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| 3/6/1995 12:00:00 AM

LA ISLA DE LA DISCORDIA

No son claras las ventajas del proyecto del gobierno que busca volver a convertir a Gorgona en una isla prisiòn.

CUANDO EN 1937 HENRI Charriere y otros prisioneros escaparon de la temible isla del Diablo, en la Guayana francesa, las autoridades quedaron totalmente sorprendidas. Hasta ese momento la prisión de ultramar era considerada como un sitio inexpugnable, pues durante los 300 años anteriores nadie había logrado salir vivo de allí.
Sin embargo, en una pequeña balsa, sorteando las fieras, el hambre y las tempestades, los hombres lograron llegar con vida a la Guajira colombiana. Esta odisea fue narrada en un libro escrito 30 años después por el mismo Charriere -el legendario Papillon- y se consagró en una película cinematográfica protagonizada por Steve McQueen y Dustin Hoffman. Pero esa no fue la única vez que sucedió algo semejante: en 1963 cuatro hombres lograron fugarse de la no menos famosa prisión de la isla de Alcatraz, situada al frente de la bahía de San Francisco, en California. El episodio llevó a las autoridades estadounidenses a clausurar para siempre la temible prisión, que demostró ya no ser infranqueable.
La lista de los episodios históricos sobre las islas prisión no tiene fin. Y es que esos lugares, especialmente en siglos pasados, fueron los favoritos de las autoridades para conducir a sus detenidos. Inclusive uno de los personajes más importantes de la historia universal, Napoleón, fue recluido en dos islas: Elba y Santa Helena. También en la literatura hay este tipo de casos: Alejandro Dumas sometió a cadena perpetua al conde de Montecristo en la isla de If. La preferencia de las islas como cárcel tenía sentido, pues se trataba de un lugar remoto, vigilado por tiburones, los cuales impedían que los presos pensaran siquiera en la posibilidad de escapar.L De hecho si alguno de ellos intentaba hacerlo, solía morir ya fuera por las balas de los guardianes, devorado por las fieras o tragado por el mar. En la isla colombiana de Gorgona, que sirvió de prisión desde finales de la década del 50 hasta 1984, muchos de los presos que intentaron escapar perecieron ahogados o comidos por los tiburones.
Sin embargo hoy ya se puede afirmar que las islas prisión pasaron a la historia. Desprestigiadas -ya fuera por las eventuales fugas o por los problemas de mantenimiento y comunicación-, son ahora únicamente un buen pretexto para realizar guiones de acciòn al estilo hollywoodense. Los peligros del mar, que durante siglos hicieron el papel de implacables vigilantes, fueron reemplazados por equipos de seguridad de la más alta ingeniería. Como dijo a SEMANA el ex ministro del Medio Ambiente Manuel Rodríguez Becerra: "Hoy en día las cárceles son un hecho tecnológico, nada tiene que ver su situación geográfica. Ya no hay que sacrificar parques naturales para tener a los delincuentes tras las rejas".
Precisamente por eso no fue bien recibida la propuesta del Ministerio de Justicia en el sentido de convertir de nuevo a Gorgona en una prisión. El argumento expuesto es la necesidad de superar la crisis carcelaria que vive el país. Pero cuando se está a las puertas del siglo 21 es un tanto ilógico considerar que la solución para dicha crisis sea revivir una idea de prisión que fue usada en el siglo 18. "Es una salida de desesperación -agrega Rodríguez-. Y al mismo tiempo es una muestra de la inconsciencia ambiental que sigue existiendo en la clase dirigente del paìs".

