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| 5/18/1998 12:00:00 AM

LA LEY DEL TALION

La matanza de 15 reclusos en La Picota de Bogotá demuestra que en las cárceles impera la ley del más fuerte.

Lo primero que escuchó el guardián del pabellón fue un rumor de voces que se extendía a lo largo del pasillo. En cuestión de segundos se convirtió en una algarabía insoportable. Cuando quiso reaccionar ya el pasillo estaba copado por hombres encapuchados y armados con revólveres y cuchillos, estos últimos fabricados, al parecer, en las propias celdas de los reclusos. Uno de ellos esgrimía con furia un bate de béisbol. Otro llevaba en su mano derecha una manopla de hierro fundido capaz de enviar a la lona al propio Mike Tyson. Eran cerca de 50 presos los que vociferaban ante el aturdido guardián del patio cuatro de la cárcel La Picota de Bogotá. "Hermano, no se meta. La cosa no es con usted", le dijo en tono conciliador pero amenazante el hombre del bate. Ni las palabras, ni el propio bate intimidaron al vigilante. Sí lo asustó el revólver 38 largo que otro detenido le apuntaba directamente a los ojos."¿No entendió? ¡Apártese que la cosa no es con usted!" , repitió el hombre del revólver. Lo único que tenía para defenderse era el bastón de mando de madera que colgaba de la pretina del pantalón. Una norma establece que dentro de las cárceles colombianas no se pueden portar armas de fuego. Ni siquiera la propia guardia carcelaria. El hombre no podía encontrarse más indefenso. Inerme se apartó de la turba y salió corriendo por el pasillo para informar a sus superiores lo que sucedía. Mientras alertaba a sus compañeros el medio centenar de hombres encapuchados ingresaba al patio cuatro para hacer justicia por sus propias manos. Una a una fueron llamando a las futuras víctimas. "¿Dónde está Angelino Calderón? ¿Quién es Javier Sánchez Henao?". Así hasta completar 15. Como nadie respondía al llamado los propios compañeros de patio los señalaron. La matanza duró 12 minutos. Empezó a las 12:30 y terminó a las 12:42 minutos del medio día del lunes 13 de abril. Sólo hasta el día siguiente, cuando ingresaron los funcionarios del CTI de la Fiscalía, Medicina Legal, Policía Metropolitana y Dijin, las autoridades pudieron comprobar la dimensión de la tragedia. Esparcidos a lo largo de los pasillos estaban los cadáveres de las 15 víctimas. No pudieron ser reconocidos ni por sus propios compañeros. Dos reclusos heridos durante el ataque fueron trasladados a un hospital de la ciudad. Según los reportes de Medicina Legal y Fiscalía General, aunque algunas de las víctimas albergaban en sus cuerpos proyectiles de armas de fuego la mayoría murió a causa de las heridas por armas cortopunzantes o por golpes. "A Escobar le destrozaron la cara con un palo. A Camacho y a Parra, que se escondieron en una de las celdas, los cogieron a puñaladas por todo el cuerpo. Después los pisotearon y los escupieron a todos", declaró uno de los sobrevivientes.
La banda de los 15
Consumada la matanza surgieron los interrogantes: ¿Cómo ocurrieron los hechos? ¿Quiénes eran los autores intelectuales? ¿Por qué esa masacre? ¿De dónde salieron las armas? Contrario a lo que podría pensarse, la matanza del 13 de abril en La Picota no empezó ese lunes. Fue meses atrás cuando, ante la posibilidad de una fuga masiva, las autoridades trasladaron a varios de los presos del patio cuatro. De acuerdo con los reportes de inteligencia, los principales líderes del pabellón tenían un plan para escaparse de la cárcel. Este involucraba a guardianes y a reclusos de otros patios. Uno de los afectados con el traslado fue 'El Cacique', del patio cuatro, quien era algo así como la máxima autoridad del pabellón. Sin su autorización no se hacía nada. Al cambiarlo, el patio cuatro quedó sin jefe y sin ley. Se desató entonces una lucha por el poder entre los distintos reclusos que intentaban ganarse el respeto de sus compañeros mediante el terror y la intimidación. Se impuso la 'Banda de los 15', que ocupó el espacio dejado por 'El Cacique'."Ellos