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| 9/10/2012 12:00:00 AM

La Iglesia católica y su papel tras bambalinas para la paz

Pese a que ninguno de los negociadores que nombró el Gobierno para dialogar con la guerrilla representa a la Iglesia católica, la institución está llamada a jugar un papel clave en la reconciliación y el perdón.

Por primera vez en el historial de oportunidades en las que Colombia ha buscado la paz, la Iglesia católica no tendrá un asiento en la mesa de negociación. Tampoco desempeñará un papel protagónico en este proceso. 
 
En este nuevo capítulo para el país, la institución, que ha manifestado acompañar en pleno el proceso, se moverá tras bambalinas, principalmente desde sus púlpitos y a través de sus sermones de cada domingo.
 
"Somos un grupo de personas con valores cristianos, nuestra participación es a través de la predicación, somos portadores y constructores de paz", explicó monseñor Rubén Salazar, presidente de la Conferencia Episcopal y arzobispo de Bogotá. 
 
Es bajo esta directiva que se entienden las palabras pronunciadas por la máxima autoridad católica, el papa Benedicto XVI, quien reiteró el mensaje. "Siembren Evangelio y cosecharán reconciliación, sabiendo que, donde llega Cristo, la concordia se abre camino, el odio cede paso al perdón y la rivalidad se transforma en fraternidad", requirió Benedicto a los prelados colombianos. 
 
El mensaje de Benedicto llega después de que el pontífice recibió a los obispos colombianos en su residencia de descanso, el Palacio Apostólico de Castelgandolfo, en las cercanías de Roma, al final de la visita 'ad limina' que hicieron los obispos desde la semana pasada. 
 
Rápidamente se reprodujeron voces de "alegría y entusiasmo" de varios miembros de la Iglesia católica. Uno de los primeros fue monseñor Ricardo Tobón Restrepo, quien expresó su profunda gratitud al papa por "alentar la anunciada iniciativa internacional de diálogo y reconciliación en la amada nación colombiana". 
 
Desde la Iglesia señalan que es muy positivo que el anuncio realizado por el papa coincida con la visita de los obispos colombianos a Roma porque seguramente es el resultado de las conversaciones que han tenido con el sumo pontífice y de las conclusiones sobre los retos que tiene la Iglesia en la búsqueda de la paz.
 
"Es muy importante que no sólo los obispos que hacemos parte de la comunidad creyente estemos unidos en la búsqueda de la paz y que aclimatemos una salida negociada al dialogo. Igualmente el llamado del papa también va dirigido a la sociedad colombiana para que todos nos hagamos favorables en esa búsqueda", reflexiona el padre Horacio Arango, director del programa para la paz de la compañía jesuita.
 
Arango explica cómo la Iglesia deberá asumir este nuevo papel, que, si bien no estará en la primera línea, sí será determinante para "hacer visible la paz". Para el padre, "resulta muy importante la escucha generosa y magnánima a las víctimas, no necesariamente para que hagan parte directa del proceso pero sí para que se escuchen sus reclamos".
 
Bajo la directriz de monseñor Salazar de que "no hay paz sin justicia y no hay justicia sin perdón", pronunciada el mismo día que el presidente Juan Manuel Santos confirmaba las negociaciones con las FARC, los miembros de la Iglesia coinciden en que deberán contribuir en crear una nueva mentalidad, "que reconozca en el otro su dignidad, que se superen las máximas fundamentales que superan la ley del talión, para que toda esa sensación de venganza quede superada y nos comprometamos en nuestro tema que es la paz", refuerza Arango.
 
La intervención de Benedicto de este lunes parece coincidir con un sentimiento que se está consolidando en la iglesia. El hecho de no estar por primera vez en la mesa de diálogos es interiorizado como una oportunidad para trabajar con libertad sobre sus principios evangélicos y ocuparse del "espíritu de la sociedad colombiana, de su corazón pacífico, porque el problema de la sociedad colombiana radica en su espíritu".
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