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| 10/7/1996 12:00:00 AM

LA HORA DE LEMOS

Para reemplazar a Humberto de la Calle en la Vicepresidencia son necesarios tres requisitos. Carlos Lemos los reúne todos.

Hace dos años, después de quedar de último en la consulta popular del Partido Liberal, Carlos Lemos Simmonds quedó para todos los efectos prácticos jubilado de la política. Hace una semana nadie hablaba de él. Y sin embargo por una de esas raras circunstancias de la política, Lemos es el hombre del momento. No sólo es el más opcionado para ser el reemplazo del vicepresidente Humberto de la Calle, sino que en la peor crisis política de la historia reciente, no es un imposible que pueda llegar a convertirse en el próximo Presidente de la República. A esta situación llegó curiosamente sin mover un dedo. Por los azares de la política, su hoja de vida, que muchos consideraban concluida, parece ser la más completa para reemplazar a Humberto de la Calle. Con la renuncia del vicepresidente esta semana el péndulo de la historia parece estar moviéndose en la dirección de este discreto político popayanés. Todo parece indicar que esta es la hora de Carlos Lemos.
¿Cómo se llegó a esta coyuntura? Al cierre de esta edición se podían anticipar dos eventos simultáneos que tuvieron lugar independientemente. El vicepresidente De la Calle al anunciar su renuncia presentó un abanico de personas que, según su criterio, reunían las calidades para sucederlo en su cargo. Estos eran: Carlos Lemos, Juan Manuel Santos, Guillermo Perry, Luis Fernando Jaramillo, Carlos Lleras y William Jaramillo. Estos nombres fueron revelados en una entrevista que concedió al periódico El Tiempo el domingo pasado. Por su lado el presidente de la República, Ernesto Samper, estaba elaborando su propia lista. Aunque nada podía ser oficial hasta que la renuncia del vicepresidente se volviera efectiva le dedicó el pasado fin de semana al tema de la sucesión vicepresidencial.
La primera conclusión a la cual llegó fue que debería haber una concertación total entre el Presidente y el Congreso en este proceso. Aunque en teoría el Congreso fuera totalmente autónomo para hacer esta escogencia, era evidente que en las circunstancias actuales las dos ramas del poder público debían actuar en llave. El propio Parlamento lo reconocía así y más que pretender ejercer su autonomía sobre el tema, en el Congreso de lo que se hablaba era de un guiño presidencial. Algo parecido a lo que se hacía en el pasado para la selección del Designado, cuando el Presidente, sin querer queriendo, dejaba saber su preferencia.
Ernesto Samper, por su parte, haciendo también uso de la analogía del Designado, quiere llegar a un acuerdo con el Congreso para que éste escoja al vicepresidente de una terna enviada por la Presidencia. Como esta fórmula no está contemplada en la Constitución el acuerdo sería estrictamente político, con el único propósito de combinar la soberanía del Congreso con la voluntad del Presidente. El proceso tendría dos etapas. Se elaboraría primero una lista de seis nombres de la cual posteriormente saldría la terna. La lista de Samper, al final de la semana, estaba integrada por Carlos Lemos, Néstor Humberto Martínez, Juan Carlos Esguerra, Carlos Lleras, Luis Fernando Jaramillo y un representante del sector empresarial que estaba por definirse entre Pedro Gómez y Fabio Echeverry. De estos semifinalistas tres pasarán a integrar la terna definitiva. En Palacio se rumoraba el viernes en la tarde que ya dos nombres estaban decididos: el de Carlos Lemos y el de Néstor Humberto Martínez. Sólo faltaba escoger el tercero, que posiblemente iba a ser el del representante del sector empresarial. De ser así, las listas de Samper y De la Calle tendrían dos nombres en común. El de Carlos Lemos y el de Luis Fernando Jaramillo. De estos dos la ventaja inicial la lleva el primero.

