Viernes, 29 de agosto de 2014

Integrantes del ELN se entregaron ante el presidente Juan Manuel Santos. Cortesía Ejército.

| 2013/07/16 00:00

La ‘impecable’ cuadrilla del ELN

La desmovilización de 31 guerrilleros luciendo camuflado y botas nuevas llamó la atención y recordó escándalos.

El presidente Juan Manuel Santos realizó una visita relámpago no programada a la ciudad de Cali. La razón, él mismo quería mostrarle al país una de las desmovilizaciones guerrilleras más numerosas.
 
Al mediodía de este martes 16 de julio llegó en helicóptero a las instalaciones de la Tercera Brigada del Ejército. Allí estaba todo listo e impecable para mostrarle a los colombianos y al mundo, que ante la presión militar, muchas veces la única salida que le queda a los subversivos, es rendirse.


 
Además, esa desmovilización tenía otra carga simbólica: se trataba de la entrega de toda una cuadrilla de guerrilleros del ELN, la misma organización con la que Santos viene pujando hace meses para que se sienten a explorar un posible proceso de Paz, “esta es la desmovilización más grande en la historia del ELN”, dijo el presidente. (Ver nota).
 
Sin embargo, después de la euforia empezaron a surgir inquietudes sobre la autenticidad de la desmovilización, que si bien no son concluyentes, llaman la atención y merecen una explicación más a fondo.
 
Lo primero que se cuestionó de esa rendición, es la cantidad de subversivos y la zona donde estaban operando. Si bien existen informes de inteligencia militar que hablan de la presencia de la cuadrilla Lucho Quintero Giraldo en el sur de Cauca, no se entiende que una guerrilla tan diezmada (1.500 integrantes) se concentre con tantas unidades y precisamente en una de las regiones donde se ejecuta la mayor operatividad militar.

 

Pero lo que realmente generó suspicacias, es que los guerrilleros se desmovilizaron casi que estrenando uniformes, botas y morrales. La limpieza de sus prendas y el buen estado de las mismas contrasta con la imagen de una guerrilla diezmada y acorralada en la selva. Hasta las pañoletas de insignia estaban nuevas y carecían de desgaste.
 
Otro hecho aún más llamativo, es que esos guerrilleros lucían camuflados del Ejército, cuando tradicionalmente visten otro tipo de uniforme. Basta revisar fotos, videos y hasta la misma página oficial de esa guerrilla en internet, para concluir que el uniforme de ellos es de otro color y diseño. Una persona conocedora del tema de orden público, sabe que esa diferencia no es casual, sino una estrategia para evitar choques con las FARC.



Ni hablar de las botas. La mayoría tenía puestas las que son de caucho, pero lucían nuevas y algunos desmovilizados calzaban botas propias de las fuerzas militares y hasta la versión exclusiva de la Armada. Ese detalle que parece menor, es crucial por cuanto un subversivo experimentado sabe que para la selva, el calzado apropiado son las famosas botas de caucho. Cualquier otro calzado en la selva húmeda del Pacifico, se vuelve una tortura para las extenuantes caminatas en medio de ríos y pantanos.
 
Si bien lanzar este tipo de dudas ahora puede parecer atrevido y revanchista, la verdad es que la historia reciente del país obliga a guardar distancia y mirar con lupa esa clase de logros.
 
De hecho, al propio presidente Juan Manuel Santos siendo ministro de Defensa del gobierno Álvaro Uribe, le tocó lidiar con esos escándalos. Lo hizo con la recordada falsa desmovilización de la compañía guerrillera Cacica Gaitana, en Alvarado Tolima, en marzo del 2006 y el falso secuestro y posterior rescate del famoso capitán Leonardo Nur, en el norte del Valle en febrero del 2007.
 
De Cacica Gaitana existen infinidad de detalles sobre cómo medio centenar de falsos guerrilleros se reinsertaron. En cuanto al capitán Nur, en pocos meses pasó de héroe nacional a presunto integrante de la temida banda conocida como Los Machos, que era el ejército privado que cuidaba al capo Diego Montoya en el cañón de Garrapatas, la misma región donde Nur dijo estuvo secuestrado durante 45 meses.
 


En ambos casos las suspicacias surgieron por los mismos detalles que hoy llaman la atención en los 31 desmovilizados del ELN: uniformes, botas y morrales como nuevos. En el caso del capitán Nur las dudas empezaron por su excelente aspecto físico y porque el candado y la cadena con la que supuestamente lo tenían amarrado a un árbol en la selva, eran nuevos.
 
Esta revista le consultó sobre esas dudas a una fuente militar que opera en el sur occidente colombiano y bajo el anonimato aceptó responder, “le verdad, esa misma duda surgió entre nosotros, pero cuando le preguntamos al comandante de la cuadrilla guerrillera del por qué tan impecables, respondió: cuando existe un comandante al frente, todo es posible”.
 
¿Exceso de malicia o paranoia?. Por ahora puede ser un poco de ambas y solo hasta cuando la Fiscalía avance en la plena identificación de los subversivos que se rindieron, se podrá decir con seguridad que esa es la desmovilización más grande en la historia del ELN.

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