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| 1/6/2012 12:00:00 AM

La izquierda echó una mano

Menos mal vino la izquierda, la mano izquierda, a echar una mano. Esa de Manuel Jesús, El Cid, por ejemplo, para cuajar naturales que sumaron series de exposición con el primero de la corrida, noble y dispuesto, en que el hierro de la casa vivió una fugaz luna de miel con la tradición aquella de que los de Gutiérrez no fallan.

Los tres -El Cid, Castella y Bolívar- se agarraron duro para no dejar que esa montaña rusa que fue el encierro de la ganadería de Ernesto Gutiérrez Arango terminará por tirarlos en el camino. Así, los alternantes lograron sacar a la otra orilla una tarde que estuvo a punto de naufragar no sólo por algunos de los toros, sino por el mal tiempo.

Pero, como dice Manolo Molés, el día del diluvio hubo toros en Manizales. Y ayer no podía ser la excepción. Va para adelante, dijeron a las 4 de la tarde. Y la tarde fue. Sin mucho toro. O, más bien, con poco toro. Porque, aparte de ofensividad, faltó motor y, antes que nada, regularidad.

Menos mal vino la izquierda, la mano izquierda, a echar una mano. Esa de Manuel Jesús, El Cid, por ejemplo, para cuajar naturales que sumaron series de exposición con el primero de la corrida, noble y dispuesto, en que el hierro de la casa vivió una fugaz luna de miel con la tradición aquella de que los de Gutiérrez no fallan. Desde el capote, el toro pasó con calidad y nunca pareció perderla. El Cid no pudo redondear con el acero y la oreja otorgada fue un acierto del palco.

En el cuarto, el vecino de Sevilla tuvo la fortuna de encontrarse con un animal que peleó en los medios, aunque sin la largura en las embestidas del otro. El torero supo estar ahí, en los terrenos indicados, enseñándole la ruta hasta conseguir que el ejemplar creciera y pasara, por poco, la frontera que colinda con la importancia. Otra vez no pudo acertar a la primera, pero la oreja que le dieron significó una puerta grande que pesa en las estadísticas de la Feria.

Los otros cuatro ejemplares marcaron más abajo. El sexto, al que le dieron una injusta vuelta al ruedo, tuvo como virtudes el ser fijo y no renunciar a los medios. Esta vez la izquierda de Luis Bolívar puso su parte. Los muletazos largos salieron, primero, de haber elegido tomar en largo a un animal que apretó en el caballo y pedía distancia. Y segundo, de ese don que Luis lleva en su mano de cobrar para hacer toreo caro en esa verdad que son los naturales. Por momentos, pareció que el estado del ruedo era otro y que la muleta no pesaba. Labor corta, efectiva y emocionante. Dos orejas.
 
El tercero fue manso perdido. Luis no hizo más que buscarlo, pero el toro siempre dio la espalda para marcharse, no sin antes deambular sin norte, desobedeciendo a capotes y cites.

A Sebastián Castella le salió uno parecido, por no decir igual. Fue el quinto de la tarde-noche. El francés se entregó como si fuera la última oportunidad y no claudicó hasta cuando ya entendió que era imposible. La gente le dio las gracias en forma de ovación.

En el segundo, planteó una faena que partió desde la técnica y viajó por el temple y el mando. El toro no dejó ver muchas condiciones, pero Sebastián edificó, piedra a piedra, una obra sencilla en la que logró embarcar al toro hasta hacerlo suyo. Luego se puso en esos terrenos del riesgo extremo en que se mueve como si fueran propios. Pudo cortar una oreja, pero la espada falló. La ovación no apagó la frustración, pero fue un consuelo.
Ficha

Feria de Manizales
Tercera corrida de abono
Jueves 5 de enero

Seis toros de Ernesto Gutiérrez Arango

Desiguales de juego y presentación. Muy chico el primero, que fue noble. Segundo y cuarto fueron a más, sin romper del todo. Tercero y quinto, mansos. Al sexto, fijo y de poca duración, le dieron la vuelta al ruedo
440, 450, 500, 446, 500 y 514 kgrs

El Cid
Obispo y oro
Oreja y oreja

Sebastián Castella
Rosa y oro
Ovación y ovación

Luis Bolívar
Salmón y oro
Palmas y dos orejas

Detalles:
Llovió durante toda la tarde. Más de media entrada. Gran vara de Luis Viloria al sexto de la corrida.
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