Lunes, 22 de diciembre de 2014

| 2013/09/21 06:00

La larga marcha de los diálogos de La Habana

Tras una ronda casi sin avances, el ritmo de las negociaciones entre el gobierno y las Farc luce más lánguido que nunca.

El jueves 19, Humberto de la Calle y Rodrigo Granda leyeron sendos comunicados, al final de la ronda número 14 de los diálogos en La Habana.

Todo, desde el ritual comunicado conjunto hasta una fuerte declaración de las Farc, e incluso las palabras del jefe negociador del gobierno, que cerraron el jueves pasado la décimocuarta ronda de negociación, apunta a que las cosas no van como quisiera el gobierno en La Habana.

El jueves culminó la ronda número 14 de los diálogos entre el gobierno y las Farc, que la semana pasada cumplieron 11 meses. Pese a que fue la quinta dedicada al segundo punto de la agenda, participación política, no hubo señales que permitan vislumbrar la evacuación de este punto –así sea con salvedades importantes, como el agrario– y el paso al siguiente. Y las declaraciones reforzaron la idea de que la negociación no solo avanza con desesperante lentitud sino en medio de complejas tensiones.

“Hemos avanzado en la construcción de acuerdos” es la fórmula empleada en muchos de los 24 comunicados conjuntos en estos 11 meses para indicar que las partes avanzan pero no llegan a la meta en acuerdos puntuales. 

Por el del jueves, se supo que están redactando; que se han ocupado de los tres subpuntos del tema de participación política (hasta la pasada ronda iban solo en el primero), y que han intercambiado ideas y propuestas sobre los próximos puntos de la agenda, como los mecanismos para poner fin al conflicto, los derechos de las víctimas y drogas ilícitas (que será objeto de dos foros, en Bogotá y San José del Guaviare, como los que se han realizado sobre agro y participación política). 

Sin embargo, el mismo comunicado conjunto da una idea de lo magro de los avances. Se señala solo que se avanzó en la redacción de “mecanismos de participación ciudadana y diálogo social” y que siguen discutiendo “concepciones” sobre temas como el fortalecimiento de las organizaciones y movimientos sociales. Estos son todos los ‘avances’ que se mencionan.

La declaración de Humberto de la Calle fue otro baño de agua fría. Aunque el jefe negociador del gobierno reivindicó “logros importantes” en el proceso, como los acuerdos sobre desarrollo rural, dijo que no son suficientes. Criticó a las Farc por su “exceso de retórica” y sus constantes declaraciones  y aceptó que “falta eficacia en estas conversaciones”. Recordó a la guerrilla que la agenda pactada indica avanzar “de manera expedita y en el menor tiempo posible” hacia un acuerdo final, y dijo que el gobierno “espera avanzar de manera efectiva (…) en el próximo ciclo”, insistiendo en que la paciencia de los colombianos no es infinita.

Las Farc contribuyeron a reafirmar esta atmósfera enrarecida con un comunicado ese mismo jueves en el que declararon el Marco Jurídico para la Paz “un enorme estorbo” para la paz, fustigaron nuevamente el trámite del proyecto de referendo en el Congreso como una iniciativa unilateral del gobierno y dijeron a la Corte Constitucional que no puede exigir a la guerrilla devolver secuestrados “que no tiene”.

Rodrigo Granda, que leyó el comunicado, dijo que “se rompe con el compromiso gubernamental de resolver el asunto de la refrendación  concertándolo con la contraparte” y llamó a un urgente “respeto a la bilateralidad que entregue confianza para seguir adelante”.

En otro comunicado, las Farc reiteraron sus críticas e introdujeron matices. Se quejaron de que no se les permitiera reunirse con una delegación del Congreso y los partidos; volvieron sobre su propuesta de Constituyente en lugar de referendo como mecanismo de ratificación de los acuerdos, e insistieron en que la paz “no puede atarse a fechas”. Pero también dijeron que están en La Habana para poner fin al conflicto, que no hay combatientes “buenos” o “malos” y que todos deben aportar a la verdad (un tono muy distinto de cuando se ponían a sí mismas como ‘víctimas’ del conflicto y al Estado como victimario).

Matices quizá demasiado sutiles. Pocas rondas han terminado, como esta, con declaraciones tan desalentadoras de las partes y tan poca sintonía. Expresión de tensiones de fondo en el proceso. Por un lado, al presidente le urgen resultados rápidos y palpables. Del otro, ante la debilidad del mandatario en las encuestas y el auge de la movilización social, las Farc deben estar evaluando si firman ahora o esperan hasta que las elecciones aclaren el panorama. 

Por lo visto, la marcha en La Habana será más larga de lo previsto. El plazo autoimpuesto por el presidente de tener un acuerdo para fin de año cada día luce menos realista. 

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