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| 12/17/2011 12:00:00 AM

La lección de los estudiantes

La novedosa protesta no violenta de los universitarios obligó al gobierno a retirar su proyecto de reforma a la educación superior. El pulso quedó planteado para 2012.

Las imágenes de estudian-tes abrazando a los policías antimotines durante las marchas multitudinarias en las principales ciudades del país quedaron como símbolos del renacer de un movimiento universitario que demostró la importancia para la democracia de la protesta social, y obligó al gobierno a dar marcha atrás en su proyecto de reformar la educación superior.

El movimiento surgió en marzo, poco después de que el gobierno anunció sus planes para aumentar la cobertura y la calidad de la educación superior. Presentó como una gran reforma lo que en realidad eran ajustes menores a la Ley 30, sin que mediara una concertación previa al menos con los rectores. En especial levantó ampolla el énfasis de la ministra de Educación, María Fernanda Campo, en un punto de la reforma –el de permitir la creación de universidades con ánimo de lucro– y la falta de claridad en torno a cómo se iban a financiar las públicas.

La ministra recorrió el país para ‘socializar’ el proyecto. Para el 3 de octubre, cuando lo presentó al Congreso, los rectores habían logrado incluir sus pretensiones y el gobierno había eliminado el controvertido tema del ánimo de lucro. Pero los estudiantes se sintieron traicionados al ver que no se incluían sus propuestas, se movilizaron aun con más energía y se fueron a paro.

Con el proyecto de ley en el Congreso, el pulso creció. El ministro del Interior, Germán Vargas, amenazó con aprobarlo con la aplanadora parlamentaria de la Unidad Nacional, si los estudiantes no levantaban el paro, volvían a clase y planteaban sus puntos en el Congreso. Esto solo impulsó más la protesta. El punto máximo de las marchas llegó el 10 de noviembre, cuando miles y miles de estudiantes se tomaron las calles de Bogotá, a pesar de la promesa del gobierno de retirar el proyecto y concertar uno nuevo.

El carácter multitudinario y pacífico de las manifestaciones, un despliegue de creatividad que se tradujo en besatones, marchas de antorchas, disfraces, desnudos y docenas de otras actuaciones simbólicas y el uso de los nuevos medios de información mostraron al país que sí es posible protestar sin violencia.

El resultado era previsible: a mediados de noviembre, el gobierno retiró la reforma del Congreso y convocó a los estudiantes y demás estamentos universitarios a discutirla antes de volver a presentarla.

El paro estudiantil se levantó en medio de una sensación de triunfo. Si bien ganaron esta primera batalla, el verdadero pulso quedó planteado para 2012. Sus visiones y las del gobierno sobre la educación siguen tan enfrentadas como antes y se viene una dura discusión. Los estudiantes tienen el reto de poner en el papel y con argumentos cuál es la reforma que quieren. La Mesa Amplia Estudiantil (Mane) acordó en su última reunión, en Neiva, preparar un proyecto de ley para octubre próximo, a través de un proceso de foros y consultas masivo con los estamentos universitarios y todos los sectores que quieran sumarse. Entre el 7 y el 9 de junio habrá un encuentro nacional del que debe salir la exposición de motivos del proyecto, que un grupo de expertos se encargará de convertir en el texto final. A fines de enero, se reunirán para definir quiénes serán los voceros que, a partir de febrero, deben empezar a discutir con la ministra.

Una de las grandes consecuencias de la movilización estudiantil es que ahora el futuro de la educación superior se ha convertido en un debate de toda la sociedad. De la forma como el Estado escuche e involucre a todos los actores dependerá el éxito o el fracaso del nuevo proyecto.
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