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| 12/10/2009 12:00:00 AM

La Iglesia Católica amenazada

La amenaza contra un obispo auxiliar de Medellín devela qué tan vulnerables son los religiosos en Colombia. La Conferencia Episcopal dice que en los últimos 25 años han sido asesinados dos obispos y 68 curas.

Cuando el obispo Víctor Manuel Ochoa recibió un paquete el pasado jueves en su despacho de Medellín, pensó que era un regalo de Navidad. Pero sus manos comenzaron a temblar cuando fue desempacando el contenido. Había balas, una foto y un documento amenazante contra él. Allí detallaba lo ocurrido el 16 de marzo de 2002, cuando dos sicarios le dispararon a monseñor Isaías Duarte Cancino tras oficiar un matrimonio colectivo en el distrito de Aguablanca, en Cali.

El mensaje era claro. Se trataba de una amenaza de muerte contra Ochoa, un obispo auxiliar de Medellín que ha sido vicario parroquial del Santuario de Sabaneta, secretario Adjunto del Economato del Seminario Conciliar de Medellín y profesor en el Seminario Conciliar de la misma ciudad.

De inmediato, el prelado tuvo que salir de la ciudad, presa del temor. Monseñor Alberto Giraldo, arzobispo de la capital antioqueña, dijo esta mañana a varios medios que se desconoce de dónde provienen estas amenazas contra el obispo Ochoa, quien actualmente trabaja en el centro y en el occidente de Medellín.

Ahora lo preocupante no es que el caso del obispo Ochoa sea el único. Según cifras de la Conferencia Episcopal de Colombia, desde 1984 hasta hoy dos obispos han sido asesinados en el país: monseñor Duarte y monseñor Jesús Emilio Jaramillo, obispo de Arauca

También han sido víctimas fatales otros 68 sacerdotes, ocho religiosos (entre hombres y mujeres), y tres seminaristas. Amenazados hasta el momento hay 16 obispos, tres religiosas, cinco religiosos y 48 sacerdotes.

Es así como varios miembros de la Iglesia Católica tienen que utilizar escoltas por su labor: desde el Padre ‘Chucho’ que dirige el programa “Cura para el alma”, hasta sacerdotes en zonas de conflicto o jerarcas que sirven de mediadores en negociaciones de paz entre grupos armados y el gobierno.

“Cuando yo era obispo en Florencia (Caquetá) siempre me negué a recibir escoltas porque sentía que peligraba más mi vida con ellos que andando solo. Lo que sucede es que a veces hay amenazas que no se sabe de dónde vienen, no se sabe si son intimidaciones no más, o bromas pesadas. Incluso, hay muchos obispos que las reciben y no le paran bolas a eso”, dijo a Semana.com monseñor Fabián Marulanda. 

Sólo la Policía, según el general Orlando Páez Barón de Seguridad Ciudadana, escolta en todo el país a 17 obispos y arzobispos, y a un sacerdote. Además, hay esquemas especiales de seguridad a través del Grupo de Seguridad Eclesiástica y del Obispado Castrense.
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