Viernes, 20 de enero de 2017

| 1996/09/23 00:00

"LA MONITA MURIO EN SU LEY"

El ex teniente de la Policía Guillermo Pérez, acusado de ser uno de los autores intelectuales del crimen de Elizabeth Montoya de Sarria, cuenta su versión a SEMANA.

"LA MONITA MURIO EN SU LEY"

Guillermo Perez fue uno de los oficiales de la Policía que se descolgó de un helicóptero sobre el techo del Palacio de Justicia para enfrentarse al M-19 durante la toma de la sede en 1985. Después de eso su vida cambió. Formó parte del grupo que tenía a cargo la seguridad de los esposos Sarria. A la muerte de Elizabeth fue acusado por la Fiscalía de haber participado en el crimen. Al otro día del asesinato se reunió con Jesús Sarria en la cárcel. Este le dio un dinero para que sacara a sus hijos a Estados Unidos. En la actualidad se encuentra en ese país huyendo de las autoridades colombianas. SEMANA lo entrevistó.
Semana: ¿Cómo conoció usted a los Sarria?
Guillermo Perez: La primera vez que tuve contacto con Chucho Sarria fue a través de Jorge Enrique Jaimes Peñalosa, alias 'Jimmy', en el año de 1989. Jimmy era su jefe de seguridad y ese día me ofrecieron trabajar con él. Así fui vinculado a la organización.
Semana: Hoy en día usted está acusado por la Fiscalía de haber participado en el asesinato de Elizabeth de Sarria. Hay varias llamadas desde su teléfono celular a los presuntos coautores del crimen un día antes del mismo y el día en que se cometió. ¿Qué explicación tiene eso?
G.P.: Yo fui víctima de una especie de secuestro. Las personas que me retuvieron cogieron mi teléfono como violín prestado. ¿Qué culpa tengo yo de que alguien utilice mi teléfono? Sería muy torpe si yo fuera el autor de esos hechos y fuera a utilizar un teléfono a nombre mío. Me están tratando de acusar como el autor intelectual. Eso no tiene ni pies ni cabeza.
Semana: ¿Por qué dice usted que lo habían secuestrado?
G.P.: Es una historia muy enredada. En la mañana del primero de febrero recibí una llamada de Jimmy. El me dijo que tenía un problema con una gente de la Fiscalía. Al llegar allá me encontré con Jimmy herido en una rodilla, rodeado de un grupo de 20 ó 30 personas, muy bien vestidas, que se hacían pasar por funcionarios de la Fiscalía. Lo estaban interrogando para saber en dónde estaba Elizabeth. Durante todo ese proceso utilizaron mi teléfono.
Semana: ¿Qué pasó entonces?
G.P.: En esa reunión Jimmy, que estaba siendo amenazado, dijo que él tenía que reunirse con Elizabeth en un apartamento. Nos desplazamos hacia allá con el personal que decía que era 'de la Fiscalía'. Era el apartamento en donde estaban los brujos y donde ella fue asesinada. Cuando llegamos, Elizabeth se sorprendió al ver a Jimmy herido. Le dijo que quería hablar con él a solas en el cuarto contiguo, pero no cerraron la puerta y yo pude escucharlos. Jimmy le dijo que Chucho le mandaba decir que se cuidara mucho, que su vida estaba en peligro. Ella lo interrumpió para decirle que lo importante era que a él lo viera un médico. En ese momento salieron y me dijo a mí que por favor acompañara a Jimmy a una droguería o a un hospital para que le vieran la rodilla.
Semana: ¿Y a ella no le pareció raro que llegaran con una cantidad de personas que eran supuestamente de la Fiscalía?
G.P.: Sí, pero Jimmy le dijo que como había tenido problemas, había decidido llamar a unos amigos. Después de eso no preguntó más y yo salí con Jimmy a ver dónde le podían mirar la rodilla. En ese momento uno de los brujos que estaba allí le dio las llaves a Jimmy para abrir la puerta de afuera del edificio porque estaba con seguro. Con esas llaves nos fuimos.
Semana: Uno de los santeros que fue testigo del asesinato dice que una persona como parecida a usted mantuvo la puerta medio abierta mientras hablaba con Elizabeth. Afirma que eso se hizo para que pudiera entrar el sicario que la mató.
G.P.: Eso no es verdad. Yo en ese momento me desplazaba con Jimmy a la clínica Santa Fe acompañados de toda esa gente 'de la Fiscalía'. Fue ahí cuando noté que mi teléfono había sido utilizado para llamar a todas partes. Jimmy en ese momento les dijo que nos soltaran, que al fin y al cabo ya sabían donde estaba Elizabeth. En ese momento nos llevaron a una casa en el norte, que era la sede de operaciones de ellos. Yo estaba seguro de que nos iban a matar pero logré hacer una llamada a una persona importante, quien me ayudó. Esa persona habló por teléfono con los tipos y les dijo que si algo me pasaba tendrían problemas. Esa llamada me salvó la vida.
Semana: ¿Quién fue la persona que lo ayudó?
G.P.: No puedo decirles.
Semana: ¿Que pasó con Jimmy?
G.P.: Apareció después muerto tirado en un potrero.
Semana: Se ha afirmado que uno de los motivos que usted podría tener para involucrarse en el asesinato de Elizabeth Sarria es que, según algunas versiones, ella podría haber asesinado a su hermano.
G.P.: Una vez yo salía con mi hermano de El Campín y nos echaron bala. El murió instantáneamente y yo quedé herido. Eso fue como hace cinco o seis años. En una conversación que yo tuve con Jimmy en el 93, después de unos tragos, me comentó que yo no me debía confiar de Elizabeth porque ella era la que había coordinado ese atentado. Yo le pregunté qué pruebas tenía y él me contestó que él había estado al tanto de todo en ese momento.
Semana: ¿Entonces usted no descarta que ella hubiera asesinado a su hermano?
G.P.: Eso fue lo que me dijo Jimmy pero yo no tuve nada que ver con la muerte de ella.
Semana: ¿Cómo llegó el coronel Osorio a trabajar con los Sarria?
G.P.: Nunca supe. La primera vez que yo lo vi fue en el año 94 que iba muy seguido a la casa (de los Sarria).
Semana: ¿A qué iba?
G.P.: Iba a hablar con ellos. Llegaba en una camioneta azul Nissan propiedad de los Sarria a nombre de él. Pero no sé más.
Semana: Se dice que Osorio estuvo buscando a Elizabeth. ¿Usted supo de eso?
G.P.: No, la única vez que escuché eso fue por los medios de comunicación. La última vez que yo vi a Osorio fue en 1994, yo lo veía muchas veces llegar a la casa de la loma, le regalaba cuadros, según ella, muy costosos.
Semana: ¿Usted cree que él tuvo algo que ver en este caso?
G.P.: No sé. Eso lo sabe es él.
Semana: Entonces, ¿quién la mató?
G.P.: Ella murió en su ley. Hasta donde yo sé, fue gente que podía deberles dinero o gente a la que supuestamente los Sarria les habían quitado dinero.

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