Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1994/04/11 00:00

LA HORA DE SAMPER

Con el triunfo en la consulta liberal, Samper se consolida y obtiene una ventaja apreciable. ¿Será capaz de mantenerla?

LA HORA DE SAMPER

DURANTE LOS PROXIMOS DIAS ERNESTO Samper va a tener su hora. Su triunfo en la consulta popular del Partido Liberal generará una cadena de eventos que sin duda alguna lo favorecerán. La condición de candidato único del partido genera invariablemente el apoyo de los rivales derrotados. Esto produce una sensación de unión que define a mucho liberal indeciso. El clímax de todo este triunfo será la Convención Liberal que tendrá lugar el viernes de esta semana y que le dará a Ernesto Samper un cubrimiento masivo de medios de comunicación que seguramente se traducirá en un aumento importante en las encuestas.
De aquí hasta el Domingo de Pascua todo juega a favor de Samper. En la convención asumirá la jefatura única del Partido Liberal y dirá el nombre del candidato a la vicepresidencia. La semana siguiente se realizará una cumbre liberal en la -Casa de la Constitución de Rionegro, donde se anunciará una reorganización del partido que va a ser presentada como la gran renovacion.
Los interrogantes son: ¿cuál será la ventaja que tendrá Samper en ese momento? ¿Será capaz de mantenerla hasta la primera vuelta? Al respecto hay elementos a favor y en contra. El principal elemento a su favor es que la mayoría liberal en el Congreso -de más del 60 por ciento- lo dejará no sólo con un partido unido, sino con una maquinaria arrolladora. Algo que no puede carecer de significación es que la votación individual de Samper, aunque ligeramente inferior a lo esperado, fue en todo caso superior a la registrada por todo el Partido Conservador y la obtenida por todos sus rivales liberales sumados.
Hasta ahí la cosa aparecería segura, pero existen ciertos obstáculos. En primer lugar, la experiencia demuestra que los congresistas, cuando tienen la curul en el bolsillo, son bastante dados a olvidarse de los comicios presidenciales. Agotadas las arcas para sus propias elecciones, no se meten la mano al dril para las de Presidente. Y esta actitud de indiferencia y pasividad hace que la maquinaria sea mucho menos confiable de lo que muchos creen.
En 1982, López Michelsen ganó las elecciones parlamentarias y perdió las presidenciales. Pero en ese momento el partido estaba agriamente dividido. Samper, más que cualquiera, es consciente de este problema, pues fue el coordinador de esa campaña y toda su estrategia se ha centrado en evitar que se repita este fenómeno.
Otro requisito de la campaña es atraer el máximo número de los liberales que votaron por otros candidatos en la consulta. Es un hecho que el ciento por ciento de las personas que votaron por Humberto de la Calle no lo hará por Samper. Tampoco es necesariamente cierto que el ciento por ciento de las personas que sufragaron por Carlos Lleras de la Fuente -electores de derecha- vote por un candidato de centro. Sin embargo, lo que sí es un hecho es que las encuestas demuestran que el 66 por ciento de las personas que votaron por otros candidatos tiene la intención firme de hacerlo por el candidato oficial en la primera vuelta. El gran reto de la campaña de Samper es asegurar que en el momento de la votación esa cifra se acerque más al ciento por ciento que al 66 por ciento que hoy registran las encuestas.
Otra incógnita también decisoria es: ¿cuál será el volumen del voto independiente? Está demostrado en las encuestas que, en esta franja de cada 10 votos seis serían pastranistas y cuatro samperistas. Por tanto, en la medida en que el voto independiente vaya creciendo, la mayoría pastranista en este frente irá en aumento.
La primera vez que esta franja aparecía de manera importante fue en 1982, cuando Belisario Betancur resultó elegido presidente. En esa ocasión cerca del 30 por ciento del electorado de presidenciales se definió como independiente o, mejor, no alineado con ningún partido. Cuatro años después, cuando Virgilio Barco aniquiló a Alvaro Gómez, el electorado independiente se redujó al 14 por ciento. Y hace cuatro años cuando César Gaviria fue elegido, la franja aumentó al 28 por ciento. Así, para que Andrés Pastrana tenga alguna posibilidad de ganar en la elección presidencial del 8 de mayo, el voto independiente tendría que ser no inferior a ese 30 por ciento obtenido por Belisario Betancur, que constituye el récord histórico.
Existe en el ambiente la sensación de que se puede presentar una franja pastranista grande, basada principalmente en la juventud urbana donde su nombre ha tenido una gran acogida. No obstante, la medición de la franja se hace tradicionalmente con base en el número de nuevas inscripciones. Y el número adicional de cédulas inscritas en estas elecciones en relación con las anteriores constituye una marca sin precedentes, pero por lo bajo. El aumento neto de nuevos votantes inscritos fue de apenas 322.000, lo que representa tan sólo un 4 por ciento del volumen total de votos.
La esperanza de la campaña pastranista es que la franja no se limite a este aumento, sino que corresponda a buena parte de las inscripciones que se han hecho desde 1988, año a partir del cual las nuevas cédulas quedan automáticamente registradas.
El último obstáculo que enfrentará Samper será la superioridad que tiene Pastrana sobre él en el manejo de la televisión. Este es indiscutible a pesar de que la distancia se ha acortado por cuenta de unos cursos que el candidato liberal tomó en la BBC, de Londres, y de una conciencia de que hoy las elecciones en el mundo se definen en la pantalla de televisión.
Los samperistas no le temen a Pastrana en los debates presidenciales, pues consideran que la preparación y la estructura de su candidato es superior y le permitirá salir airoso del encuentro. Pero sí le temen a las alocuciones de los candidatos en espacios de media hora otorgados por el Estado. Como estas se limitan a la simple lectura de un telepronter, la ventaja de una persona que ha sido locutor profesional es incuestionable. Como buena parte de los votos independientes se definen sólo al final por cuenta de estas alocuciones televisivas, las dos campañas tienen centrada su atención en este aspecto del debate.

EL FRACASO DEL M-19
SI LOS grandes ganadores de la jornada del 13 de marzo fueron Ernesto Samper y el Partido Liberal, los grandes derrotados fueron Antonio Navarro y el M-19. En octubre de 1991 este grupo consiguió, con una lista nacional encabezada por Vera Grave, nueve curules en el Senado. Al cierre de esta edición, el domingo por la noche, todo indicaba que los escaños de este grupo no serían más de uno o dos, si bien les iba. A mediados del año pasado hubo en ese grupo un agudo debate interno que puso a tambalear a Navarro como líder, pues él se opuso a la realización de una operación avispa por medio de la cual hubiera listas del M-19 en casi todos los departamentos. Y a juzgar por los resultados, tenía toda la razón pues el avispero los llevó a un gran descalabro.
Pero lo peor para Navarro puede estar aún por venir. Hace año y medio, las encuestas lo colocaban con reales posibilidades en las presidenciales, con más del 30 por ciento de las intenciones de voto. Hoy eso ha cambiado dramáticamente, y el jefe del M-19 aparece con intenciones de voto inferiores al 10 por ciento. Y la tendencia es a la baja, pues como la campaña se polarizó definitivamente entre Samper y Pastrana, es altamente probable que por el mecanismo del voto útil Navarro cuente cada vez con menos intención de voto. Entonces sería probable que llegara a la primera vuelta con menos del 10 por ciento. -

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