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| 9/29/2003 12:00:00 AM

La mala hora de un héroe

Cómo un piloto y médico que ha participado en la atención de los mayores desastres de Colombia termina involucrado en un supuesto auxilio a las Farc en el caso de la ayuda humanitaria a Guillermo Gaviria

Durante los ultimos 17 años Luis Alejandro Arango ha volado el helicóptero del Programa Aéreo de Salud de Antioquia sobre gran parte del territorio colombiano. En aquellos remotos lugares donde ha aterrizado ha prestado sus servicios como médico cirujano. Pero a pesar de sus méritos Arango atraviesa por el peor momento de su vida.

El doble trabajo de piloto y médico lo convirtió en testigo privilegiado de algunos de los desastres y emergencias humanitarias más graves de Colombia en los últimos años. El conoció el drama de las víctimas de la avalancha del río Paez en el Cauca, ayudó a los sobrevivientes de los terremotos que destruyeron la población antioqueña de Murindó y la capital del Quindío, Armenia, y conoció el horror en Machuca, el pueblo devorado por la bola de fuego causada por un atentado del ELN contra un oleoducto.

Con guerrilleros de esa organización vivió uno de los momentos más conmovedores en la liberación de los secuestrados que se había llevado el ELN del Kilómetro 18, en el Valle del Cauca. Sobre ese episodio en particular le dijo a SEMANA que "se requiere ser profundamente humano para entender lo que estaba pasando allí, encontrar gente caminando 45 días, sin comida, enfermos, con el dolor de sus compañeros muertos y con un deseo infinito de libertad".

Sin embargo el médico-piloto vivió su instante más dramático cuando miembros del grupo Héroes de Anorí, del ELN, derribaron su helicóptero en el sector de Amalfi en julio de 1998. Después de sobrevivir a esta experiencia el médico le hizo un altar a la Virgen del Carmen en su oficina. Pero ni las oraciones a la Madre de Dios pudieron evitar una medida de aseguramiento que le dictó la Fiscalía y que se hizo efectiva el 6 de septiembre.

Ese día la Policía efectuó la Operación Everest, por medio de la cual arrestó a 52 personas sindicadas de ser auxiliares del frente 34 de las Farc. Arango, de 44 años, cayó en esta batida por cuenta de los paquetes de ayuda humanitaria que llevó a la zona de Urrao para el gobernador Guillermo Gaviria y el ex ministro Gilberto Echeverry, quienes fueron asesinados por las Farc junto con otros ocho militares el 5 de mayo. ¿Cómo se metió el doctor Arango en este enredo?

Ayuda humanitaria

El médico contó en forma pormenorizada su historia en versión libre a la Fiscalía. Dijo que en mayo de 2002 Yolanda Pinto, esposa del gobernador secuestrado, le preguntó si en algún momento él podía hacerle el favor de entregar dos paquetes con ayuda humanitaria para Gaviria y Echeverry. Ella dice, por su parte, que fue el propio piloto quien se ofreció para hacer la vuelta. Arango, en cualquier caso, la hizo sólo tras recibir el visto bueno de Eugenio Prieto, el gobernador encargado.

Según la versión libre de Arango, el mismo mes él recibió dos morrales marcados con los nombres de los dos personajes y los subió en el helicóptero del Programa Aéreo de Salud de Antioquia. Los llevó de un lado para otro hasta el 13 de julio, cuando aterrizó en un sitio conocido como Yerbal. Allá alguien vestido de civil le dijo que tenía que llevar esa carga hasta La Blanquita, un corregimiento del municipio de Frontino.

Cuando fue hasta ese lugar siguió con su rutina de trabajo, que incluía una visita al convento de la Madre Laura, hasta que una monja le dijo que alguien quería hablarle. Arango sostiene que a la salida se encontró con hombres armados, supuso que eran de las Farc y les pidió que le recibieran los paquetes para los secuestrados. Los guerrilleros le respondieron que no podían hacerlo y que tenía que llevarlos de nuevo hasta Yerbal. Antes de subirse al helicóptero uno de los subversivos le dio un recado para el gobernador encargado: que no intentaran rescatar a Gaviria y a Echeverry porque en ese caso el Secretariado había dado orden de matarlos y que estudiara la posibilidad de canjear a una guerrillera por uno de los dos secuestrados.

Arango dice que dejó el paquete en la cancha de fútbol de Yerbal y de regreso a Medellín le contó a Yolanda Pinto lo que le habían dicho los guerrilleros. Ella sostiene que 15 días después de la posesión de Alvaro Uribe fue hasta donde el Presidente y le transmitió el mensaje.

En diciembre del año pasado, dice Arango, presenció la entrega de otros dos morrales, mucho más grandes, por parte de la señora Pinto a autoridades civiles del municipio de Murindó y no supo más de esos paquetes. Y al comenzar este año el médico-piloto se puso en contacto, por recomendación de la señora Pinto, con un personaje que se identificó como Jaime y dijo ser un líder comunal en Urrao. El doctor sostiene que sólo más tarde se enteró de que las autoridades tenían grabaciones de este hombre, conocido con el alias de 'Melkin', sindicado de ser miembro del frente 34 de las Farc.

En su declaración Arango también dice que poco después, el 21 de marzo, durante otro vuelo de rutina del Programa, aterrizó en La Quiebra y fue abordado por un joven vestido de civil, quien le entregó dos sobres de manila marcados con los nombres de Gaviria y Echeverry. Arango se los entregó a Yolanda Pinto, quien cinco días después le dio un nuevo paquete de ayuda humanitaria para que lo llevara durante alguno de los vuelos que tenían previstos para los siguientes días. El médico sabe que el paquete se entregó, aunque no sabe cómo ni a quién, entre el 26 y el 29 de marzo.

A las autoridades les ha dicho que antes de llevar a cabo esta vuelta le preguntó en repetidas ocasiones a la entonces primera dama departamental si el presidente Uribe estaba al tanto de lo que estaban haciendo. Ella siempre le respondió que sí. Estos contactos son los que tienen contra las cuerdas a Arango. La viuda de Gaviria ya rindió declaración dentro de este proceso, e hizo lo propio en otros dos que llevan otras fiscalías y en una investigación disciplinaria que adelanta la Procuraduría. Ella está tranquila con lo que hizo y niega, como se ha insinuado que ha dicho Arango a la Fiscalía, que presionó al piloto para que hiciera esas entregas. Este, por lo pronto, espera que se resuelva su situación jurídica y que se aclare de una vez por todas el embrollo en que se metió por llevar a cabo una labor humanitaria. Una misión que resultó más peligrosa que las balas que tumbaron su helicóptero en Amalfi en 1998.
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