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| 9/16/2006 12:00:00 AM

La hora es ahora

Crecen los rumores de que el presidente Uribe ordenará el despeje de Pradera y Florida en Valle del Cauca para hacer el acuerdo humanitario. ¿Llegó el momento?

El paludismo es una enfermedad que enfría los huesos, calienta la sangre, reseca la boca, chupa la carne, obstruye los sentidos y quiebra el alma. El cálculo más modesto indica que una persona en la selva puede adquirir el virus una o dos veces al año. Es decir que un ser humano que lleve ocho años secuestrado puede haber sentido estos síntomas unas 16 veces. Y lo peor, sin que nadie le dé la única noticia que lo alentaría, la de que su tortura va a terminar.

El cinismo con que las Farc han sometido a los secuestrados para pretender someter al Estado, tiene ya todas las condenas posibles. A nadie le queda duda de que son los guerrilleros quienes originan esta tragedia. ¿Pero puede el presidente Uribe gobernar cuatro años más sin obtener la libertad de los secuestrados? ¿Es posible avanzar en su propósito de la paz sin hacer el acuerdo humanitario?

Después de acumular poder y quedarse en la Presidencia por cuatro años más, mantenerse en el 70 por ciento de popularidad, tener un Congreso que lo apoya, unas Fuerzas Militares que lo respaldan y que se dicen fortalecidas con sus triunfos, haber traído mas de 8.000 guerrilleros a la vida civil por desmovilización individual, ese escenario no puede ser mejor. El Presidente sabe que le llegó la hora de darse ese lapo.
Las Farc en su terquedad repiten el mismo sonsonete del despeje de Pradera y Florida, dos municipios del Valle, sin darle opción a ninguna otra propuesta, ni siquiera la de Francia, España y Suiza que está sobre la mesa desde diciembre pasado y que consiste en despejar sólo una parte del territorio pedido por las Farc. Y el gobierno ha dicho públicamente que los guerrilleros tienen la palabra, porque el presidente sí “ha cedido mucho”.

Es entendible que aún esté temeroso por las reacciones que en un primer momento tendría una decisión como ésta, a la que él siempre se negó. Pero sabe que el tiempo es corto y que su propósito de pacificar el país es un objetivo de largo aliento que pasa por hacer el acuerdo humanitario a mediano plazo. Sin éste no hay diálogos de paz y sin diálogos de paz, la paz no llegará. Él lo sabe, los militares lo saben y los guerrilleros también.

Y aunque aún son más los pesimistas que lo rodean y que consideran que dar este paso es una muestra de debilidad con los secuestradores, él en su conciencia poco a poco va cediendo. Uribe ya lo dijo, su dilema es armonizar la paz y la seguridad democrática. Pero hoy las encuestas dicen que los colombianos quieren el acuerdo humanitario, el Congreso lo respalda, la oposición lo exige y además, como lo dijo el analista político Alfredo Rangel a SEMANA, “la Nación apoya lo que haga Uribe”. Así que, ¿qué falta?

Falta mucho. Lo primero es que se convenza el Presidente de que sólo un despeje total de los municipios de Pradera y Florida abre el camino. Segundo, de que ese despeje tenga unas condiciones de seguridad que no permitan que las Farc argumenten falta de garantías, y tercero, que una vez sentados consigan llegar al acuerdo que es en esencia traer a la libertad a los secuestrados y darles salida a unos guerrilleros de las cárceles.

En esto anda con ayuda de algunos facilitadores. El más activo es Álvaro Leyva y un asesor suyo, Lázaro Vivero, que le ayuda a mantener el puente de comunicación con las Farc. El jueves 7 de septiembre por la tarde, Álvaro Leyva sostuvo una reunión con el Presidente. La tercera hasta el momento. Al terminar, Uribe convocó a una reunión en el Ministerio de Defensa, en donde los comandantes del Ejército, Mario Montoya, y de las Fuerzas Militares, general Freddy Padilla de León, los ministros del Interior, Carlos Holguín y de Defensa, Juan Manuel Santos, y el alto comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, discutieron el tema. Leyva también asistió. De allí salió cocinada la estrategia a seguir pero horas más tarde, la decisión cambió de rumbo. Sin embargo no se descarta que podría ponerse en marcha en los próximos días.

Entre los asuntos que se estudian está el tipo de despeje que se haría. El plazo, el mecanismo de retiro de las tropas, los escenarios hipotéticos de las prórrogas, las garantías de seguridad. En fin, se habla de cómo hacerlo para que sea efectivo y cumpla con el objetivo sin que se repita la novela negra en la mente de los colombianos que aún recuerdan del Caguán.

Estos municipios del Valle han sido por años corredores utilizados por las Farc y no se han caracterizado por tener mucha presencia de Fuerza Pública. Hoy corren rumores de que a esos territorios están llegando hombres aún no desmovilizados de los paramilitares. Aun así, no pareciera que la estrategia militar del gobierno de derrotar a las Farc se viera afectada por el despeje de este territorio (ver mapa), una excusa menos para tener en cuenta.

Así parezca que no hay avances ni pocas nuevas esperanzas, lo cierto es que hay una presión política que cada vez reduce más el margen de indiferencia. Este siempre será un tema por resolver para el gobierno, que pasa por arreglar las relaciones diplomáticas con Francia deterioradas por el caso de Ingrid Betacourt, acabarles a las Farc este cruel chantaje y, sobre todo, por lograr que a los secuestrados este año no los abracen sus familias y si no otra vez el paludismo.
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