Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2003/03/03 00:00

La importancia de llamarse Ernesto

Tras cuatro años de ostracismo el ex presidente Ernesto Samper resucita y regresa a los círculos políticos. ¿Hasta dónde llega su influencia?

Hace un año, en plena campaña electoral, un chiste recorría las toldas serpistas. "¿Quién es el ganador de estas elecciones? Ernesto Samper porque gana con Horacio Serpa y con Alvaro Uribe". Así se reflejaba el hecho de que los dos contendores líderes de la carrera presidencial compartían el mismo origen político: el movimiento Poder Popular que lideró en los años 80 el ex presidente Samper.

Un año después ese chiste cobra más vigencia que nunca. A diferencia de los cuatro años de la administración Pastrana, en el gobierno de Alvaro Uribe la presencia de Samper en el ambiente político se ha multiplicado y muchos hablan ya de una "resurrección" del político liberal cinco años después de haber salido de la Casa de Nariño.

¿Cuáles han sido los aciertos de Samper? La primera señal de vida la dieron las encuestas del final del gobierno de Andrés Pastrana. Según la firma Invamer-Gallup el 48 por ciento de los colombianos calificó al gobierno Pastrana como el peor de los últimos tiempos. Peor aún que el de Samper, que obtuvo el 30 por ciento. Mientras tanto el ex presidente, a pesar de apoyar la candidatura de Horacio Serpa, nunca hizo eco de las descalificaciones de su antiguo escudero contra el hoy presidente Alvaro Uribe.

Además las designaciones de Antonio Hernández como contralor general de la República y de Almabeatriz Rengifo como registradora nacional del Estado Civil fueron calificadas por los antisamperistas como "jugadas maestras" del samperismo. Tanto Hernández como Rengifo ocuparon altos cargos en la administración Samper y buena parte de sus carreras políticas las desarrollaron bajo la tutela del ex presidente.

Algunos congresistas atribuyen la elección de Hernández más a una pelea interna entre los senadores uribistas Germán Vargas y Mario Uribe por la presidencia de la comisión primera de Senado que a una movida de Samper. Sin embargo, ante la opinión pública y varios sectores políticos, el samperismo quedaba con el organismo de control y con el electoral.

Luego vino la aceptación de Horacio Serpa de la embajada de Colombia ante la Organización de Estados Americanos y los rumores de una unión del Partido Liberal bajo la tutela de Samper. En ese momento se hizo evidente el apoyo fuerte del ex presidente a su antiguo pupilo político en el Poder Popular. Mientras Serpa trataba infructuosamente de consolidar su "oposición crítica", Samper se acercaba cada vez más a Uribe. Al final, Serpa claudicó como líder opositor y viajó la semana pasada a su nuevo puesto diplomático en reemplazo de Humberto de la Calle, el ex vicepresidente samperista que renunció en medio de la crisis del 8.000. Otro gol de Samper, dicen sus contradictores.

Por otro lado, el ex presidente lleva varios meses en reuniones con los sectores del Partido Liberal para ambientar una eventual unión en el congreso de mayo próximo. Dadas sus conexiones en 30 años de vida política, Ernesto Samper es amigo de todas las vertientes: de los uribistas como Darío Martínez y William Vélez y de los oficialistas como los senadores Juan Fernando Cristo y Luis Guillermo Vélez.

La idea es simple: todos los precandidatos presidenciales liberales deben cuadrar las reglas de juego para escoger candidato único para las elecciones del año 2006. Samper estaría tras del fin de la división liberal, que lleva más de ocho años y que lo tiene como uno de sus protagonistas.

Suena paradójico que el símbolo del mayor escándalo político de la historia contemporánea del país se mantenga vigente en escenarios políticos tan diversos como el Congreso, los organismos de control y las embajadas. No obstante, como afirma un político samperista, "el ex presidente busca ante todo la reivindicación de su nombre ante los colombianos".

Cuestion de estilo

¿Qué está haciendo Samper para reencaucharse de una manera tal que hasta sus opositores lo reconocen? Según analistas consultados por SEMANA la estrategia samperista consiste en ser lo que siempre ha sido: un político astuto, accesible y simpático con un gran sentido del humor. Los martes y miércoles recibe entre cinco y 10 parlamentarios en su oficina y, como dijo un senador liberal, "entre chiste y chanza, tira la línea".

Además llama a saludar a los congresistas y el reconocimiento, en especial para los políticos nuevos, es un factor importante de credibilidad. Sin solemnidad ni distancia Samper habla constantemente con la bancada oficialista y les expresa su punto de vista sobre temas como la unión liberal y el referendo. "Samper está de un uribismo subido, dijo un parlamentario, su llamado es a rodear al presidente Uribe".

Como nunca quemó los puentes hacia las toldas uribistas, el ex presidente es bien recibido en la Casa de Nariño. La relación personal entre Ernesto Samper y Alvaro Uribe es cordial y amistosa. Según personas allegadas al ex presidente, "Samper está más cerca de Uribe que del gobierno Uribe". Ese contacto entre ambos políticos se mantiene aun ante la presencia de furibundos antisamperistas como el ministro del Interior y Justicia, Fernando Londoño Hoyos, y el ex ministro Rudolf Hommes, en los círculos más íntimos del primer mandatario.

Lo cierto es que poder real Ernesto Samper no tiene. No obstante, como es el único ex presidente en el país que no se ha desconectado de la política, ejerce una influencia dentro del grupo de sus antiguos seguidores, que no le tienen una obediencia ciega pero lo escuchan. Además su química personal y capacidad de burlarse de sí mismo le ayuda a mantener contacto con representantes de fuerzas políticas contrarias. Tras el fin de su gobierno, y con un proceso 8.000 cada vez más lejano en el tiempo, el estigma de ser samperista, alimentado en la administración Pastrana, se está borrando poco a poco y no sería extraño que altos funcionarios de ese cuatrienio puedan volver al sector público en el gobierno de Alvaro Uribe. Sin embargo, como dijo un samperista de vieja guardia, "una cosa es la influencia y otra, muy distinta, el prestigio que aún no lo ha recuperado del todo".

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