Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2010/05/31 00:00

La hora de las alianzas

El esperado juego de adhesiones para la segunda vuelta quedó sin piso después de la amplia victoria de Santos. ¿Qué va a pasar con los votos de Vargas Lleras, Petro, Sanín y Pardo?

Germán Vargas Lleras hizo una declaración que fue interpretada como una decisión de dejar en libertad a sus electores, aunque agregó que su bancada se reunirá para tomar una determinación formal. Gustavo Petro resaltó el resultado de su partido y dijo que habría sido mayor si no hubiera sufrido el daño que le hicieron las encuestas.

El sistema de elección presidencial a dos vueltas es, por esencia, un juego de alianzas y de coaliciones para asegurar que quien finalmente resulte ganador tenga un respaldo sólido y para que las diversas fuerzas políticas se agrupen en lo que al final suelen ser dos grandes bloques de gobierno y oposición.

Durante las semanas previas a la jornada electoral del domingo pasado se especuló mucho sobre los endosos que harían los candidatos derrotados entre los dos finalistas, Juan Manuel Santos y Antanas Mockus. Pero todas las versiones se basaban en el frágil supuesto de que habría un empate técnico o un triunfo ajustado de Santos sobre Mockus o, incluso, del ex alcalde de Bogotá sobre el ex ministro de Defensa. Con un resultado tan contundente -25 puntos de diferencia, más de 3,5 millones de votos-, la dinámica de la segunda vuelta cambia y se cierran espacios para las negociaciones entre partidos. En el Partido Liberal, por ejemplo, se daba por cantado el apoyo de toda la bancada a Mockus. Sin embargo, esa opción quedó descartada después de la votación del domingo.

La principal razón es que votar por quien va adelante es un elemento muy típico de la cultura electoral colombiana. Por eso son tan frecuentes las críticas a las encuestas que, de alguna manera, tratan de anticipar lo que dicen las urnas y, en consecuencia, no solo registran la realidad sino también la modifican. Y la primera vuelta presidencial es 'la verdadera encuesta', pues ya no se trata de una medición basada en una muestra limitada y representativa sino de la voz explícita y concreta de 15 millones de colombianos. El amplio triunfo de Santos le abre la oportunidad de conservar la inercia que lo llevó a la victoria del domingo y aguantarla hasta la batalla definitiva, dentro de tres semanas.

Sin embargo, en el campo mockusista hay otra visión. Le apuntan a que el margen alcanzado por Santos se puede descontar si una mayoría amplia de quienes votaron por los candidatos derrotados -Germán Vargas, Gustavo Petro, Noemí Sanín y Rafael Pardo- se inclina ahora por los verdes. Estos consideran que el 25 por ciento que suman los votos de esos cuatro candidatos es más partidario del cambio que ofrecen los verdes que de la continuidad que representa la U, y preferirían que los ciudadanos llegaran a su causa sin necesidad de acuerdos formales.

¿Para dónde se irán los más de cuatro millones de electores que este domingo no estuvieron ni con Santos ni con Mockus? A simple vista, las alianzas más lógicas serían las de los partidos que formaron parte de la coalición de gobierno de Álvaro Uribe -el Conservador y Cambio Radical- con Juan Manuel Santos y los que estuvieron en la oposición -el Polo Democrático y el liberalismo- con Mockus.

Pero la realidad es más compleja. Ninguno de estos cuatro partidos tiene consenso frente al dilema Santos-Mockus. En el Polo, que es antisantista, hay un grupo partidario del voto en blanco porque se siente muy lejos de las posiciones de Mockus en defensa del acuerdo de las bases militares con Estados Unidos y en contra del acuerdo humanitario con las Farc. En el Partido Conservador la disputa entre Noemí Sanín y Andrés Felipe Arias polarizó las fuerzas y hará muy difícil la construcción de un endoso de consenso. En el Partido Liberal, Rafael Pardo dejó en libertad a sus dirigentes, pero hay quienes creen que llegó el momento de volver a unir la antigua base roja alrededor de Santos. Así lo sostiene, en especial, la bancada parlamentaria, y sobre todo después de la alta votación que logró Santos el domingo. Y en Cambio Radical los roces que se crearon entre Germán Vargas y Álvaro Uribe por la oposición del primero a la segunda reelección del segundo, dejaron heridas profundas. El discurso de Vargas Lleras el domingo en la noche fue interpretado como una señal de que dejará en libertad a sus electores.

