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| 6/21/2010 12:00:00 AM

La inteligencia y la fuerza les dieron la libertad

La operación que permitió el rescate de policías y un militar secuestrados hace 12 años por las Farc fue un triunfo de la inteligencia y dejó en evidencia la descomposición de la guerrilla.

Las operaciones en la guerra en Colombia tienen dos caras. La de la espectacularidad y la de la inteligencia. En la primera valientes hombres arriesgan la vida ejecutando acciones que ni el más avezado guionista de Hollywood podría imaginar. Como la Operación Fénix, por ejemplo, en la que comandos élite de la Policía, apoyados por la fuerza aérea, bombardearon un campamento guerrillero, descendieron de helicópteros en medio de la noche a un territorio desconocido y, bajo una lluvia de balas, se enfrentaron con ‘Raúl Reyes’ y su anillo de seguridad.

En otras acciones, igual de meritorias y valerosas, la victoria es el resultado de una impecable labor de inteligencia en donde queda claro un profundo conocimiento del enemigo. Algo que es fundamental en la guerra.

Hasta hace poco, la más emblemática de ese tipo de operaciones era Jaque, en la cual un comando del Ejército, sin hacer un solo disparo, logró rescatar a Íngrid Betancourt, tres contratistas estadounidenses y 11 secuestrados más, quienes llevaban una década pudriéndose en la selva. Tras Jaque muy pocos pensaron que una acción semejante se pudiera realizar de nuevo. Sin embargo, el domingo de la semana pasada otra operación, bautizada como Camaleón, se convirtió en un nuevo triunfo de la inteligencia.

El 13 de julio, un grupo de hombres de las fuerzas especiales del Ejército rescató al general Luis Mendieta, los coroneles Enrique Murillo y William Donato y el sargento Arbey Delgado. Los oficiales de la Policía y el suboficial del Ejército se habían convertido en ‘la joya de la Corona’ para las Farc. No solo porque llevaban casi 12 años desde que fueron secuestrados por ese grupo subversivo, sino porque se trataba, además, de los oficiales de mayor rango en poder de la guerrilla.

La noticia de la liberación la dio a conocer el presidente Álvaro Uribe en medio de un consejo comunitario en el Chocó. A lo largo de ese día, y en los siguientes, el comandante de las Fuerzas Militares, general Freddy Padilla de León, y el comandante del Ejército, general Óscar González, entregaron algunos datos sobre cómo había sido la operación que arrebató a la guerrilla algunos de los secuestrados más antiguos en su poder.

Sin muchos detalles contaron que hasta el campamento subversivo en las selvas del Guaviare llegó un grupo de Fuerzas Especiales, conformado por cerca de 300 hombres. Tras rodear la base guerrillera para evitar que eventualmente los subversivos escaparan con los secuestrados, un comando más pequeño asaltó hacia el medio día el lugar en donde estaban el general Mendieta y sus compañeros de cautiverio.

Padilla y González, así como los liberados, afirmaron que al menos durante los primeros 20 minutos los hombres de las Fuerzas Especiales coparon el lugar con una gran capacidad de fuego y lluvia de granadas que sorprendió a los subversivos y los obligó a escapar.

A diferencia de otras acciones militares en donde aparte de la liberación de los secuestrados,han resultado guerrilleros heridos, muertos o capturados, en la Operación Camaleón eso no ocurrió. Lo que despertó algunas suspicacias y dejó algunas preguntas sobre el desarrollo de esa acción. Sin embargo, tanto Padilla como González han explicado que desde la planeación de la operación el único objetivo en ese caso era el rescate y la seguridad de los secuestrados, y no capturas o bajas del enemigo.

Inteligencia superior

Lo que es indudable es que, por encima de cualquier cuestionamiento y las dudas que existan, el trabajo desarrollado por los hombres de las Fuerzas Especiales que se internaron en las difíciles selvas del Guaviare fue muy meritorio y la fase final de una operación de inteligencia que comenzó a planearse hace varios años, en donde una de las mayores claves estuvo en el profundo conocimiento que tienen las fuerzas militares sobre las Farc.

