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| 1/5/2008 12:00:00 AM

La mirada de Emmanuel

Estos son los ojos del niño que tiene en vilo al país. SEMANA revela su vía cruc is desde cuando nació en la selva hasta cuando lo encontró el gobierno

La ciencia le dio la razón al presidente Álvaro Uribe cuando el 31 de diciembre lanzó la hipótesis de que las Farc no tenían a Emmanuel, el hijo de Clara Rojas, quien nació en cautiverio en plena selva, hace tres años y seis meses. En medio del fallido operativo tan anunciado por las Farc para liberar a su madre, al niño y a Consuelo González de Perdomo, el primer mandatario casó una de las apuestas más arriesgadas durante su mandato. Pero por fortuna, le salió bien. Científicamente se comprobó que el ADN de la familia Rojas coincidía con la marca genética de un niño registrado como Juan David Gómez Tapiero que se encontraba en un albergue de Bienestar Familiar en el sur de Bogotá. Cuando el niño tenía tres meses de nacido fue entregado por las Farc a José Crisanto Gómez Tovar, un campesino que vivía en el Guaviare y a quien le tocó vivir una fuerte presión de la guerrilla para recuperar al menor luego de haberlo llevado en grave estado de salud a un hospital en San José del Guaviare cuando el menor tenía ocho meses. Las Farc admitieron que Emmanuel está en Bogotá.

SEMANA revela en exclusiva el desgarrador testimonio de José Crisanto Gómez Tovar. Contó en qué estado le entregaron al niño, cómo se lo quitó el Bienestar Familiar, cómo trató de recuperarlo la guerrilla y cómo éste engañó a las Farc sobre el paradero de Emmanuel. Estos son algunos de los apartes de la declaración que les dio a las autoridades el 2 de enero de este año.


"Todo empieza en enero de 2005. Una día cualquiera como a las 6 de la tarde. Nosotros vivíamos en una finca a la orilla del río Inírida en el departamento de Guaviare. De un momento a otro se arrima una voladora (lancha) y se bajan un señor y una señora con un niño en los brazos y se acercan y me dicen : 'Aquí traemos a este niño para que le curen la picadura de pito y le arreglen el brazo'. Mi suegro es indígena y sobandero. Él hacía unas cremas para contrarrestar la leishmaniasis. 'Ustedes quedan a cargo del niño. Mañana venimos y les traemos pañales y leche'. Ellos no volvieron a aparecer en cuatro meses. Era visible que el niño tenía el bracito fracturado y tenía una llaga grande de leishmaniasis en el pómulo derecho de la carita. También tenía picadas en el oído derecho. Yo tenía cinco hijos en ese momento y vivía con mi esposa. A ella no le gustó nada que yo me hubiera hecho cargo del niño. Yo le dije: 'Mija, esperemos pues a ver si llega su papá que cure al niño'".

"El niño tenía por ahí unos tres meses de nacido. Ellos no me dieron la edad ni me dijeron cómo se había fracturado. De salud estaba en pésimas condiciones. Uno de hombre y papá, al ver un niño de esos, le duele el alma y se hace miles de preguntas de qué pasaría con ese niño. ¿A quién se lo quitarían? ¿Cómo lo golpearían? Él era crespito, narizoncito, se le hacen 'guaguitos' cuando se ríe, gordito, tez blanca, ojos cafés claros, cejas nutridas, orejitas no recuerdo bien y me acuerdo que tiene una cicatriz".

"Pasaron cuatro meses sin nada. Yo soy de escasos recursos, tenía cinco niños y fueron y me arrimaron otro. Hice lo humanamente posible para comprar leche y pañales. Mi suegro también iba y buscaba yerbita y le echaba para curarlo. No se atrevió nunca a tocarle el brazo porque desde que lo vio dijo: 'Esa fractura de ese niño es de hace días y tocaría desbaratarle el brazo nuevamente para arreglárselo'".

"A los cuatro meses llegó esa gente (guerrilla) otra vez uniformada en voladoras (lanchas), fueron y miraron al niño. Ya había sanado un poco. Estaba alentadito. Le trajeron un tarro de leche y pañales y se fueron. En esos días yo tuve diferencias con el frente primero (de las Farc) porque a mi niño más grandecito de 8 años, un comandante se lo quería llevar a reuniones. Yo no comparto eso porque la guerrilla ya me había afectado por el Guayabero y me quitaron lo poco que tenía. Cuando me dijeron que dejara ir a mi niño a las reuniones, yo les fui muy sincero y les dije: 'A mí no me gusta que se lleven al niño a meter sicología ni ideologías que no son de él. Déjenlo que crezca y que cuando tenga 18 años si se larga para allá es porque le dio la gana y tiene uso de razón'".

