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| 8/26/1985 12:00:00 AM

LA MANZANA DE LA DISCORDIA

La ruptura del "Pacto del Club de Ejecutivos". La excusa para destapar una pelea ya casada

Fue un episodio de la más pura mecánica política, de esos que el galanismo suele señalar tapándose las narices con grandes aspavientos. El 20 de julio, en la elección de mesas directivas de las Cámaras, el Nuevo Liberalismo contaba con dos vicepresidencias: la segunda del Senado para Jorge Valencia Jaramillo, y la primera de la Cámara para Ernesto Rojas Morales. Y se quedó de un golpe sin ninguna de las dos.
El fiasco fue el resultado de la ruptura, por parte del oficialismo liberal, del llamado "Pacto del Club de Ejecutivos": otro episodio de la más pura mecánica política por el cual, desde hace tres años, el conservatismo, el oficialismo liberal y el Nuevo Liberalismo se turnaban fraternalmente las posiciones directivas del Senado y la Cámara. Esta vez los liberales oficialistas, de improviso, decidieron no votar por los candidatos galanistas a quienes les tocaba el turno. Los conservadores se lavaron las manos. Los galanistas excluidos se rasgaron las vestiduras, y propusieron incluso, en medio del sudor de la derrota, retirarse del gobierno. Ante lo cual los oficialistas se frotaron las manos mientras los conservadores silbaban mirando al techo.
Pero pronto se calmaron los ánimos. El Nuevo Liberalismo decidió esperar el regreso de su jefe Luis Carlos Galán, que andaba por París tomándose fotos con Lucho Herrera. Y cuando el jefe volvió, volvió pragmático, y decidió que no estaba en momento para "victorias morales": dio por prácticamente descartado el retiro del gobierno, que no había sido más que un acaloramiento pasajero del senador Valencia Jaramillo y el representante Gabriel Rosas. ¿Las razones de Galán? Que no es lo mismo el Partido Conservador que el presidente Betancur. Que una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa, como reza la máxima rectora de todos los episodios de mecánica política en Colombia. Galán fue aún más explícito, diciendo que hay que diferenciar también el "episodio" del "proceso": el episodio de la elección de mesas directivas del proceso de las relaciones entre el Nuevo Liberalismo y los sectores oficialistas de los dos partidos.
El "episodio" empezó --según cuenta a SEMANA el senador galanista Emilio Urrea-- por una "maniobra marrullera" de Alberto Santofimio y Bernardo Guerra Serna, miembros de la Dirección Liberal. Se presentaron los dos ante la Junta de Senadores Conservadores, en compañía de José Name y Miguel Pinedo reunida en el salón Guillermo Valencia del Capitolio, y Santofimio planteó de entrada la ruptura del Pacto del Club de Ejecutivos. Este era, argumentó, un pacto entre liberales y conservadores, y los galanistas no podían seguir siendo considerados liberales a partir del discurso de su jefe en el Hotel Tequendama, que equivalía a un retiro del Partido Liberal.
Santofimio exageraba. En el Tequendama, Galán se había limitado a hablar del necesario "diálogo con los demás" --explídtamente, la Anapo, la Unión Patriótica, el movimiento de izquierda "Firmes" y el sector conservador encabezado por J. Emilio Valderrama--; diálogo necesario porque "el bipartidismo en Colombia se volvió una farsa", y el conservatismo y el oficialismo liberal "cada día se parecen más y se distinguen menos en sus conceptos, su lenguaje, su mentalidad, y hasta en su organización y en sus tesorerías". Nada nuevo: sólo la repetición de lo que Galán ha venido diciendo desde antes inclusive de que el Nuevo Liberalismo existiera, y mucho antes de que se firmara el Pacto del Club de Ejecutivos. Pero los conservadores se quedaron pensativos y dijeron que discutirían el tema con sus jefes naturales --el ex presidente Misael Pastrana y el precandidato Alvaro Gómez-- en un almuerzo en el Hotel Hilton.
Los jefes naturales, sin embargo, no opinaron sobre el tema. En la tarde, la Dirección Liberal insistió en que no había ya nada más que discutir, pues se trataba de una "decisión tomada". El conservatismo entonces se declaró "neutral". El senador Valencia Jaramillo pidió que le explicarán qué quería decir "neutral" en una votación, pero no se lo explicaron. El presidente del Senado, José Name Terán, llamó a votar. Los del Nuevo Liberalismo se salieron en masa del recinto --con la solitaria excepción del senador Marino Renjifo-- y se votó.
La neutralidad conservadora se tradujo en que, en el Senado, 18 senadores conservadores votaron en blanco, y los demás --en total son 50-- a favor de los candidatos liberales oficialistas; y en la Cámara, 21 representantes votaron en blanco (son 82).
En torno "episodio" las opiniones de los participantes son encontradas, pero tienen un tema común: la ética. Los conservadores revelan que los liberales oficialistas les ofrecieron informalmente una de las vicepresidencias correspondientes al Nuevo Liberalismo, pero que ellos, virtuosamente, no quisieron tocar esas "treinta monedas" de Judas por traicionar el pacto. Los liberales oficialistas, por boca de Santofimio, afirman que la exclusión del galanismo es "un triunfo rotundo de la ética política": porque, dice Santofimio a SEMANA, "no se le pueden prestar votos a alguien como Galán, que considera que son "limpios" cuando son por él y "sucios" cuando no lo son". Pero los más virtuosos y éticos del paseo son, como ya es costumbre, los galanistas, que explican todo el asunto diciendo: "que se queden ellos con los Mercedes Benz de las vicepresidencias: nosotros nos quedamos con el credo liberal".--
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