El éxito de la Operación Camaleón comenzó a gestarse a comienzos de 2008, cuando miembros de la inteligencia militar descubrieron que Emmanuel, el hijo de Clara Rojas, no estaba secuestrado en la selva, como se pensaba, sino que había sido entregado por la guerrilla a un campesino para su custodia, quien no pudo evitar que el Icbf se lo quitara dado el mal estado en el que lo tenía.
El hallazgo de Emmanuel por parte los militares generó profundas diferencias entre Gentil Duarte, el comandante guerrillero que se suponía tenía al niño, y otro grupo de secuestrados, y el ‘Mono Jojoy’.

A Duarte le quitaron el control de los secuestrados, que pasaron a manos del Frente 45 y posteriormente, bajo la custodia de ‘Chucho’ Díaz, del Frente Séptimo, quien había sido degradado como segundo comandante de esa estructura. La sanción que recibió Díaz lo resintió mucho, y se iniciaron una serie de rencillas de este con otros comandantes.

Por medio de controles técnicos, infiltración e información de los desmovilizados y desertores, los miembros de la inteligencia militar se dieron cuenta de que el grupo de secuestrados estaba a un lado del río Inírida. Desde marzo la observación sobre el río se incrementó. Cámaras, fotos detalladas, mapas e imágenes precisas del campamento les permitieron conocer a los guerrilleros como la palma de la mano. Los oficiales estudiaron rutinas y se dieron cuenta de cuál era el estado de ánimo del grupo. Incrementaron las tensiones internas gracias a que lograron penetrar los frentes de la región.

En marzo un guerrillero conocido como ‘Marcos Parrilla’ fue herido en combates con la Fuerza de Tarea Omega y, una vez capturado, él y otros desmovilizados aportaron nueva información que ratificó las hipótesis que tenían los militares. Así se empezó a planear una operación de fuerzas especiales para acercarse lo más que se pudiera a los secuestrados, tal como se había hecho antes de la Operación Jaque, cuando las Fuerzas Especiales lograron, incluso, ver y escuchar a los tres norteamericanos en la selva.

Las Fuerzas Especiales son grupos pequeños cuya mayor fortaleza es el camuflaje, ya que se mimetizan con la vegetación y se mueven lento. Tienen una gran capacidad para sobrevivir en el fango, el agua, el desierto y la selva, prácticamente sin comer ni moverse; y se caracterizan por su contundente capacidad de fuego.

Las versiones que han dado las Fuerzas Armadas y los liberados sobre los minutos que siguieron a la incursión de las Fuerzas Especiales hablan de un nutrido cruce de disparos, de la confusión inicial y de que los guerrilleros corrieron dejando sus fusiles y equipos de campaña tirados.

El relato ha dejado múltiples dudas en el ambiente. Por un lado, porque es extraño que no haya habido muertos ni heridos en una operación de asalto que, por definición, pone a los enemigos frente a frente. También ha resultado extraño que a pesar del maltrato durante más de una década que recibieron los secuestrados, ese día y a esa hora, por primera vez, los insurgentes dejaran a un lado sus armas, aflojaran las cadenas de los cautivos y planearan una fiesta de cumpleaños para el general Mendieta.

Ante estas extrañas circunstancias, ha surgido la hipótesis de que además del exitoso asalto hubo colaboración desde adentro, tanto por militares que estaban infiltrados como de guerrilleros que gracias al trabajo de inteligencia ya se habían cambiado de bando. De hecho, el general González reconoció que se pagarán 2.500 millones de pesos a varias personas que hicieron posible el rescate, entre ellos, ‘Parrilla’.

Posiblemente lo que hizo posible que la Operación Camaleón fuera exitosa es una combinación de una paciente labor de inteligencia, cuyo broche de oro fue una audaz operación militar. Los detalles no se sabrán, por lo menos por ahora, pues las Fuerzas Armadas consideran que revelar más datos de la operación les daría una ventaja militar a las Farc, o sería en todo caso una torpeza, como ocurrió con Jaque, cuyos videos, aunque debieron ser destruidos, terminaron vendidos al mejor postor por parte de militares irresponsables.

Aunque muchos pensaban que después de Jaque no habría rescate posible, Camaleón demostró que con buena inteligencia todo es posible. Y también que los guerrilleros de las Farc ya no tienen la moral de combate que tuvieron en otro tiempo. Esos dos elementos son la esperanza de quienes aún siguen en cautiverio, para quienes, gran paradoja, en el pasado el rescate militar era visto como una amenaza, y ahora, como la única salida posible.
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