en el cual los salarios reales (poder adquisitivo) de la industria manufacturera chilena superaron en un 15% el nivel de 1970.

Pero si de "apertura" económica se trata, lo que más se ha publicitado es el gran éxito exportador de la economía chilena bajo la dictadura.
Ahora bien, este es un argumento que debería resultar sorprendente, desde el comienzo, toda vez que Chile ha tenido que incurrir en un nivel de endeudamiento externo muy grande, que casi triplica al de Colombia, en términos per cápita, a fines de 1988 (1.500 dólares por habitante contra poco menos de 500 dólares por habitante). Y esto a pesar de que Chile ha logrado reducir su deuda externa significativamente en los últimos años utilizando mecanismos de conversión de la deuda en bonos que, a su vez, son convertibles en capital, es decir, en propiedad accionaria de empresas chilenas.

Es cierto que el cobre ha dejado de tener la importancia abrumadora que tenía en las exportaciones en el pasado y que estas se han diversificado relativamente. Pero lo mismo ha ocurrido con el café en el caso colombiano, y ambos productos representaban más o menos el mismo porcentaje de las exportaciones totales de cada país en los últimos años, aunque en 1988 el cobre recuperó importancia, constituyéndose en un 50% de las exportaciones chilenas mientras en Colombia el café no alcanzaba a contribuir con un 30% del total.

En la práctica, la mayor parte de la diversificación de las exportaciones, en ambos países, corresponde al desarrollo de nuevas exportaciones primarias o semiprimarias: así como en Colombia se han desarrollado las exportaciones de petróleo, carbón, banano y flores, en Chile lo han hecho las exportaciones forestales semielaboradas (madera aserrada y celulosa), las exportaciones pesqueras, también semielaboradas (pescado fresco congelado y harina de pescado) y las exportaciones frutícolas.

Es cierto que en torno a estas actividades se ha desarrollado un nuevo sector empresarial más dinámico y más orientado hacia el mercado internacional, pero la competitividad proviene fundamentalmente de los bajos salarios y de la dotación de recursos naturales (cuya renovación y protección se torna crucial para sostener, a largo plazo, el dinamismo logrado).
Y debe recordarse que no han sido los recursos naturales la fuente fundamental de la competitividad de los "tigres asiáticos", que son frecuentemente mencionados en conjunto con el pretendido "milagro chileno", sino, más bien, su organización industrial, la incorporación de tecnologias de punta y el respaldo de los respectivos Estados.

Ahora bien, de acuerdo con cifras del Fondo Monetario Internacional, mientras Colombia pasó de exportar 677 millones de dólares anuales en el trienio 1969-1971 a exportar unos 4.900 millones anuales en el trienio 1986-1988, Chile pasó de exportar 1.107 millones de dólares anuales en el trienio 1969-1971 a exportar unos 5.450 millones anuales en el trienio 1986-1988. Es decir que, mientras las exportaciones colombianas se han multiplicado por 7.2 veces (4.5 veces en dólares de poder adquisitivo constante), las exportaciones chilenas han aumentado 4.9 veces (han aumentado 3.1 veces en dólares de poder adquisitivo constante).

Aún más, mientras la producción de la industria manufacturera colombiana (sin trilla de café) se incrementó en un 114% (más que se duplicó) entre 1970 y 1988, en Chile la producción manufacturera sólo creció en un 38% en igual período, mientras la población aumentó en un 36%, de forma que lo que se observa es un incremento insignificante por habitante.

Es necesario considerar, además, que el país ha tenido bastante holgura externa, desde el punto de vista de su capacidad para importar, debido a los buenos precios internacionales del cobre (las exportaciones del metal subieron de 2.100 millones de dólares en 1987 a 3.475 millones en 1988) y debido a ciertos éxitos parciales en cuanto a convertir deuda en inversión extranjera directa. Sin embargo, esta holgura se ha utilizado electoralmente recurriendo a una política de revaluación de la moneda nacional, la cuaL permite abaratar las importacioneS creando, en el corto plazo, una situación de bienestar aparente (sobrE todo para ciertos sectores más acomodados), pero con efectos negativos sobre las exportaciones en el largo plazo. Por lo demás, el efecto antiinflacionario de esta política indica
que, con una política cambiaria más sana, la inflación sería mayor que 20% anual.

Respecto al desempleo, se observan grandes discrepancias entre las cifras oficiales que muestran una gran baja, con tasas del orden del 6% en el desempleo urbano, y las cifras de estudios realizados por centros de investigación ligados a la oposición, que muestran un desempleo urbano que más que duplica las cifras oficiales.
Y es que la característica más sobresaliente de la recuperación económica experimentada por Chile en los últimos cuatro años es su carácter excluyente, es decir, el hecho de que a pesar de haberse logrado recuperar y superar levemente los niveles de producción por habitante del pasado, no se ha logrado alcanzar los niveles de bajo desempleo del período democrático.

De manera que la tarea económica social y política a la que se enfrenta el próximo gobierno chileno es de una complejidad enorme y no tiene nada de envidiable.-

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