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| 8/18/2012 12:00:00 AM

La malicia indígena de Santos

La reunión entre el presidente y el pueblo nasa del Cauca no resolvió los problemas de fondo que la motivaron, pero el Gobierno ganó un tiempo valioso para bajarle presión a las protestas.

El esperado encuentro entre el presidente Juan Manuel Santos e indígenas de la comunidad nasa en Cauca, desarrollado el pasado 15 de agosto en Piendamó, sirvió para mostrar que el mandatario es un jugador hábil bajo presión: logró apaciguar la protesta, ganó tiempo valioso para afianzar un diálogo y mantuvo inamovible su postura frente a la presencia de la fuerza pública en la región.

Irónicamente ese buen resultado le da la razón a quienes le criticaron la manera como afrontó el problema desde un comienzo y afianza los argumentos en el sentido de que todo ese desgaste en torno a los protestas en el Cauca se habría podido evitar.

La paciencia que le faltó a Santos en Toribío le sobró en Piendamó. Allí aguardó pacientemente las dos horas que se tomaron los consejeros Nasa para formular sus problemas. Luego, en 40 minutos, dijo a los indígenas que es un hombre de paz, pero sabe hacer la guerra, que no los considera guerrilleros, les pidió perdón por los atropellos dentro del conflicto armado y soltó la que se volvió la noticia de la reunión: que él también es objetivo de las FARC.

"Coincidencialmente ahora el ministro de Defensa me entregó una información de inteligencia de un mensaje que interceptaron", dijo antes de leer la carta donde jefes guerrilleros dan orden de matarlo en venganza por las muertes de Alfonso Cano y Jorge Briceño.

En el fondo Santos sabe que aún no puede celebrar. Empeñó su palabra ante miles de indígenas que no solo sintieron que tenían un gobernante que los escuchaba, sino que además los entendía.
 
En se objetivo ayudó cuando sostuvo el bastón de mando de la guardia indígena mientras sonaba el himno nasa. Y, también, que les recordara a los nasa su viaje a la Sierra Nevada de Santa Marta: "fui el primer presidente que antes de posesionarme ante el Congreso de la República, fui primero ante los gobernadores indígenas a decirles que me dieran su bendición y consejo para ser un buen mandatario". Así se ganó el primer aplauso.

Pero el mayor reto del presidente será en dos meses cuando concluyan las mesas integrales entre los indígenas y el Gobierno que buscan hallar fórmulas de solución a los problemas que por décadas han aquejado a esas comunidades no solo en Cauca, sino en todo el país. De hecho, la reunión sirvió para recordarle que durante su administración ya fueron asesinados 256 indígenas y 10.000 desplazados.

A juzgar por el calibre de las peticiones, se puede concluir que el paquete de propuestas es un grito de independencia que incluye la puesta en marcha de un sistema propio de salud y educación; que sea la guardia indígena la encargada del control territorial y la anulación de las concesiones y títulos mineros dentro de los resguardos. Es decir, total autonomía de los indígenas.

Como previamente al encuentro se pactó que el presidente respondería a esas peticiones en dos meses, Jesús Chávez, consejero mayor del Consejo Regional Indígena de Cauca (CRIC), quiso comprometerlo con tres soluciones inmediatas, "la disolución de la personería jurídica de OPIC, el desalojo por parte del Ejército del cerro Berlín en Toribío y la anulación de los títulos mineros en territorios indígenas". Santos respondió: "No puedo comprometerme en algo sin antes saber las consecuencias legales".

Observadores internacionales como Todd Howland, jefe de la ONU para Colombia, que también estuvo en la reunión, cree que el valor agregado de la misma "es que se creó un canal para dialogar en confianza. Con Uribe se habló mucho pero no hubo confianza", explicó a SEMANA.

Durante el encuentro hubo señales de esa confianza. Por ejemplo, la seguridad del certamen fue compartida entre la guardia indígena y mujeres policías sin armas. No se vió un camuflado militar a varios kilómetros a la redonda y el presidente llegó sin su ministro de Defensa, pese a que este estaba en Cali.

Ese Santos moderado, conciliador pero vertical en sus posturas marcó la diferencia con un antecesor que lo único distinto que hizo fue usar un lenguaje beligerante. Sin duda los indígenas reconocieron esa nueva actitud en un presidente, porque esta vez no hubo rechiflas sino aplausos, aunque salieran con mochilas llenas de promesas. Resta la tarea de volverlas realidad.
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