Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2015/11/27 20:00

La increíble historia del falso espía valluno

Semana.com revela detalles del caso de Jesús Ríos, un joven colombiano con problemas psiquiátricos que fue capturado en Venezuela y señalado de ser espía.

Esta es la casa de Jesús Ríos en Tuluá (Valle). Foto: Archivo particular.

Mientras el mundo entero observaba con gran sorpresa la expulsión de miles de colombianos ordenada por el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en agosto pasado, Esperanza Valderruten padecía una tragedia en solitario.

Por esos días recibió una llamada desesperada de su único hijo, Jesús Enrique Ríos Valderruten, quien le pedía a gritos que lo ayudara porque había sido capturado por las autoridades venezolanas y lo acusaban de ser espía. Recibió la angustiosa llamada en el celular de una amiga porque ella no tiene, y su hijo sólo atinó a contarle que estaba preso en Caracas.

Esperanza se armó de valor y de la mano de sus vecinas Ruby Díaz y Janeth López, integrantes de la Junta de Acción Comunal (JAC) del barrio Santa Isabel de Tuluá, donde viven, empezó la búsqueda. “Era como tratar de encontrar una aguja en un pajar”, explicó Ruby a Semana.com.

Hallaron las primeras respuestas en la Defensoría del Pueblo en Bogotá, donde instauraron un Derecho de Petición en el que pedían información sobre el paradero de su hijo en Venezuela, su situación jurídica y las condiciones de salud.

En la entidad hallaron el canal directo con la Cancillería, donde funcionarios le confirmaron que Jesús Enrique estaba preso y su estado de salud no era el mejor. En esa primera llamada que ocurrió esta semana, no hubo detalles de su estatus legal, “pero sí me advirtieron que debía viajar pronto a Venezuela y para ello debía tener listo mi pasaporte”, dijo la confundida Esperanza.

El caso de Jesús ha llamado la atención por una sencilla razón. Resulta exótico, por decir lo menos, que esté acusado de espía, no sólo por sus orígenes humildes en el Valle y su corta edad, sino porque está demostrado clínicamente que el joven padece un problema psiquiátrico, al parecer, derivado de una lesión.

Lo grave del asunto es que esta no es la primera vez que en Venezuela señalan a los colombianos de espías. Fuentes oficiales explicaron que en la actualidad hay documentados otros casos similares, donde las autoridades vecinas han graduado de agentes de inteligencia a algunos colombianos.

La tragedia de este joven  comenzó el 13 de agosto cuando viajó a Venezuela con sus papeles en regla y con la única intención de contactarse con dos médicos cubanos que estaban en Caracas. Y la razón para hablar con ellos era la de exponer su caso clínico con el fin de que le ayudaran con su ansiedad y los trastornos que padece como secuelas de una lesión que sufrió cuando tenía 16 años.

El 31 del octubre de 2008 Jesús transitaba por una calle de Tuluá y fue atacado por un grupo de jóvenes que tiraban bombas con agua. Uno de ellos le soltó una, pero con puñetazo incluido. Le reventó el tímpano y le causó una lesión en la mandíbula izquierda.

Pese a que él se quejaba de dolor y vértigo, solo en el 2011 le detectaron la fractura. Para esa fecha la lesión ya le había desencadenado secuelas sicológicas que un psiquiatra diagnosticó como “trastorno de ansiedad”. Desde entonces está en tratamiento y bajo formulación médica. Todo ello está documentado en su historia clínica.

Ahora tiene 23 años de edad, los cumplió el 13 de marzo pasado y como si se tratara de un mal presentimiento, su mamá aún exhibe en la sala de su casa el cartel de Feliz Cumpleaños, “ese día no hubo fiesta ni fotos, pero se los celebré”, recordó Esperanza, quien vive de una pensión que obtuvo por su trabajo en una fábrica de confecciones en Cali.

La vida del joven Jesús ha sido tan calmada, que parece más un sacerdote y no un temido espía. Nació en Cali pero allí solo vivió sus primeros siete años. Su padre murió en el 2004. En Tuluá fue acólito de la parroquia La Misericordia, pasó sin problemas por el bachillerato y estudió un año de ingeniería en Sistemas en la Universidad Central del Valle (Uceva).

Es tan tímido, que su mamá no le conoce novia, “siempre me decía que quería trabajar para no ser un mantenido; por eso su meta era solucionar el problema clínico”, dijo Esperanza a Semana.com. Irónicamente, esa meta lo tiene hoy preso en Venezuela y señalado de ser un temido espía.

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