Sábado, 20 de diciembre de 2014

| 2013/03/23 09:00

La locura de la cárcel de Barranquilla

'El Bosque', además de un grave hacinamiento y un severo déficit de guardianes, tiene un particular problema con los detenidos psiquiátricos.

La cárcel El Bosque de Barranquilla tiene cupo para 600 internos y actualmente tiene más de 1.300. Son vigilados por 23 guardias.

La situación de la cárcel de El Bosque en Barranquilla es tal vez uno de los mayores ejemplos de la crisis carcelaria que afronta el país y se ha transformado en una bomba de tiempo para la capital del Atlántico.

El  principal establecimiento carcelario de esa ciudad tiene una capacidad para 630 reclusos, pero alberga a un poco más de 1.300. El lugar tiene 13 garitas para evitar que los detenidos se fuguen, pero la falta de vigilantes es tal, que la guardia solo presta vigilancia en cinco de ellas. El servicio, adicionalmente, es prestado por bachilleres que pagan su servicio militar obligatorio en el Inpec. Esto no es un asunto menor. Hace tan solo dos semanas un condenado a 20 años de prisión aprovechó para subir a una de las garitas sin custodia, brincar a la calle y, así de sencillo, se fugó. 

Gracias a la reacción oportuna de otros guardianes pudo ser recapturado poco tiempo después cuando lo encontraron escondido en una de las viviendas cercanas al penal. Es tan grave la falta de guardianes que un funcionario debe cuidar unos 280 internos por pabellón, situación que se agrava por las noches donde un solo guardia queda al frente de 600 presos. En los mejores momentos, cuando están completos y no hay guardianes enfermos ni son enviados a cumplir remisiones, en total son 23 para custodiar más de 1.300 internos. 

El hacinamiento, como ocurre en otras cárceles del país, raya en lo inverosímil e infrahumano para los detenidos y los propios guardianes. Cualquier lugar de las precarias instalaciones se ha convertido en dormitorio y albergue para los detenidos. Los baños, la recepción, los pasillos, entre otros sitios han sido acondicionados por los presos para dormir. Algunas partes del penal están en tan malas condiciones físicas que se están derrumbando, pero aun así deben ser usadas para albergar reclusos, como ocurre con la capilla (ver fotos). 

Prácticamente no pasa un solo día en el que no se presente una riña entre los mismos internos debido al hacinamiento sin que la guardia, ya de por sí escasa, pueda hacer mayor cosa. Hace pocas semanas impotentes, los vigilantes, tuvieron que ver cómo un numeroso grupo saltó sin mayor problema una pared que divide dos patios para ir y agredir a otros detenidos, lo que terminó con un muerto y varios heridos.

A esta situación se le agrega otro elemento no menos grave. En ese centro penitenciario hay detenidos 30 internos con graves trastornos mentales. Cuadros de esquizofrenia y paranoia son algunos de los diagnósticos de estos detenidos que han aumentado el problema. Por su situación médica, muchos de ellos extremadamente agresivos y peligrosos, no son recibidos por los detenidos de los otros patios. En repetidas ocasiones han atacado y herido a guardianes y otros detenidos.

Deben dormir hacinados en la desvencijada capilla sin que pueda existir control sobre ellos. Cuando no atacan a otros son frecuentes también las emergencias por las heridas que se ocasionan. A  finales de febrero, uno de estos internos se comió una cuchilla de afeitar y varios alambres de púas. Casi muere. Hace dos semanas subió a uno de los techos, se sentó en una silla y se lanzó al vació. “Ellos necesitan tratamiento especializado y no deberían estar acá. 

De otras cárceles nos los mandan muchas veces porque por sus enfermedades son muy agresivos, se les convierten en un problema y terminan en donde la situación no puede ser peor por el hacinamiento, la falta de personal y las pésimas condiciones del establecimiento. Es una locura total”, contó a SEMANA uno de los funcionarios de esa cárcel.

El Bosque se ha convertido en una bomba de tiempo. Este es uno de los problemas por los cuales el defensor del Pueblo, Jorge Otálora, ha prendido las alarmas. La semana pasada, en su más reciente intento, pidió al gobierno que declare la emergencia social para atender la grave crisis. A la fecha, el hacinamiento ronda el 52 por ciento en el país, pero la Defensoría ha constatado niveles hasta del 400 por ciento. Por su parte, la ministra de Justicia, Ruth Stella Correa, reconoce que hay una sobrepoblación de 50.000 presos en el país y anunció un revolcón en las cárceles para descongestionarlas. 

“Acá va a ocurrir una tragedia en cualquier momento. Ojalá el gobierno no espere a que esto pase para tomar medidas”, sentencia un funcionario de ese penal. 

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