Tampoco es claro que los jefes y los candidatos de los partidos tengan una verdadera capacidad de endoso y que los electores obedezcan las directrices de las cúpulas. No son como los británicos, que después de elecciones intentaron varias alianzas hasta encontrar un esquema de gobierno que tiene como eje a dos partidos -Conservador y Liberal- con muy pocas coincidencias ideológicas, pero que formaron una coalición que compromete a bases, parlamentarios y jefes. En Colombia, candidatos como Noemí Sanín y Rafael Pardo pueden tener simpatías por Mockus, en las que no están acompañados por las mayorías de sus bancadas. En general, los congresistas de los dos partidos tradicionales perciben que un acercamiento a Santos es más seguro para garantizar acceso a cuotas burocráticas. Y, finalmente, los electores tienden a ir por su lado, y algunos indicios -previos a la barrida de la U del domingo- apuntaban a que la mayoría de quienes no estaban con Santos ni con Mockus en la segunda vuelta preferían al segundo.

Lo cierto es que el impacto de las maquinarias partidistas va disminuyendo en la medida en que avanza el calendario electoral. Tuvo su punto más alto en los comicios del 14 de marzo y se sentirá mucho menos en la segunda vuelta presidencial. Las energías y los presupuestos de los caciques se van mermando, y el voto entre solo dos candidatos a la Presidencia resulta más fácil y motivante, y por consiguiente, más libre. En las dos oportunidades en que ha habido dos vueltas -1994 y 1998- en la segunda el número total de votos se incrementó en más de un millón y medio con respecto a la primera.

Lo más probable es que el proceso de las próximas tres semanas esté más motivado por la opinión que por las maquinarias. Es decir, que más que las alianzas y los acuerdos entre cúpulas partidistas, unos cinco millones de personas -los tres que se distribuyeron entre Sanín, Petro, Vargas y Pardo- y dos adicionales que se podrían sumar en la segunda vuelta, decidirán su voto con base en lo que hagan, digan y ofrezcan las campañas de Santos y de Mockus.

Un punto clave será el papel del presidente Uribe, quien mantiene altos niveles de popularidad. ¿Hará un guiño explícito a favor de la U? En los días previos a la primera vuelta el primer mandatario hizo varias declaraciones que se interpretaron como apoyos a la candidatura de Juan Manuel Santos y que, al parecer, funcionaron a su favor. Uribe defendió la posición del candidato de la U en contra de la creación de nuevos impuestos en momentos en que ese punto marcó la principal diferencia entre Santos y Mockus. También hizo varias referencias a su preo-cupación por los peligros que significan la intromisión de Hugo Chávez y la falta de compromiso de algunos candidatos con la seguridad democrática. Todos estos discursos tuvieron un evidente tono santista. Falta ver si en las decisivas tres semanas que faltan para la meta final la participación de Uribe -prohibida en principio- se incrementa y si es una ayuda determinante para Santos.

De igual manera, en las últimas semanas se han intensificado procesos judiciales o denuncias periodísticas que involucran a altos funcionarios del gobierno Uribe y que alimentan las demandas de cambio en la forma como se ejerce el poder, que es la bandera mockusista. Los nuevos testimonios sobre las 'chuzadas' del DAS y los seguimientos a magistrados de la Corte Suprema de Justicia; la detención del ex director de la Uiaf Mario Aranguren y el llamamiento a juicio del ex ministro del Interior Sabas Pretelt, así como los interrogatorios abiertos contra el secretario general de la Presidencia, Bernardo Moreno, las publicaciones de The Washington Post y de Página 12 sobre supuestos vínculos del hermano del Presidente con grupos paramilitares, y los pronunciamientos de entidades internacionales sobre 'falsos positivos', conforman una agenda noticiosa que pone a Santos a la defensiva.

Al final, será muy importante lo que hagan las campañas y lo que puedan inventar sus cerebros estratégicos. Santos y Mockus representan opciones diferentes en cuanto a la composición de sus respectivos apoyos, sus estilos, sus posiciones hacia el gobierno saliente y sus formas de comunicar. Falta ver si se llevará a cabo un debate intenso, como el de la primera vuelta, o si el entusiasmo que dejó la barrida de Santos entre sus huestes y la decepción que golpeó a los verdes simplemente conducirán a una espera lánguida para repetir el mismo resultado dentro de tres semanas. Hasta ahora, los cambiantes hechos de la campaña de 2010 han sido más fáciles de explicar que de pronosticar.

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