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| 11/4/2006 12:00:00 AM

La manada indomable...

El Presidente tiene que dedicar cada vez más tiempo, y con nuevas estrategias, a poner orden en su indisciplinada bancada. Y no tiene el éxito asegurado.

En las últimas semanas la casa de protocolo de la Casa de Nariño ha tenido que aumentar en el mercado, la compra de naranjas, frutas y pan, para atender los inmensos desayunos a los que ha invitado el presidente Álvaro Uribe. Cada martes, miércoles y jueves, el mandatario se sienta a manteles con congresistas de la bancada de gobierno en reuniones que empiezan a las 7:30 de la mañana y terminan después de las 10.

La intensa agenda del Presidente se puso en marcha desde la Secretaría General como una medida extraordinaria de emergencia ante los hechos, cada vez más evidentes, de falta de coordinación y coherencia entre los congresistas de la bancada uribista y de sus ansiedades, celos, competencias y peleas por lo que legítimamente llaman su ‘participación’ en el gobierno. Es decir, los puestos.

El secretario general de la Presidencia, Bernardo Moreno, un quindiano que lleva años trabajando al lado del presidente Uribe, prepara con detalle las carpetas que le entregarán a cada congresista. En ellas la tarea está hecha. En un documento de no más de tres páginas se resume el objetivo de cada proyecto, su articulado y se enumeran los beneficios del mismo.

Cuando Uribe llega a los desayunos, averigua cómo van los proyectos, indaga a los ponentes sobre los principales problemas de la iniciativa y revisa qué cambios han introducido al texto original del gobierno. Discute con ellos sobre los puntos que agregaron o que suprimieron y finalmente se dispone a escuchar la respuesta a su pregunta definitiva: “¿Esto es políticamente viable?”. Y si la respuesta es no, se quita, y si la respuesta es sí, se deja. Pero a pesar de estas extenuantes jornadas en las que el jefe de Estado dedica 12 horas semanales para asegurar su agenda en el Legislativo, no siempre le camina la manada.

El lunes de la semana pasada parecía que el Congreso respondía al jalón de orejas que le pegó el Presidente por ausentarse en la votación del proyecto de transferencias, el miércoles anterior. Ese día, nada común para una plenaria, votaron en masa. Pero el martes, cuando se esperaban vientos de calma, llegó el hundimiento de la reforma a la justicia, y la rebelión se manifestó de nuevo. El gobierno no tuvo más remedio que aceptar una disculpa: que el proyecto se discutirá en marzo próximo.

Pero la sensación de que se avecinan momentos difíciles para el Ejecutivo con su bancada es cada vez más evidente. Se sabe que la estrategia de los congresistas es jugar con el tiempo y apostarle a una mejor contraprestación para sus votos cuando se acerque la hora final de la legislatura y como sólo quedan un poco menos de 30 días hábiles, esta parece estar en marcha.

Este panorama es todo un desafío para Uribe. Su gobierno presentó varios proyectos que son fundamentales para su gestión. El más importante, y el más difícil, es el que reforma las transferencias del gobierno central para los departamentos y municipios. Les asegura a las finanzas del Estado más recursos que la misma reforma tributaria. Si este proyecto no hace trámite ahora, se vienen las campañas de alcaldes y gobernadores y esto complicaría mas la impopular medida, que no cuenta con ninguna simpatía en la Cámara de Representantes.

Además, tiene en el tintero la norma que abre la puerta a la venta del 20 por ciento de Ecopetrol, la reforma tributaria y la Ley 100. Por eso, para avanzar en cada una de estas leyes, pone a prueba sus dotes de domador.

A pesar de que la rebelión de la ‘manada’ uribista en el Congreso no ha cesado desde el comienzo de este período del Presidente, es ahora cuando se pasó de la alarma naranja a la roja, ante la evidencia de que la actitud de muchos congresistas no ha cambiado pese a la reforma política. Se portan como ‘chepitos’ en la puerta del gobierno para ver qué hay para ellos en la nómina oficial: “Es que a Germán le dieron un ministerio, ¿y a mi qué? Y es que yo participé en la campaña ¿y a mi qué? ¿Por qué esos tienen una superintendencia? ¿y a mi qué?”

Esto sin contar con que la milimetría del tratamiento a una bancada que quiere la sombra del poder sobre su rostro no es sólo de equilibrio de las fuerzas, sino de equilibrio regional: “Por qué no hay caucano en el gobierno; Nariño se quedó sin representación en el gobierno, por qué hay quindianos y ningún risaraldense, Santander tenía ministra y ahora qué nos van a dar”.

Esta estrategia que sin recato ha conocido la opinión pública, tiene cansado al Presidente. “Uribe siempre les dice que no está para hablar de reparticiones, ni de burocracia, que no hay puestos, que el Estado está muy reducido, que no le jala al clientelismo, y que por qué no buscan votos con programas y no con puestos”, asegura Bernardo Moreno, secretario general de la Presidencia, quien ejerce el papel de recolector de quejas, insatisfacciones y demandas y que maneja en su cabeza el mapa de la nómina estatal y de los funcionarios y partidos que los dirigen. “Es que algunos creen que existen 400 Sena o 300 direcciones del Icbf, y a los funcionarios que hacen bien su trabajo, sean del partido que sean, los vamos a dejar, no podemos hacer una masacre laboral porque los congresistas necesitan esos puestos”, sentencia Moreno, quien trabaja en una oficina a pocos metros del Presidente y que casualmente tiene una vista panorámica del Capitolio Nacional y del edificio de oficinas de los congresistas.

Los congresistas, por su parte, aceptan que esa presión por los puestos responde a la necesidad de demostrar a sus electores que en efecto tienen línea con el uribismo. Sobre todo los representantes a la Cámara que dependen de sus regiones y argumentan que no pueden contentarse con la representación que le dan a su partido. Consideran que aún es temprano para lograr el cambio del viejo esquema en el que no se hablaba de los ‘cargos’ por bancadas, sino que las fuerzas se medían por la influencia que cada cacique ejercía sobre el Ejecutivo.

A Dilian Francisca Toro, presidenta del Senado y senadora del partido de La U, le parece que es injusto calificar como pobre el balance del Congreso y limitar la discusión a un asunto de puestos. “Esto pasa en todas las legislaturas, el arranque es lento, pero se trabaja duro y sin descanso”. Y asegura que poco a poco se va alejando el debate por los puestos y va llegando la discusión de los temas de fondo. Lo mismo opina Nancy Patricia Gutiérrez, de Cambio Radical, uno de los partidos señalados de ser el pionero de la indisciplina. “No es cierto que Cambio sea desordenado, unimos la bancada del Senado y de la Cámara para hacer consensos y estamos reuniéndonos todas las semanas para discutir los proyectos y llegar a consensos”.

Lo cierto es que la política se mueve hoy con ingredientes muy particulares, producto de la reelección presidencial. Por un lado, la continuidad del gobierno restringe la dinámica de cambios en la nómina oficial a la que estaban acostumbrados lo políticos cada cuatro años, y por otro, significa que el Congreso no le da al gobierno el tratamiento de recién llegado, sino que juega al desgaste del quinto año. A medida que el segundo período avance, será más la presión sobre el Presidente y menos la capacidad de maniobra que éste tenga sobre su bancada. Por eso, lo que avance o se bloquee en estas semanas, y en esta primera legislatura que se supone que es la más fácil, será crucial. Y por eso no es extraño que el Presidente se dedique a fondo a la tarea de ‘domador’ de su manada.
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