Viernes, 24 de febrero de 2017

| 2006/09/07 00:00

La increíble y dolorosa historia de la casa perdida de Inés Estrada

Esta es el drama de una mujer a la que la banda de Los Triana, en Medellín, le arrebató su casa, anunció en público que se la devolvía pero ni siquiera la dejan acercarse a ella. Crónica de un caso en el día de la creación de la Comisión de la Verdad en Colombia.

La casa de Inés Estrada, pese a los anuncios de la banda en el sentido de que ella puede retornar a su hogar, está en ruinas. Foto: Fotos: Luis Benavides

En la navidad de 1998, en medio de pólvora y festejos, Ines Estrada* se fue de su casa empujada por las amenazas de muerte contra ella y su familia. Eran las 7 de la noche y no tuvo tiempo de empacar. Muebles, ropa y mascotas tuvieron que quedarse en su casa en la Comuna 1 de Medellín. Ella sabía que las amenazas no eran un juego. Meses antes la banda de Los Triana, para ese tiempo dueña y señora de 18 barrios, había asesinado a uno de sus hijos y le había prometido acabar con los dos restantes, si no se iba del barrio. ¿La razón? Cansada de tanto atropello decidió denunciarlos ante las autoridades.

Inés es santandereana, tiene un poco más de 50 años de edad y dice que ya se acostumbró a su vida de gitana. Desde que la sacaron de su casa no ha podido establecerse por un largo período en ningún otro barrio porque donde quiera que llega, la banda de Los Triana la encuentra y la amenaza. Al escuchar su historia cualquiera pensaría que ella es el enemigo número uno de esta banda. El listado de atropellos es largo y junto con la muerte de su hijo, el que más le duele es el despojo de su casa. Despojo y destrucción. A partir de su huida, la casa –de 500 mt2, patio con árboles frutales y tres plantas- comenzó a ser saqueada por los mismos Triana. No dejaron nada: se llevaron desde los electrodomésticos hasta las puertas y los bombillos.

Hoy la casa es un monumento al desalojo. Pero un monumento en ruinas porque parece como si hubiera sido tumbada a pico o como si los suyos fueran los restos de un terremoto. No quedan sino escombros. Pero aún así Ines no pierde las esperanzas de volver a ella y reconstruirla. “Es nuestra casa y no quiero renunciar a ella”, dice como si todos estos años de lucha y miedo no la hubieran afectado.

No se rinde a pesar de que nadie le da esperanzas de que pueda regresar a su vivienda –o a lo que queda de ella-. Ni siquiera la Secretaría de Gobierno de la Alcaldía de Medellín, mediante su proyecto de Víctimas del Conflicto ha podido asegurarle que retornara a su casa. Desde Junio de 2004 han devuelto 90 propiedades, pero debido al deterioro y a los daños ocasionados por el tiempo y la violencia, muchas de las familias no han podido regresar. Se calcula que desde 1996 alrededor de 200 familias fueron expulsadas de sus casas en las comunas 1 y 2 de la ciudad por esta banda.

Pero los daños a las casas no es lo único que alerta a las familias para que no retornen a sus barrios. La señora Inés sabe que aunque su casa estuviera intacta, tal cual la tenía a comienzos de los años 80 cuando llegó desde Bogotá para radicarse en una ciudad desconocida, ella no podría regresar. El martes pasado una llamada le recordó su estado de gitana: “No se le olvide vieja hijueputa que los estamos buscando para matarlos, nosotros podemos más que la Fiscalía y el gobierno (...) Ahí le terminamos de tumbar toda la casa”. Aunque la voz femenina no se identificó, Inés sabe que al otro lado de la línea estaban Los Triana. “llevan 10 años en mi contra. ¿Quién más podría ser?”, dice ella.

Santiago Jaramillo abogado de la Oficina de Víctimas del Conflicto Armado de la Alcaldía de Medellín y encargado del tema de la restitución de viviendas dice que este es sólo uno de la cantidad de problemas que resultan en el proceso con Los Triana. En este momento están en trámite 200 millones de pesos para asumir las deudas atrasadas en servicios públicos e impuesto predial de 80 de las casas devueltas. Sin embargo, reconoce que el caso de la señora Estrada, es particularmente desmotivante. Si bien ella hace parte del programa de Víctimas del Conflicto, es poco lo que pueden ayudarla debido a que sólo a partir de 2003 por una sentencia de la corte constitucional, ley 387 de 1997 comenzó a reconocer a los desplazados intraurbanos y las denuncias hechas por Ines fueron anteriores a esta fecha. Lo que significa que no tendría derecho a las ayudas por parte del Estado.

La Alcaldía no reconoce negociación alguna con la banda de Los Triana. Sólo acordaron en el 2004 el traslado de Elkin Triana (su máximo líder) de la cárcel de Cómbita a la de Máxima Seguridad en Itaguí, con la condición de que comenzara a devolver todas las viviendas. Y hasta el momento han devuelto alrededor de 90 casas.

Pero para nadie es un secreto que esta banda continúa delinquiendo en la ciudad y si bien pueden operar de una forma más camuflada y soterrada, casos como el de Ines evidencian su nivel de hostigamiento y control en algunos barrios de Medellín. Funcionarios de una unidad estatal han recibido varios casos de denuncia de personas víctimas de los Triana. “El de Inés no es único, ni será el último” dijo uno de ellos.

Investigadores sociales de la ciudad que prefieren guardar su identidad afirman que Los Triana supera los 300 hombres en capacidad de usar armas. Ha ejercido control permanente desde su surgimiento a mediados de los noventa sobre las actividades comunitarias y sociales, sobre la economía a partir de las cuotas que, según integrantes de los Triana, voluntariamente les aportan habitantes, empresas y contratistas de la zona.

Este poder de los Triana también ha sido reconocido por el hecho de ser la última banda en plegarse al proyecto paramilitar. Los Triana no fue incluida en las negociaciones del bloque Cacique Nutibara y sólo hasta la reinserción de Cristales y Zaragoza se presentaron algunos de sus miembros como tales.

SEMANA quiso constatar en la Comuna 2 las denuncias hechas por la gente sobre el control que aún ejerce la banda en la zona y fue abordada por dos hombres jóvenes que ocultaron su nombre e hicieron varias preguntas con relación a nuestra visita. “Por seguridad, nosotros los acompañamos el resto del recorrido” dijo uno de ellos.

El Vicepresidente, Francisco Santos, estuvo en ese mismo sextor el pasado 15 de agosto, en la última entrega de viviendas. En el recorrido que hizo por el barrio Villasocorro dijo ante los medios de comunicación: “Hechos como éste producen credibilidad ante el país". Inés, que estaba en el acto junto con hija, no entendió la frase que acababa de pronunciar el Vicepresidente. “¿A qué credibilidad se refería?” se preguntó ella.

Antes de que se terminara el acto y de que toda la bulla con pancartas y aplausos terminara, Inés logró traspasar la pared de escoltas hasta llegar al Vicepresidente. Recortó una hoja de su agenda y se la entregó antes de que él partiera. En la hoja le había descrito su situación y le pedía que hiciera algo por su casa. Santos la abrazó y le dijo que pronto la estaría llamando.

Pero al teléfono de Inés sólo han llamado mensajeros de los Triana con insultos. Ella sabe que vendrán más entregas de viviendas, más celebraciones y pancartas mientras continúa en su rutina de pedir ayuda para retornar a una casa propia con un único discurso: “Sólo quiero vivir en una casa en paz y con mi familia”.


* Se cambio el nombre por razones de seguridad

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