impusieron su ley. Aquí nadie podía hacer nada sin su autorización. Ellos empezaron a cobrar por todo. Por la droga, las armas, el licor y hasta las visitas a que tenemos derecho", dijo a SEMANA uno de los internos. Pero la 'Banda de los 15' no alcanzó a imaginar que su régimen de terror tenía un límite. Sus integrantes se encargaron de sobrepasarlo. El domingo 12 de abril algunos de ellos violaron a dos mujeres que visitaban a familiares en la cárcel. Lo hicieron en presencia de todos. No fue éste, sin embargo, el hecho que rebosó la copa. Fue al día siguiente en la mañana, cuando la 'Banda de los 15' intentó atracar a Oscar Alexander Rodríguez, uno de los reclusos del patio, quien había sido trasladado hacía ocho meses desde la cárcel de Girardot. Rodríguez, un joven de 19 años, que gozaba del aprecio de la mayoría de los reclusos del patio cuatro, opuso resistencia. Fue apuñalado. Se desangró en la mitad del patio. Ninguno pudo hacer nada para evitarlo. Luego de su muerte los integrantes de la banda arrojaron su cuerpo a una alcantarilla del pabellón. De allí fue sacado horas más tarde por los guardias. "Con la muerte de Rodríguez, ellos cavaron su propia tumba", declaró uno de los internos. La noticia del asesinato de Rodríguez se regó como pólvora. A partir de ese momento empezó a tomar cuerpo la venganza contra la 'Banda de los 15'. Fue así como poco antes del medio día, ese lunes 13, de los siete patios del penal empezaron a salir hombres armados en dirección al patio cuatro. Uno a uno se fueron sumando los internos hasta completar el medio centenar. Para llegar hasta donde se encontraban los integrantes de la banda tuvieron que franquear varias puertas. En ninguna de ellas encontraron resistencia. Los guardias, por temor y por impotencia, dejaron pasar a los vengadores de Rodríguez. Cuando irrumpieron en el patio cuatro asesinaron uno a uno a los 15 integrantes de la banda que había sembrado el terror en la prisión. "El fin de ellos no podía ser distinto: en la cárcel el que a hierro mata a hierro muere", dijo uno de los presos.
Caos general
Más allá de los hechos atroces, lo cierto es que la matanza de los integrantes de la 'Banda de los 15' deja al descubierto el enorme problema de las cárceles del país. No sólo es falta de presupuesto o hacinamiento. En realidad en las prisiones no existe ley distinta a la que imponen a la fuerza los propios reclusos. Entre todos, hay un factor que ha jugado un papel muy importante en la crisis carcelaria de los últimos años. Se trata de la pérdida de autoridad de la guardia. No es un problema de falta de hombres. Es falta de mando y de recursos. "Los reclusos no respetan a los guardianes. Ese es un hecho que no se puede ocultar. No es posible que en medio de semejante crisis uno de los líderes del sindicato de guardianes amenace al país con dejar las puertas de las cárceles abiertas para que se escapen todos los prisioneros y nadie diga nada", dijo a SEMANA el general Ismael Trujillo, director de la Dijin. No le falta razón al alto oficial de la Policía. Tampoco se equivocan quienes vienen denunciando en forma reiterada, sin que se haga nada al respecto, la corrupción en las cárceles y la falta de más lugares de reclusión en el país. El caso más reciente es el de Francisco Bernal Castillo, el séptimo director del Inpec nombrado por el gobierno de Ernesto Samper, quien renunció irrevocablemente la semana pasada luego de reconocer que era muy poco lo que podía hacer para superar la crisis. Bernal Castillo afirmó luego de su renuncia que el instituto a su cargo no tiene los recursos suficientes para poner fin al caos generalizado que se tomó las prisiones y que amenaza, inclusive, la supervivencia del sistema carcelario. De ahí que mientras el gobierno no pase de las declaraciones de buena voluntad a tomar en serio cartas en el asunto, casos como el de La Picota seguirán sucediendo. Y las cárceles seguirán siendo bombas de tiempo que en cualquier momento pueden estallar.
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