Lealtad a Samper
Para ser elegido el sucesor de Humberto de la Calle se necesita llenar tres requisitos: ser considerado leal por Ernesto Samper, aceptable por el Congreso y óptimo por Estados Unidos. Carlos Lemos satisface estos requisitos más que Cualquiera. La lealtad es un requisito que para el Presidente pocos llenan en estos días. Lemos es uno de ellos. El sólo hecho de que sea en la actualidad embajador del gobierno es un buen comienzo. Significa que está entre los que aguantó el vendaval. No sólo eso. Lemos, quien estaba de embajador en Viena, aceptó inmediatamente ser el reemplazo de Noemí Sanín cuando la ex canciller renunció súbitamente a la embajada en Londres, generando una minicrisis política. Aceptar la embajada ante el gobierno británico no es propiamente un sacrificio, pero prestar un nombre prestigioso en las circunstancias políticas de ese momento era un acto de solidaridad que un presidente aprecia.
En esos cargos diplomáticos Lemos participó en la elaboración de las cartas de apoyo al Presidente que no todos los embajadores quisieron firmar. Con el ex presidente Julio César Turbay Ayala, el más vertical defensor de Ernesto Samper, Lemos coordinó la carta de respaldo al fallo absolutorio de la Cámara. Su afinidad con Ernesto Samper viene de tiempo atrás. Después de ser derrotado en la consulta popular de 1994 fue el primero en darle su apoyo incondicional al candidato triunfador. Samper lo nombró entonces jefe del debate en Bogotá en una terna integrada con Carlos Lleras y Sonia Durán. Esa troica produjo el milagro de derrotar a Andrés Pastrana en la capital, lo cual muchos consideraban un imposible.
Por último, en estos días de sensibilidades personales de toda clase, Lemos tiene un activo único: su esposa, Martha Blanco, es muy cercana a Jacquin de Samper. La relación de las parejas Samper-Lemos ha sobrevivido a todas las vicisitudes del proceso 8.000.
El Congreso aprueba
Carlos Lemos no es un ídolo en el Congreso pero es respetado. Ha sido una vez senador, una vez representante y tres veces concejal. En su trayectoria de ministro de varias carteras ha tenido serios enfrentamientos con los caciques de su partido. Particularmente durante el tránsito de la reforma constitucional de 1989. Todos estos episodios le generaron una imagen de hombre de Estado más que de ficha de la maquinaria. Fue considerado durante mucho tiempo el intelectual del turbayismo cuando esta corriente controlaba el Congreso. También fue un constituyente destacado en la Asamblea que habría de crear la Carta de 1991. Su valiosa participación en los debates fue reconocida por todos. Lo que pocos recuerdan es un dato de su hoja de vida que lo deja muy bien parado con la clase política. Fue el único constituyente liberal que se opuso a la revocatoria del Congreso. La calificó de golpe de Estado y señaló que se estaba abriendo una tronera para cambiar o cerrar el Congreso cada vez que este le incomodara al mandatario de turno. También pronosticó que la revocatoria no tendría mayor efectividad, pues la mayoría de los revocados volvería al Capitolio y todo ese esfuerzo no desembocaría en ningún cambio sustancial. El tiempo acabó por darle la razón. En términos generales Carlos Lemos cuenta con una ventaja sobre la mayoría de sus rivales en el abanico de vicepresidenciables. Ha conocido el Congreso por dentro, cosa que no puede decirse de la mayoría de sus contendores. A los congresistas por lo general les gusta votar por quienes, como ellos, han conocido la ingratitud de la política.

'I like you' Carlos Lemos es el mejor candidato posible frente a Estados Unidos. En estos días de descertificación en que las relaciones con el coloso del Norte tienen al país en la cuerda floja, esta condición es de gran importancia. Su cercanía con el Tío Sam comenzó en 1982 siendo canciller del gobierno de Turbay. Durante la guerra de las Malvinas Colombia fue el únicopaís que se alineó en forma frontal con Estados Unidos. Esto iba en contra de la pretensión argentina de recuperar a la brava esas islas de la corona británica. Todas las cancillerías latinoamericanas, por razones regionales, apoyaron a Argentina. Colombia, argumentando que en ningún caso se podía acudir a la fuerza para dirimir problemas limítrofes o problemas de posesión, se convirtió en la oveja negra del continente.
El anterior episodio, sin embargo, es menos trascendental que otro de más actualidad: el de la extradición. Desde el ángulo de Estados Unidos, Lemos ha sido uno de los héroes de esta guerra. Durante el gobierno de Virgilio Barco, siendo ministro de Gobierno, se vio obligado a hundir la reforma constitucional por un narcomico que le incluyeron el cual pretendía eliminar la extradición. Por esos días Pablo Escobar acababa de volar el avión de Avianca. En un acalorado discurso en momentos en los que las palabras imprudentes se podían pagar con la vida, Lemos señaló que el narcomico era un premio a los terroristas que habían hecho explotar la aeronave.
Cuando Luis Carlos Galán fue asesinado en agosto de 1989 Lemos era ministro de Comunicaciones y simultáneamente ministro de Justicia encargado. En razón de esto último participó activamente en la decisión de establecer la extradición por vía administrativa. Después de esa decisión firmó varias de ellas. Otra charretera en su lucha a favor de la extradición fue su papel en la Constituyente. Después de que Pablo Escobar, mediante el terrorismo, había logrado inclinar a la opinión pública en contra de esta medida, fueron muy pocos los constituyentes que se opusieron públicamente a votar en contra de ésta. Uno de ellos fue Carlos Lemos Simmonds. Sólo otros cuatro votaron con él: María Mercedes Carranza, Iván Marulanda, Antonio Galán y Carlos Ossa. Ese voto será registrado con mucha atención por el gobierno de Estados Unidos en el proceso de la sucesión vicepresidencial. Satisfacer las exigencias de Ernesto Samper, del Congreso y de Estados Unidos no es cosa fácil. Lemos lo hace. Tiene otras virtudes importantes en relación con la coyuntura actual. Su perfil es el de un hombre de derecha en materia económica y de mano dura en orden público. Esto tranquiliza tanto a empresarios como a militares. Pero tal vez la mayor virtud que tiene es la de ser un puente de unión en un país totalmente polarizado. Los dos bandos en que se ha dividido Colombia como consecuencia del proceso 8.000 lo aceptan. La Colombia samperista, cuyo núcleo es el Congreso, le reconoce su militancia en el oficialismo liberal y su lealtad al Presidente en las horas de dificultad. Y la Colombia 'conspiradora', cuya prioridad es la restauración moral y el acercamiento con Estados Unidos, le reconoce su posición vertical frente al narcotráfico y lo que esto significará en las futuras relaciones con Washington. Dejar contentos a dos bandos tan antagónicos en la actualidad hacen acreedor a Carlos Lemos a ser el próximo vicepresidente de Colombia. Al fin y al cabo no son muchos los colombianos que tienen el mismo grado de aceptación en el mundo de Hernán Echavarría y en el de Julio César Guerra Tulena.

