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| 9/3/2016 12:00:00 AM

Aterrizaje político de la guerrilla

La llegada de las Farc a la escena política encarna grandes retos electorales para fuerzas de centro e izquierda que hoy tienen representación en el Congreso.

La semana pasada el Polo Democrático Alternativo (PDA) tampoco pudo resolver quién manejará sus riendas de cara a las elecciones de 2018. La decisión, que durante meses ha tenido dividido al partido, fue postergada hasta noviembre cuando se realizará su congreso nacional. Mientras tanto un comité político, encabezado por los excongresistas Jaime Dussán y Alba Luz Pinilla, organizará dicho congreso y el exparlamentario Wilson Borja coordinará la campaña amarilla por el Sí.

La imposibilidad de poner de acuerdo al comité ejecutivo sobre quién debe dirigirla, está ligada a la dificultad para resolver de qué manera un partido tan comprometido con la bandera gubernamental de la paz puede encarnar a la oposición. Por cuenta de ello, la tensión máxima se dio en abril cuando el presidente Santos nombró ministra de Trabajo a Clara López –excandidata presidencial y expresidenta del PDA–, y algunos sectores, liderados por el senador Jorge Enrique Robledo del Moir, insistieron en que con esa designación Santos estaba tratando de capturar a la izquierda.

Esas divisiones, en las que la fracción que lideraba la actual ministra parece haber quedado en minoría en el comité ejecutivo, tienen implicaciones de cara a las presidenciales. Mientras los sectores de Borja, Robledo y Dussán insisten en que el Polo debe seguir siendo el abanderado de la oposición a Santos y evitar coaliciones para la Presidencia y el Congreso en 2018, Clara y otros grupos de ese comité ejecutivo están abiertos para hacer alianzas futuras en nombre de la paz.

Esa tensión interna aumentó cuando se concretó el acuerdo final entre el gobierno y las Farc. Paradójicamente, aunque en el Polo hay un respaldo unánime a la paz, algunos de sus miembros y otros líderes de centroizquierda ya comenzaron a pensar cómo será su futuro electoral cuando la guerrilla haga el tránsito a la política. El lunes los senadores Jorge Robledo y Antonio Navarro le pidieron una cita al ministro del Interior, para expresarle su preocupación sobre el punto del acuerdo de paz que determina cinco curules fijas para las Farc en el Senado y la Cámara en los próximos dos periodos legislativos. Como en todo caso las Farc harán campaña para ganarse estos escaños (y de no ganarlos se crearán unos adicionales a los 102 y 166 que hoy existen en Senado y Cámara), a Robledo y Navarro les preocupa que una parte de sus electores se desplacen a las Farc y afecten la capacidad de sus partidos para lograr el umbral “No acierta la forma como se diseñó su llegada al Congreso –cuya presencia no objeto– y que por razones del umbral amenaza con sacar de la Cámara y del Senado al Polo y a otras fuerzas que nos hemos opuesto, dentro de la legalidad y sin mermelada, a un régimen inicuo”, afirmó Robledo en su columna en el diario La Patria.

¿Cuál será el impacto del aterrizaje de las Farc sobre las fuerzas de izquierda? Si bien el electorado del Polo es urbano y se ha caracterizado por consolidar su fuerza entre audiencias que se oponen a la lucha armada, hay elementos que permiten pensar que sí es posible que parte de sus electores –y del Partido Verde– se desplacen a las Farc. Desde la reforma política de 2003, en las elecciones al Congreso la izquierda sumada a sectores independientes ha logrado obtener como máximo el 18 por ciento. Y como no tiene sentido pensar que las Farc puedan recoger votos entre los electores del centro o de derecha, es predecible que como partido busque apoyos en ese 18 por ciento. Como afirma el profesor de ciencia política Alberto Cienfuegos, en Colombia “existe una representación según la cual los electores meten los movimientos independientes, cívicos y no bipartidistas en el mismo paquete de la izquierda. Por eso es predecible pensar que los votos que logren las Farc los pierda el Polo, pero también colectividades como el Verde, que, estando en el centro, son identificados con la izquierda”.

Pero el impacto real depende de la manera como las Farc, el Polo y los partidos independientes aborden los retos electorales. En política, los movimientos novedosos suelen tener favorabilidad al arrancar. Así pasó con el M-19 cuando en 1990, recién reinsertado, logró 19 de las 70 curules de la Constituyente, y con la Ola Verde, cuando en 2010 se proyectó como un movimiento ciudadano ajeno a la política tradicional. Para las Farc, capitalizar esa novedad política dependerá de su capacidad para comunicar momentos como su próxima conferencia guerrillera y la firma de la paz. “Romper la representación popular de monopolio de la crueldad, que día a día fortalece el uribismo, no será fácil. Pero generar golpes de opinión alrededor de la paz y el futuro puede favorecer su transición de enemigos a adversarios políticos”, dice Cienfuegos. En ese mismo sentido, otros analistas consultados por

SEMANA aseguran que a medida que se acerca la firma de la paz el discurso de las Farc se ha mostrado menos sectario y más a favor de la institucionalidad. Ejemplo de ello es que en todos sus comunicados recientes desde la Mesa de Negociación aludieron a la Corte Constitucional.

Pero más allá, las Farc tienen el reto de elaborar discursos capaces de interpretar a la sociedad y de acercarlos a las expectativas de sectores que –contrario a sus audiencias– o bien se encuentran en entornos urbanos, o bien se han acostumbrado a verlos como enemigos. Por ello, de la capacidad que tengan en los próximos meses de hacer actos de contrición también dependerán sus proyecciones electorales.

En cuanto al Polo Democrático y otras fuerzas como los verdes, la posibilidad de que con la entrada de las Farc a la política sigan al menos con la misma representación, que en el Senado equivale a cinco curules por cada uno, está sujeta a que renueven sus estrategias políticas. No se necesita ser un experto para prever que, con la llegada de las Farc al extremo izquierdo del espectro político, el Polo terminará por desplazarse hacia el centro.

Otro reto para el PDA es acabar con las peleas internas que, en los últimos años, lo han llevado a perder líderes significativos como Gustavo Petro, Antonio Navarro o Lucho Garzón. Ahora, de no resolver la fragmentación interna, se corre el riesgo de que sus figuras con proyección nacional decidan tomar su propio camino. Y eso, para el potencial electoral del Polo, sería una estocada mortal.

En el mediano plazo, la posibilidad de que las fuerzas de izquierda, incluyendo a las Farc, puedan tener representación política, sin pisarse las mangueras, dependerá de su apertura a formar alianzas para convocar indecisos. En el caso del Polo, mientras Robledo insiste en que estas alianzas son perjudiciales, el llamado Polo Social, de Clara López, y el grupo Vamos por los Derechos, que sigue a Iván Cepeda, ven en potenciales coaliciones la posibilidad de consolidar una izquierda que sumada tendría mayores fortalezas.

Lo paradójico es que, por ahora, la llegada de las Farc tenga más nerviosos a los sectores de centroizquierda que a los de la derecha que, por cuenta de su oposición a la paz, hoy están unificados en vocería y planteamientos.

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