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| 5/7/2011 12:00:00 AM

La mano derecha

El secretario general Juan Carlos Pinzón es el hombre de confianza del presidente Santos. Sobre sus hombros descansan las decisiones más importantes del país.

No hay duda de que en la Casa de Nariño, Juan Carlos Pinzón es 'el man'. Su oficina queda a 20 metros del despacho presidencial, no falta en las reuniones de alto nivel y no se toma una decisión sin que él diga lo que piensa. Aunque su sencillez despiste, no hay nadie más versátil, más cercano al presidente, ni de mayor rango que Pinzón.

Sus amigos se sorprendieron cuando Santos lo nombró secretario general. Por su perfil de economista y estratega militar, vaticinaron que sería miembro del gabinete. Pero el presidente eligió a Pinzón -a quien conoce desde hace más de diez años- para ser el hombre fuerte de Palacio. "Confía en él a ojo cerrado", revela un colega.

Con este nombramiento, Santos dejó claro que su presidencia sería distinta. Muchos aseguran que Pinzón no tiene agenda propia ni cálculos políticos. Según rumores palaciegos, se negó a manejar el 'computador' de la burocracia y no cree en cuotas sino en hojas de vida. Es un técnico de verdad.

Por esto, desde que llegó a su despacho en la octava con sexta, su prioridad ha sido rediseñar la Presidencia. Su obsesión es construir un Ejecutivo más eficiente y moderno, inspirado en Inglaterra, Chile y Estados Unidos. Es el jefe de los altos consejeros y coordina la comunicación entre estos, los ministros y el presidente, para que no haya teléfonos rotos ni cables cruzados.

Pocos saben las responsabilidades tan diversas que recaen sobre él. Dirige el Departamento Administrativo de Presidencia y maneja un presupuesto nada despreciable. Y, al mismo tiempo, tiene que estar pendiente de los estragos del invierno, las operaciones en el bajo Cauca y la remodelación de la Casa de Huéspedes. "Parece una oficina de servicio al cliente", afirma un asesor, mientras otro lo describe como "un todero".

Por si fuera poco, todo lo que pasa por los ojos del presidente debe tener su visto bueno. Por esto, lo primero que hace a las ocho de la mañana es firmar docenas de documentos y decretos. No es raro que siga en la oficina a las diez de la noche. "Es una máquina de trabajo", atestiguan sus colegas, mientras afirman que es un gran sacrificio para un hombre familiar como Pinzón. A diario lo visitan los ministros en busca de consejos y aunque pocos lo conocían, parecen amigos de vieja data.

En estos meses ha desempeñado un papel vital en varias decisiones de Estado. Hace parte de un importante linaje militar, comparte la disciplina castrense y goza de respeto entre las tropas. Por esto, mientras Santos estaba en Nueva York, no se despegó de los altos mandos en la operación contra el Mono Jojoy. Y es un secreto a voces que jugó un papel protagónico en la solución de los roces en el interior de la cúpula.

Aunque Catalina Crane fue la artífice de jalonar los avances del TLC, no lo podría haber hecho sin él. También pasó semanas enteras en Washington y estaba al tanto de cualquier avance a través del BlackBerry.

Como si fuera poco, dirigió los esfuerzos de Palacio para que la ley de víctimas marchara sobre ruedas. "Si él no estaba, en Presidencia cada uno empezaba a pedir algo distinto. Era un despelote", afirma un ponente de la ley.

A casi un año de haber llegado a Palacio, se le ha despertado su olfato político. Suele acompañar a Santos a charlas con las bancadas y muchas de las reuniones a altas horas de la noche con senadores inconformes son en su oficina. Por ejemplo, cuando la ley de facultades extraordinarias peligraba, recibió a los senadores godos, los escuchó y sacó adelante el proyecto.

Como buen capricorniano, es estricto, organizado, competitivo y tiene buena memoria. Sufre cuando las cosas no salen bien y es impaciente. Pero no sube la voz y es casi imposible verlo despelucado.

A pesar de que su 'eficiencia anónima' es conocida en Palacio, a veces se le notan las horas de sueño pendiente y la frustración por la lentitud propia del sector público. Ya hay futurólogos que vaticinan que algún día -en unos años, pues apenas tiene 39- será ministro, y la cartera que todo el mundo asocia con su perfil y trayectoria es la de Defensa. Por lo pronto, es el hombre de Santos en Palacio, en un cargo y en una función que ningún presidente soltaría fácilmente.
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