Miércoles, 17 de septiembre de 2014

| 2013/09/21 10:00

La lista de Uribe al Senado

Con un mosaico de fieles seguidores la lista uribista al Congreso no sorprendió. ¿Qué tan poderosa es?

1. Álvaro Uribe, expresidente de la República. Foto: Guillermo Torres / Semana

La expectativa terminó el jueves pasado. Tras varios meses de espera y una puja muy intensa en los últimos días, el expresidente Álvaro Uribe anunció que encabezaría una lista cerrada al Senado de la República por su movimiento, el Centro Democrático, y dio a conocer los otros 49 nombres que lo acompañarán en esa aspiración. 

Si bien el anuncio se esperaba, la conformación de la plancha es un indicador del tipo de campaña opositora que Uribe liderará. Fiel a su estilo, el antiguo ocupante de la Casa de Nariño se rodeó de acérrimos seguidores de sus ideas, varios escuderos mediáticos, un puñado de delfines  de casas políticas conocidas y otros candidatos quemados en elecciones previas. 

En términos generales, la plancha uribista está conformada por personas de buen nivel que no aportarán gran parte de los cientos de miles de votos necesarios para conformar una bancada  con poder de veto. Queda sobre los hombros del exmandatario el peso de arrastrar la lista que, al ser cerrada, distribuirá las curules obtenidas en el estricto orden de inscripción. Esta regla electoral pone el énfasis sobre los primeros diez o 15  puestos que, según cálculos de expertos, tendrían probabilidad de un escaño. 

A la cabeza de la lista están tres mujeres. La exministra  de TIC María del Rosario Guerra de la Espriella, de la casa política de los Guerra en Sucre y cuyo hermano Antonio es senador por Cambio Radical. Ana Mercedes Gómez, la exdirectora del diario conservador antioqueño El Colombiano y cercana a Fabio Valencia Cossio. 

Varios delfines también clasificaron en ese lote: el número tres cayó en la periodista Paloma Valencia, nieta del expresidente azul Guillermo León Valencia. Mientras en el octavo renglón está Fernando Araújo, hijo del  homónimo excanciller secuestrado por las Farc, el 13 le tocó a Alfredo Ramos, hijo del exgobernador de Antioquia, Luis Alfredo Ramos, exaspirante presidencial del Centro Democrático y hoy detenido por parapolítica.

Cierran la radiografía de los primeros 15 de la plancha los ‘quemados’ y los escuderos mediáticos. En el primer grupo están Susana Correa, Everth Bustamante,  exguerrillero del M19, y Jaime Amín, quienes en las elecciones de 2011 aspiraron sin éxito a la Alcaldía de Cali y las gobernaciones de Cundinamarca y Atlántico, respectivamente. 

José Obdulio Gaviria, Alfredo Rangel y Ernesto Macías han salido en estos tres años de oposición a defender las tesis de Uribe en los micrófonos, los medios y la prensa. La presencia del polémico asesor ya generó las primeras controversias. El expresidente Andrés Pastrana dijo que la lista uribista “nació contaminada” por quien calificó como el “representante del cartel de Medellín”.

Además de depender exclusivamente de la popularidad del expresidente Uribe, la plancha uribista no recogió muchas fichas provenientes de los aspirantes presidenciales del Centro Democrático. El mismo día de las elecciones legislativas, el próximo 9 de marzo, Francisco Santos, Óscar Iván Zuluaga y Carlos Holmes Trujillo competirán por el estandarte uribista para la primera vuelta. A diferencia de los verdes en 2010, no serán los participantes de la consulta interna los que impulsen los votos para los congresistas sino lo contrario: Pacho, Zuluaga y Trujillo dependerán del impulso del exmandatario. 

La presencia de un expresidente de la República en una lista para el Congreso es un hecho inédito en la historia reciente de la política colombiana. Si bien varios exmandatarios aún conservan mucha influencia en los asuntos públicos y sus opiniones generan noticia, ningún antiguo inquilino de la Casa de Nariño había decidido regresar a la política electoral hasta la semana pasada. 

La decisión de Uribe de “dejarse contar” en las urnas refleja la dependencia del Centro Democrático de su figura y  su alta favorabilidad dentro de la opinión pública. Uribe es de los pocos dirigentes, quizás el único, con suficiente capital político propio como para sostener una oposición mediática y catapultar una lista parlamentaria y un puñado de precandidatos presidenciales.

A pesar de ello, al expresidente se le bajará su caudal considerablemente al aspirar al Legislativo. Las dinámicas de la competencia electoral para el Congreso son muy diferentes de las de la carrera presidencial, que Uribe dominó con comodidad en 2002 y 2006.  

Tradicionalmente la puja por los escaños parlamentarios se centra en las regiones, donde los legisladores tienen sus maquinarias, y se complementa con un puñado de aspirantes al voto de opinión de las grandes capitales. Un porcentaje importante de los sufragios son ‘amarrados’ por burocracia, tradición y maquinaria. 

Al no contar hoy con senadores electos y sin barones en su lista, Uribe se verá limitado al apoyo de la opinión. La pregunta está en si la suma de los votos en los bolsillos de la opinión de las regiones le alcanzará al expresidente para superar los 15 senadores. 

A esto hay que sumarle que  haberse lanzado con una lista cerrada es una apuesta con riesgos. Cuando una lista es abierta y cada integrante compite con sus propios votos  todos trabajan mucho más que cuando creen que están impulsados por una locomotora triunfante que les garantiza la curul. Este último caso parece ser el de la lista uribista donde hay exceso de confianza de que la popularidad del expresidente hará milagros.  

Una de las primeras consecuencias de tener a Uribe en el tarjetón parlamentario toca a la campaña misma. La nueva lista del Centro Democrático eleva automáticamente el nivel del debate con el resto de partidos políticos que ya están reclutando cabezas de lista atractivas. Es el caso de Cambio Radical con el exconcejal de Bogotá Carlos Fernando Galán en el primer lugar; del Polo Democrático, que seguramente liderará el senador Jorge Robledo, y del liberalismo, donde aún no deciden si el exgobernador Horacio Serpa encabezará su plancha.

¿Con cuántos senadores electos en marzo se podrá decir que la apuesta uribista fracasó o fue exitosa? Dado que esta es una experiencia inédita, ese número ‘mágico’ es hoy una incógnita cuya base se podría tasar en cinco senadores pero cuyo techo se definirá el día de las elecciones. 

No obstante, lo que no es secreto es la intención del expresidente Uribe al poner su prestigio personal sobre el fuego: la conformación de una bancada parlamentaria lo suficientemente numerosa como para ejercer oposición efectiva a la agenda de un eventual segundo mandato de Juan Manuel Santos. Para determinar ese impacto se necesitará no solo un buen resultado de la lista uribista sino también el balance de los demás partidos de la coalición de gobierno.


¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×