Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2008/11/15 00:00

La historia se repite

Las pirámides ya hicieron quebrar un país, Albania, y han dejado estragos en Rusia, Estados Unidos e Inglaterra. Desde hace muchos años, el FMI aconseja a los gobiernos cerrar estas empresas apenas aparecen y no indemnizar a los depositantes.

Mucha gente en Albania vendió sus casas y el ganado para meter la plata en las pirámides que estaban en auge. Al final hubo pérdidas millonarias y el caos se apoderó del país

Las pirámides que hoy convulsionan a Colombia, en el pasado han causado estragos en todo el mundo. Países grandes y pequeños se han visto afectados por la fiebre de esta multiplicación rápida del dinero que, más temprano que tarde, termina reventándose y dejando una estela de personas arruinadas.

Los primeros vestigios que se tienen de la aparición de las pirámides datan de 1920. El creador de este esquema de timo fue Carlo Ponzi, un estafador italiano que se trasladó a Boston, Estados Unidos, donde desarrolló la fórmula mágica de ganar dinero. Compraba en Europa unos cupones postales que se podían redimir con sellos de correo en Estados Unidos y la ganancia estaba en la diferencia del tipo de cambio. La rentabilidad que ofrecía era del 50 por ciento en 45 días. Pero, en realidad, Ponzi nunca compró cupones ni sellos. Lo que hizo fue pagar a la primera ronda de inversionistas con el dinero de la segunda ronda. Nada más y nada menos que la famosa pirámide financiera. El fraude terminó por arruinar a más de 10.000 clientes de la alta sociedad de Nueva Inglaterra, en Estados Unidos.

Pero la historia se repitió. El caso más conocido y que ha sido puesto de ejemplo por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y las autoridades de valores de Estados Unidos es el de Albania, ocurrido hace más de una década.

En ese pequeño país del sureste europeo, las pirámides causaron desastres de una enorme magnitud con consecuencias políticas y sociales. En su pico, el valor de las captaciones de las pirámides albanesas ascendía a casi la mitad del PIB del país. Muchos albaneses -aproximadamente dos tercios de la población (estimada en tres millones y medio de personas)- invirtieron su dinero en ellas. Vendieron sus casas y hasta su ganado para llevarles la plata. Cuando el sistema se derrumbó, hubo disturbios incontenibles, el gobierno cayó y el país se hundió en la anarquía y estuvo muy cerca de una guerra civil que dejó 2.000 muertos. Durante mucho tiempo el gobierno albano fue un espectador pasivo, a pesar del enorme problema. En 1997, tardíamente tomó medidas, y los propietarios que no habían huido con el dinero de los ahorradores fueron encarcelados.

Hace pocos años, el esquema de pirámides movió millones de libras esterlinas en Gran Bretaña. El Departamento de Comercio e Industria de Inglaterra advirtió que estos planes son una estafa. Un informe publicado por la BBC señaló que sólo un pequeño número de personas hace dinero con las pirámides. El 88 por ciento de aquellos que ponen dinero en ellas no recibe nada a cambio. En Gran Bretaña, en la investigación que se hizo sobre las pirámides, se encontró que los organizadores de éstas piden a las personas no hablar con los medios de comunicación sobre el plan, porque "todos los comentarios negativos de la prensa son puros celos del éxito del negocio".

En Rusia hay otro claro ejemplo, conocido como MMM. Esta fue una empresa establecida en 1989 que montó un negocio de pirámides de dinero, esquema de Ponzi, prometiendo utilidades extraordinarias a partir de un aporte inicial en dinero de sus participantes. MMM emitió acciones de los inversionistas de valores y de repente se derrumbó en 1994.

El fenómeno de las pirámides ha sido suficientemente diagnosticado en el mundo. El FMI, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos para la protección de los consumidores y la SEC (Comisión de Valores y Bancos) estadounidense ha advertido a los países sobre la gravedad de dejar prosperarlas.

Si las autoridades colombianas hubieran aprovechado esta experiencia y tuvieran un poco más de liderazgo, sobre todo en el caso del Ministerio de Hacienda, la Superintendencia Financiera y la Fiscalía, tal vez se habrían evitado el dolor de cabeza que hoy tienen. Definitivamente quien no conoce la historia está llamado a repetirla.
 

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