REFUGIO NATURAL
No deja de ser insólito que un gobierno que ha señalado la protección de la biodiversidad como uno de los puntos importantes de su gestión piense en realizar semejante proyecto. Y es que no se está hablando de una isla cualquiera. Gorgona reúne dos de los ecosistemas más complejos y productivos de todo el planeta: los arrecifes de coral y la selva húmeda tropical. Según expertos ambientalistas, la isla cuenta con condiciones oceanográficas casi perfectas, y tiene una elevada producción de agua dulce. Incluso se ha vuelto famosa por ser el sitio donde se dan citá las ballenas jorobadas para reproducirse después de haber realizado un largo viaje de 8.000 kilómetros desde la Antártida.
Por todo esto Gorgona se convirtió en uno de los más importantes parques naturales del país. Una categoría que obtuvo en 1985, después de haber sido cárcel durante 30 años, tiempo en el cual el 35 por ciento de su bosque se destruyó, el 40 por ciento de las especies des apareció y el 90 por ciento del arrecife coralino resultó afectado. "Allì se vivía en condiciones infrahumanas -dij o a SEMANA un mayor retirado de la Policía que dirigió la prisión por varios años-. Al principio los internos y los guardianes comìan sólo pescado y después comenzaron a cazar animales de la isla. Se acabó con un tesoro ecológico".
Hoy en día el ecosistema está recuperado. Después de una década de trabajo por parte de expertos Gorgona volvió a tener su valor biológico original. "Es absurdo que el parque se vuelva de nuevo una prisión -dice Claudia Romero, de la Fundación Natura y quien estuvo a cargo del rescate de la isla-. No se trata de que una u otra especie pueda desaparecer, sino de una violación a los principios que el país adoptó en la nueva Constitución".
Los ecologistas piensan que construir una prisión en Gorgona sería ir en contra de la Ley 99 de 1993, la cual determinaque "la biodiversidad del país, por ser patrimonio nacional y de interés de la humanidad, deberá ser protegida prioritariamente y aprovechada en forma sostenible". Además le otorga al Ministerio del Medio Ambiente la responsabilidad de dar la última palabra en todo lo que tenga que ver con decisiones que afecten el ecosistema nacional.
Por esa razón, la semana pasada el despacho de Cecilia López Montaño, ministra del Medio Ambiente, fue el sitio de reunión entre representantes de esa cartera y del Ministerio de Justicia. "Los funcionarios del Ministerio de Justicia llegaron empujando duro para que la idea de la isla prisión se hiciera realidad", dijo una fuente de la cartera del Medio Ambiente consultada por SEMANA. Sin embargo el concepto técnico entregado por esa cartera fue muy claro: no es recomendable hacer de Gorgona una cárcel.
Legalmente no es factible: los parques nacionales naturales están destinados para usos exclusivos de conservación, investigación y recreación. Y en términos operativos tampoco resulta adecuado. Serían miles de millones de pesos los que tendría que invertir el gobierno para volver a la isla una prisión de alta seguridad. Sería contradictorio que después de que el gobierno invirtió más de 10.000 millones de pesos en la construcción de pabellones de máxima seguridad, como los de Itaguí, Cali, Palmira y Bogotá, se decida dar marcha atrás y comenzar de nuevo. Actualmente estos pabellones están subutilizados: el deItaguí, con capacidad para 100 presos, sólo tiene 20 reos; y el de Palmira está destinado únicamente a Iván Urdinola.
Además tampoco es claro qué tan seguro sería llevar a Gorgona a los delincuentes del país. Aunque "los tiburones no son sobornables", como dijo la semana pasada el director de prisiones, coronel Norberto Peláez, lo cierto es que a nivel de seguridad la isla no ofrece muchas garantías. "Gorgona está a sólo 30 minutos en helicóptero desde la costa -dijo a SEMANA José Vicente Calderón, gerente de General Security, firma encargada de la construcción de la cárcel de Itaguí-. En Colombia el poder adquisitivo de los delincuentes es tan alto que disponen de las lanchas o helicópteros para una eventual fuga".
Pese a la controversia, los defensores del proyecto argumentan que el costo ecológico se puede pagar si es a cambio de conseguir que en Colombia haya por fin una cárcel segura. En cuanto al argumento de que la geografía no determina la seguridad, aducen que uno de los elementos fundamentales de ésta es el bloqueo de las comunicaciones. La experiencia demuestra que los beepers y los celulares son más peligrosos que los helicópteros y las armas. Por esto el gobierno está decidido, así pierda en el caso de Gorgona, a construir una cárcel de seguridad fuera del territorio continental. Aunque en este momento no se sabe quiénes serían los futuros habitantes, la lista estaría, encabezada por narcotraficantes, quienes han logrado seguir manejando sus recursos desde las cárceles e incluso conspirar contra altos funcionarios del Estado.
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