"El señor se despidió de buena forma pero al otro día me llegó el comandante 'Álvaro' del frente primero y me dice que me invitaba a una reunión y que el que no estuviera de acuerdo con ellos se podía ir yendo de la zona. Comenzaron las presiones y yo no podía salir de allá porque no tenía plata. Y segundo, en ese momento por allá se movía la coca y ellos no lo dejan sacar a usted al pueblo a vender nada porque le sacan a uno un impuesto, casi la mitad de lo que vale. Un guerrillero me dijo: 'Hermanito, es mejor que se vaya porque lo van a pelar'. Alisté los chiritos y echamos todos los niños en una canoa y me traje al niño que me habían dado a quien le decíamos 'Peggy'. Ese nombre lo dijeron ellos la primera vez que me lo entregaron. Le decían así por un muñeco de la televisión que se llama así ".

"Llegamos a El Retorno. Al otro día a primera hora se me convulsionó uno de mis niños. Como pude lo llevé a un hospital en una moto y lo remitieron inmediatamente a San José. Antes de irme le alcancé a decir a mi señora: 'Lléveme a 'Peggy' al hospital para que me lo vean'. Ella lo hizo y en las condiciones en que estaba lo enviaron al hospital de San José del Guaviare. Hacía media hora que yo había llegado cuando llegaron con él. Quedé con los dos niños en el hospital. Después salí a una cafetería y me abordó un señor y me dijo: 'Yo soy del séptimo (frente de las Farc). Invente que es familiar suyo . Invente la historia que le dé la gana, pero a nosotros nos responde por el niño o si no, usted tiene allá un poco de chinos'. El hombre me pone contra la espada y la pared".

"Yo sin plata, con mis dos niños enfermos, pues de inmediato me tocó decir que era tío del niño. Me voy para donde el defensor del Pueblo y le comento que yo era tío abuelo, que la mamá se la habían matado y que me estaban exigiendo el registro civil. Él me dijo que yo, que era el único familiar que lo registrara. Incluso me acompañó a hacer la diligencia y se hizo el registro del niño al cual le puse el nombre Juan David porque cuando ellos me lo entregaron, una guerrillera dijo: 'A ese niño toca colocarle Juan David por el papá'".

"Efectivamente al niño me lo dejan en el hospital por las condiciones en que estaba y empezó una investigación. Para todo el mundo era sospechoso un niño de esa edad con fracturas y en esas condiciones. Yo siempre reiteré que desde el momento en que yo lo recibí, el niño venía así. En el tiempo en que estuvo conmigo, en esos cinco meses, yo traté de tener todo el cuidado posible con él. De ahí la trabajadora social me dice que el niño requiere un tratamiento especial, que hay que arreglarle el brazo. Obviamente que en ningún momento yo me opuse. Sí les pregunté después si a mí me devolvían el niño. Me dijeron que sí, que tranquilo. Duré ocho días en el hospital y me dieron de alta al niño mío. Y me dijeron que Juan David se quedaba bajo la responsabilidad de la trabajadora social y le ponían una mamá sustituta para que estuviera en el tratamiento".

"Yo me fui a El Retorno nuevamente... al cabo de un mes y medio volví a averiguar sobre el niño. Ya me dijeron que estaba en Bogotá en un tratamiento".

"Pasaron cuatro meses y nada. Cuando nuevamente me volvieron a llamar los de la guerrilla. Yo en ningún momento dije que lo había dado a Bienestar Familiar. Siempre les mentí. Les dije que lo tenía donde una hermana en Bogotá y que el niño iba muy bien. Ellos tampoco me dijeron si necesitaba plata para las vueltas del niño. Cada nada se desaparecían y volvían. Hasta hace unos tres meses que tuve una amenaza, que tenía que devolver al niño. En medio del susto fui donde el defensor que llevaba el caso, el doctor Juan Alberto Cuta, y me tomó una declaración. A mí me tocaba sostenerme en lo que había dicho al principio".

