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| 12/13/2014 10:00:00 PM

Un año para olvidar

Las tragedias del 2014 demuestran que en Colombia falta mucho por hacer para proteger a la infancia.

Los niños fueron protagonistas en 2014, pero por hechos que consternaron al país. La muerte de 33 infantes calcinados en un bus en Fundación (Magdalena) enlutó a los colombianos en mayo y cuando la Nación aún no se reponía de la tragedia, se reveló que en La Guajira muchos morían de hambre.

El país aún está en deuda con la niñez y las cifras no son alentadoras. Según el Instituto Nacional de Medicina Legal, en 2013 hubo 1.010 homicidios de menores de edad y 20.904 casos de agresión en contra de ellos. Además, el panorama en 2014 parece ser más desesperanzador: aunque no se conoce el consolidado del año, cifras oficiales indican que solo entre enero y abril se presentaron 7.217 casos de agresión y 298 homicidios.

El suroccidente colombiano ha puesto una de las cuotas más altas en cuanto a homicidios de infantes. La Personería de Cali dijo que, hasta el 22 de noviembre,  173 de ellos fueron asesinados en la capital del Valle del Cauca. El 13 de noviembre Lizeth Dayana Castillo, quien ganó una de las becas del gobierno para ir a la universidad, murió por causa de una bala perdida.

Noviembre fue un mes negro para la niñez en la capital vallecaucana. A la muerte de Lizeth se sumaba el caso de Helen, una niña de 7 años que falleció en una moto al ser alcanzada por una bala que iba dirigida a su padre y el de otra niña de 11 años usada por sus propios padres para llevar en su estómago 104 cápsulas de cocaína.

En ese mismo mes los colombianos también supieron que dos adolescentes de 14 años y una niña de 8 fueron secuestrados por grupos armados ilegales en el departamento del Cauca. Solo el fin de semana pasado dos de ellos fueron liberados, mientras que las autoridades aún buscan a uno de los adolescentes que presuntamente fueron reclutados a la fuerza por las Farc en el municipio de Caldono.

Datos del ICBF y Medicina Legal confirmarían que estas desgracias no son casos aislados. El programa especial para niños desvinculados de los grupos armados ilegales del ICBF reportó que entre 1999 y octubre de 2014 se atendieron 5.645 menores de edad que abandonaron el conflicto. Entre 1990 y abril de 2013 se secuestraron 2.107 niños y 1.003 menores han caído en alguna mina antipersonal entre 1985 y abril de 2013.

Lo peor de todo es que no hay una reacción social palpable. SEMANA conversó, por ejemplo, con Heriberto Pabón, padre de uno de los niños fallecidos en el incendio en Magdalena y representante del comité Ángeles de Fundación. Según él, la tristeza creció cuando un juez precluyó la investigación contra el dueño del bus donde murieron los 33 niños. “El barrio donde vivimos está en igual o peores condiciones. Todavía circulan los mismos buses viejos y los controles de tránsito no se ven. Este es el momento donde no se les han podido hacer los tratamientos reconstructivos a los 24 niños que sobrevivieron”, asegura.

Por su parte, el defensor del Pueblo, Jorge Armando Otálora, sigue preocupado por la desnutrición de los niños en La Guajira, ya que muchos de ellos todavía presentan desnutrición grado tres. “Las cifras son vergonzosas y no tiene presentación que 43 niños de menos de 5 años hayan perdido la vida por física hambre”, concluyó.

El camino por los derechos de los niños en Colombia está lleno de obstáculos, pero tal vez lo más grave es que la principal manifestación de agresión viene desde los hogares: solo entre enero y abril de este año se presentaron 3.255 casos de violencia intrafamiliar contra niños. O sea que muchos de ellos tienen el enemigo en su propia casa.
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