Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 12/5/2015 8:00:00 PM

La lección de San Carlos para el posconflicto

Después de haber sido uno de los pueblos más azotados por el conflicto, este municipio da ejemplo de participación y democracia.

Queda a 119 kilómetros de Medellín. Allí el conflicto dejó un saldo de 33 masacres, 156 desapariciones, 78 víctimas de minas, un número indeterminado de muertos y el desplazamiento de siete de cada diez de sus habitantes. En sus 702 kilómetros cuadrados no hay un habitante que jamás haya sentido la guerra. Pero hoy recuperaron la voz después de que en una época hablar significaba la muerte. Esta y otras razones lo convierten en el laboratorio de paz por excelencia de Colombia.

San Carlos, históricamente, ha sido un pueblo que habla y que se asocia. Todo comenzó en los años setenta cuando sus principales líderes crearon el Movimiento de Acción Sancarlitana para contrarrestar la llegada de las hidroeléctricas que amenazaban con desplazar a la población. Antes de 1997, fecha que los pobladores identifican como el estallido del conflicto duro, había 110 organizaciones solo dedicadas al tema ambientalista.

Esas manifestaciones fueron acalladas con sangre por elites políticas y terratenientes que se apoyaron en las Autodefensas del Magdalena Medio y así, por primera vez, el conflicto acabó una generación entera de líderes. De ahí hasta 2005, el asesinato selectivo se convirtió en pan de cada día y los líderes comunitarios encabezaban las listas negras. Farc, ELN y paramilitares -así como políticos tradicionales y miembros del Ejército- utilizaron esta práctica contra ediles, alcaldes, personeros, concejales, presidentes de asociaciones y de juntas de acción comunal. Una población que rondaba los 20.000 habitantes, en 1997 eligió alcalde con 137 votos y su concejal más votado obtuvo 12. Al año siguiente la guerrilla mató a Nevardo Morales, el que ganó la alcaldía.

Los resistentes asumieron la tarea de borrar esa estela de muerte alrededor de la movilización social. Pastora Mira es una de ellos. Ha liderado infinidad de causas y abandera la reconciliación en San Carlos. Dice que durante la violencia, tanto el líder comunitario como el actor político se vieron “muy castrados”: “A los actores armados no les servía nadie que reclamara derechos. El que pensaba diferente, se moría”.

Ahora, diez años después del fin del conflicto, la situación es otra. La comunidad recuperó el valor de participar y las dos últimas alcaldías apoyaron el proceso. Desde 2012 comenzaron a ponerse en práctica los presupuestos participativos, una herramienta con la que la comunidad prioriza sus necesidades y decide en qué invertir los recursos.

Uno de los más representativos es la caseta comunal La Viejita, una casa que la Alcaldía construyó para que los líderes comunitarios de un barrio se reu- nieran con la gente y recogieran peticiones relacionadas con el acueducto, las vías y cultivos, entre otras. A diez metros de allí, junto al monumento de Cristo Rey, aparecía a diario más de un muerto boca abajo. Lo que antes llamaban El Deshuesadero es ahora un símbolo de la unión y resistencia sancarlitana. “El lenguaje de los últimos gobiernos ha sido ‘organícense y yo les apoyo’”, dice Gloria Cristina Loaiza, secretaria del Concejo.

En medio de esa transformación han pasado cosas increíbles. Dos exparamilitares trabajan con la administración pública, uno como auxiliar de planeación y el otro, como si fuera poco, está a cargo de la planta potabilizadora de agua.

Lo que de 1997 a 2005 era impensable hoy es normal en San Carlos: todos participan y conviven en la diferencia. Hay 30 asociaciones, las 79 veredas tienen activa su junta de acción comunal –en tiempos de guerra solo seis se mantuvieron en pie-, eligieron a su primera alcaldesa en 2011 y en las últimas elecciones las tres candidatas eran mujeres.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.