"Pero la guerrilla siguió amenazándome. Me dijeron que el comandante 'Jerónimo' necesitaba hablar conmigo y que debía devolver al niño, que no fuera cabrón. Yo le mandé decir que el niño estaba en Bogotá y que no tenía medios para ir. Me mandó a decir que él me daba la plata pero que necesitaba al niño, que no se me olvidara que yo también tenía unos hijos. Las presiones eran cada 15 días y en medio del desespero me fui para San José en búsqueda del Defensor del Pueblo".

"Después vino un hombre y me dijo: 'Le mandaron decir que baje por la plata que necesite para que saque el niño'. Me empezó el susto más tenaz y resulta que el 26 de diciembre me citaron fue por un radio de servicio público del municipio que tiene alto parlante. Sí, ¿con quién hablo? 'Habla con el mono -me dijo-. Tiene máximo hasta mañana, si no puede, el 30 de diciembre lo espero abajo del río Inírida. Como sea véngase en una canoa en una voladora, pero le doy máximo hasta el 30 de diciembre para que me entregue el niño. No tiene un día más de plazo'".

"El 27 de diciembre le digo a mi jefe en donde estaba trabajando: 'Hermano, tengo un problema muy complicado con la guerrilla, necesito que me ayude'. Me dio 400.000 pesos que me debía de mi sueldo y madrugo a hacer maletas. El 29 no podía dar papaya, pensaba en mis hijos y efectivamente me vengo para San José. En medio del susto llegué a la Fiscalía el mismo 29 y dije que iba a dar una declaración urgente. Me dijeron que no había atención, que me tocaba hasta el 31. Entonces salí y me fui a la Sijín y un oficial de servicio me dijo que las denuncias no las podían recibir ellos sino la Fiscalía. Del desespero llamé a un amigo y le comenté en confianza toda la verdad. Él llamó al defensor del Pueblo por celular y yo le conté que me sentía perseguido y que quería confesar la verdad. Él me dijo que si estaba seguro de lo que estaba diciendo y le dije que era verdad y que tenía una presión muy berraca encima".

"El defensor me promete que va arreglar eso por lo alto. Al otro día, domingo, él me llama al celular a las 5 y media de la mañana y me dice que le mande pruebas. Yo le había dicho que tenía el nombre del niño, el nombre de la madre sustituta, que vivía en el barrio Santa Isabel, en Bogotá. Yo sabía el nombre porque Bienestar me había adelantado un proceso de adopción en vista de que mis condiciones no eran las más adecuadas. Yo interpuse una apelación para recuperar al niño y en medio de eso fue cuando falleció el doctor Cuta, degollado, y eso quedó congelado".

"Yo tenía las copias que Bienestar me había mandado. Lo mismo que leyó el presidente Uribe y se las mandé por fax al defensor del Pueblo y una copia del registro civil de Juan David. Yo sigo con la zozobra en San José. Llamé a El Retorno y unos tipos me estaban buscando. Ese día estuve pendiente de las noticias del mediodía cuando dijeron que a Emmanuel no lo entregaban y que el presidente Uribe viajaba a Villavicencio. En medio del miedo veía el noticiero cuando el Presidente empieza a hablar y explota esa bomba sobre Juan David. Dijo algo que yo no hice. Yo no fui jamás a reclamar al niño como papá. Sí dije que estaba en grave riesgo y que la guerrilla muy posiblemente me iba a matar. Me dolió mucho que el doctor Uribe no protegiera mi identidad y la de mi señora, algo que me puso de mal genio porque ya no lo sabían pocos, sino el país y el mundo entero y aún yo no tenía seguridad. Me entró un desespero horrible".

"Al ratico llega mi amigo y vi a la Policía y pensé que venía a esposarme. Yo lo que había hecho era por el bien de los niños. Yo no estaba haciendo nada malo y no me arrepiento de lo que hice. Hasta que me dijeron que venían a prestarme seguridad. Eso ya me devolvió el alma al cuerpo".

"Esa misma tarde llegaron dos subintendentes en un carro particular y me consiguieron algo de comer para mis hijos. Me dieron mucha tranquilidad y me dijeron que no me preocupara".

"Después me llevaron para la Base Antinarcóticos y nos dieron alojamiento en una casa fiscal. Por la tarde me dijeron que iba un avión por nosotros. A las 6 y 45 de la mañana del 2 de enero salimos para Bogotá".
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