Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2010/09/01 00:00

La 'Mata Hari' del DAS, otra testigo en el caso de las chuzadas

Alba Luz Flórez, investigada por los seguimientos ilegales en el DAS, es la cuarta persona que en menos de tres semanas terminó acogiéndose a un beneficio jurídico para ser testigo.

La 'Mata Hari' del DAS, otra testigo en el caso de las chuzadas

En menos de tres semanas, la Fiscalía ha firmado preacuerdos con cuatro importantes ex funcionarios del DAS que estuvieron directamente implicados en el caso de las chuzadas, en las que de manera ilegal se le siguieron los pasos a magistrados de la Corte Suprema, opositores del gobierno anterior y periodistas, entre otros.
 
Tras conocerse que Jorge Lagos, Fernando Tabares y Martha Leal acordaron con la Fiscalía (previa aceptación de un juez) participar activamente con la entrega de información que ayude a esclarecer quién dio la orden de hacer las chuzadas, este miércoles se supo que Alba Luz Flórez, quien se metió literalmente a los salones donde sesionaban los magistrados para espiarlos, se acogió al principio de oportunidad para ser testigo en las investigaciones.

Flórez era una curtida detective que llevaba un poco más de 10 años en el organismo de inteligencia y quien desde 2007 hasta marzo fue la encargada de espiar para el DAS a la Corte Suprema de Justicia en su propia sede.

Con 1,70 metros de estatura, piel canela, ojos verdes, cabello castaño y un cuerpo llamativo, esta mujer que no llega a los 40 años, divorciada y con un pequeño hijo, siempre se caracterizó por ser amigable y muy "entradora", como la definen quienes la conocieron en la Corte y sus compañeros del DAS, quienes cariñosamente la llamaban 'la Gata', por sus ojos verdes un poco rasgados.

Una de las últimas áreas en las que trabajó Alba Luz fue en la Dirección de Protección del DAS, dependencia encargada de prestar seguridad a personalidades y altos funcionarios del país. Para el año 2007, cuando avanzaban las investigaciones por parapolítica, unos grupos del DAS, siguiendo instrucciones, se dedicaron a 'chuzar' y seguir a magistrados.

Aunque esa estrategia permitía conocer algo de información, era indispensable saber qué discutían los magistrados en privado, algo a lo que no tenían acceso simplemente chuzando teléfonos. Era crucial tener a alguien adentro de la Corte. La elegida para esa misión fue Luz. Con el conocimiento de la dirección del DAS, la dirección de inteligencia y contrainteligencia, ella fue asignada a hacer parte de los esquemas de protección de miembros de la Corte.

Esto le permitiría no solo convertirse en la sombra de algunos de ellos sino tener acceso sin levantar sospechas a prácticamente cualquier lugar de las instalaciones de la Corte. Podía ver con quiénes se reunían, qué testigos iban, quiénes eran los investigadores de la Corte. Su personalidad le permitía entrar rápidamente en confianza con gente clave en el alto tribunal.

Aunque había lugares clave de la Corte en los que se realizaban inspecciones de rastreo para verificar que no había micrófonos ocultos, Luz logró registrar las reuniones que eran de interés en una grabadora que instalaba y retiraba sin dejar huella. También lograba conseguir apartes claves de expedientes. Le entregaba esa información a Gustavo Sierra, funcionario de la dirección de análisis, quien a su vez se encargaba, según el material, de llevar los datos a sus jefes.

Durante los casi dos años en que estuvo infiltrada le tocó estar cerca de procesos que se adelantaban en la Corte como parapolítica, yidispolitica o las mismas chuzadas.

Para tratar de lavarse las manos ante la inminencia del escándalo, la actual administración del DAS usó la facultad discrecional para sacar de la entidad a Luz, con el fin de poner distancia con el tema. Una jugada que de nada servirá. Entre otras razones porque Gustavo Sierra, el hombre que recibía la información de Luz, también decidió acogerse al principio de oportunidad y contará, entre otras cosas, a qué funcionarios les entregaba la información que recolectó la denominada ‘Mata Hari’ del DAS.

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