Carlos Lleras de la Fuente Aunque tiene buena imagen y el presidente Samper le reconoció su lealtad en los momentos más difíciles, su franca oposición a la propuesta gubernamental para reformar la Constitución de 1991 necesariamente lo distancia del gobierno, que ha declarado que desea que el vicepresidente comparta las iniciativas de la administración. Entre los congresistas hay muchos que no lo quieren porque recuerdan su papel en la revocatoria del mandato parlamentario en 1991. En cuanto a su relación con el gobierno de Estados Unidos, es menos mala de lo que se presume.
Néstor Humberto Martínez Es apreciado en el gobierno y en algunos círculos samperistas. Curiosamente, también es respetado en los sectores antisamperistas que no lo asocian ni a lo sucedido en la campaña, ni a lo sucedido en el gobierno en relación con la campaña. En cambio en el Congreso, la vieja guardia de la bancada liberal no le perdona su protagónico papel en el entierro del narcomico de diciembre del año pasado, que pretendía dejar sin piso las investigaciones de la Fiscalía por enriquecimiento ilícito. Es además un hombre relativamente respetado por el gobierno de Estados Unidos.
Juan Carlos Esguerra Si bien el nombre del ministro de Defensa contaría con la aceptación generalizada del establecimiento, incluso de algunos de los más radicales opositores al gobierno, como es el caso de los sectores alvaristas, su imagen ha sido duramente golpeada por los pésimos resultados obtenidos en los últimos meses por el sector a su cargo en la lucha contra la guerrilla. En cuanto al gobierno, Esguerra es apreciado por el Presidente y por su gabinete.
Luis Fernando Jaramillo Después de haber llegado a integrar la lista de presidenciables, el ex canciller y ex designado de la administración de César Gaviria estaba prácticamente retirado de la vida pública cuando el año pasado logró un cupo en la Dirección Liberal. Su paso por la presidencia de la colectividad roja consolidó sus relaciones con la dirigencia liberal, con el Congreso y con el Presidente. De ahí que sus opciones dependan en lo esencial del buen ambiente que tiene en el legislativo, en el ejecutivo y en el partido de gobierno.
Pedro Gómez Barrero Si algo favorece las posibilidades de este destacado empresario, es que tiene el primer lugar de lo que pudiera llamarse la línea de sucesión al cargo de vicepresidente, pues estaba prácticamente escogido para ello cuando Humberto de la Calle aceptó ser compañero de fórmula de Samper tras ocupar el segundo lugar en la consulta liberal de 1994. Tiene además a su haber, una hoja de servicios al liberalismo y el ser un hombre de empresa con vocación de servidor público.
Juan Manuel Santos El ex ministro de Comercio Exterior tiene buena aceptación en el Congreso de la República, a pesar de la independencia y distancia que ha tomado del gobierno y de las toldas oficialistas. Sin embargo, esa independencia le ha costado que su nombre sea difícilmente aceptable para el Presidente de la República, pues en la administración es visto antes que nada como un 'conspirador". Es, en resumen, un nombre respetado que no cuenta sin embargo con la luz verde del primer mandatario.
Guillermo Perry El ex ministro de Hacienda de los dos primeros años de la administración Samper fue uno de los primeros mencionados cuando se comenzó a hablar de una tercería para salir de la crisis. Sin embargo, el Presidente y el samperismo en general quedaron resentidos por su sorpresiva salida del gabinete en momentos en que el barco del gobierno se hundía. Tiene a su favor el hecho de ser un respetado economista en tiempos en que la economía vive uno de sus peores momentos.
William Jaramillo La dura oposición que viene ejerciendo desde su columna de El Espectador en contra del gobierno, hace que su nombre resulte muy poco viable. En su favor está el respaldo casi unánime que lograría de la bancada antioqueña, que hace pocos años lo apoyó de manera consensual para que César Gaviria lo designara ministro de Comunicaciones, y el hecho de que sería bien visto por el diario de los Cano.
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