Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2009/12/05 00:00

La licitación más apetecida de la historia

Lluvia de críticas a los pliegos con los que se busca licitar el sistema de transporte que cambiaría la movilidad en Bogotá, que llega a 1.300 millones de dólares anuales.

El sistema integrado permitirá a los usuarios usar varias formas de transporte con un solo tiquete y así, acabar con la guerra del centavo

El Sistema Integrado de Transporte Público (Sitp) es una de las mayores transformaciones que se han formulado para Bogotá. Propuesto en la alcaldía de Lucho Garzón, permitirá a los usuarios acceder a distintos modos de transporte público (buses, busetas, colectivos, TransMilenio) con un solo tiquete, tal y como ocurre en las grandes ciudades del mundo.

El modelo es indispensable para acabar con la guerra del centavo, devolverle al Estado el control sobre el transporte público y garantizar el funcionamiento de los buses rojos, del metro y del tren de cercanías, en caso de que estos dos últimos se construyan. Por eso los expertos celebraron cuando el alcalde Samuel Moreno anunció que, antes de finalizar 2009, tendría estructurada la licitación del Sitp.

No obstante, apenas fueron publicados los pliegos de la misma, surgió una lluvia de críticas al proceso de licitación. La semana pasada, y de manera independiente, el proyecto cívico Bogotá Cómo Vamos, Transparencia por Colombia, el representante a la Cámara David Luna y el experto Ricardo Montezuma, lanzaron alertas sobre posibles irregularidades.

La principal, dicen, tiene que ver con que los 24 años por los que se adjudica la operación del Sitp a distintas empresas en 13 zonas de la ciudad, son un tiempo excesivamente largo. Más aún por que los prepliegos establecen millonarias indemnizaciones para los ganadores en caso de que cambien las prioridades de movilidad en cada zona. Así, si dentro de 20 años se decide construir una línea de metro que pase por una zona donde inicialmente no estaba contemplada, habría que indemnizar al operador de la misma. "La extensión de la concesión por 24 años es desproporcionada, inconveniente y sospechosa", dijo Luna al insistir en que las concesiones de TransMilenio, por ejemplo, duran 10 años.

En una carta al alcalde Moreno, el congresista señaló, además, que en los pliegos no hay mecanismos para excluir las empresas que le deben 25.000 millones de pesos a la ciudad y que derivan, en parte, de multas sin pagar. "En la práctica, se les está condonando esta deuda a los transportadores", coincide Bogotá cómo Vamos.

El secretario de Movilidad, Fernando Álvarez, señala que los 24 años responden a necesidades de modelación financiera del sistema. En otras palabras, que si la concesión se da por un tiempo menor, los transportadores no tendrían estímulos para chatarrizar ni para hacer las inversiones en la flota sin disparar los precios de la tarifa. Además, dice que en Colombia, por ley, la vida útil de una flota de buses es de 20 años (el estándar internacional es de 10); que este tiempo legal se ajusta a la duración de las concesiones y que es prohibido utilizar las licitaciones para cobrar deudas públicas "Legalmente es imposible dejar por fuera a transportadores que le deben recursos al Distrito", dice.

Finalmente, las críticas a los pliegos del Sitp tienen que ver con que estos se estructuraron sin definir cuál será el sistema de recaudo para su funcionamiento, sin revisar el Plan de Ordenamiento Territorial y sin que exista claridad absoluta sobre cómo, cuándo y por dónde operarían eventuales líneas del metro o el tren de cercanías. Pero para el Distrito esto no es problema: sus funcionarios argumentan que la redefinición del POT difícilmente cambia las tendencias de movilidad de los bogotanos y que la primera línea de metro ya está definida.

Habría sido mejor que antes de estructurar el Sitp la ciudad tuviera definida una estrategia de movilidad de largo plazo, con proyecciones concretas sobre el metro y otros sistemas como el tren de cercanías. Pero ya no tiene sentido llorar sobre la leche derramada. Si los plazos se cumplen, el Sitp empezaría a funcionar a comienzos de 2011.

Se trata de una iniciativa trascendental para la movilidad de Bogotá, y los encargados de ponerla en marcha deben estar más que atentos a las críticas que han surgido en su proceso inicial de construcción. No en vano en torno a este sistema se puede mover alrededor de 1.300 millones de dólares anuales, lo cual podría convertir a la licitación en la más apetecida de la historia de Colombia.

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