Viernes, 19 de septiembre de 2014

| 2013/05/15 00:00

La muerte lenta de la eutanasia en el Congreso

El Senado destapó sus cartas para oponerse al proyecto que legalizaría el suicidio asistido.

Foto: A.P.

El senador Armando Benedetti, quien ha llevado al Congreso los proyectos que más han polarizado a los partidos políticos en el parlamento, está a punto de sufrir una nueva derrota. Su proyecto para reglamentar la eutanasia no tiene respaldo en la plenaria del Senado.

La eutanasia está ajustada a la legislación colombiana desde 1997, cuando la Corte Constitucional, en una polémica sentencia, advirtió que en el país el derecho a vivir de forma digna también incluye el de morir dignamente. Es decir que ninguna persona estará condenada a prolongar su existencia en contra de su voluntad.

Benedetti, atendiendo la sentencia de la Corte, se apareció con un proyecto para reglamentar en qué casos se puede garantizar el derecho a morir dignamente. Pero su propuesta fue más allá, incluso fue señalada en el Senado como la reglamentación del suicidio asistido.

El senador le propuso al Senado definir la eutanasia como “la terminación intencional de la vida por otra persona, esto es, un tercero calificado, el médico tratante, de una forma digna y humana, a partir de la petición libre, informada y reiterada del paciente que esté sufriendo intensos dolores, continuados padecimientos o una condición de gran dependencia y minusvalía que la persona considere indigna a causa de enfermedad terminal o grave lesión corporal”.

¿Qué más busca la iniciativa?

Pero, además, la iniciativa establece como condición que la única persona que puede practicar el procedimiento eutanásico o asistir al suicidio a un paciente es un profesional de la medicina, es decir, el médico tratante. Este profesional de la medicina no será objeto de sanción penal.

Quienes podrán acogerse al derecho a morir dignamente, según este proyecto, serán los pacientes colombianos o los extranjeros residentes, adulto mayor de edad que esté en pleno uso de sus facultades mentales al momento de solicitar, oralmente o por escrito, al médico tratante la terminación de su vida de una forma digna y humana o la asistencia al suicidio.

En ese caso el paciente debería certificar que sufre una enfermedad terminal o grave lesión corporal que le produce intensos dolores, continuados padecimientos o una condición de gran dependencia y minusvalía que la persona considere indigna, los cuales no pueden ser aliviados por la ciencia médica actual con esperanza de cura o mejoría.

Eso sí, el proyecto aclara que ningún médico tratante podrá ser obligado a practicar el procedimiento eutanásico o a proveer la ayuda necesaria para tal fin, si este así lo decide. En caso de que el tratante se rehúse a practicar el procedimiento eutanásico, el paciente podrá solicitar la ayuda de otro galeno.

Rechazo ‘cantado’

La propuesta de Benedetti fue rechazada por el mismo sector de congresistas que se opuso al matrimonio igualitario. Ellos coincidieron en que la fórmula de Benedetti no es sino una tronera para que en Colombia se practiquen “homicidios por piedad”, que actualmente están penalizados.

El conservador José Darío Salazar le dijo a Benedetti: “Morir dignamente no es morir como un perro, con una inyección letal”.

Édgar Espíndola, del PIN, otro de los que libraron la batalla contra el matrimonio igualitario, dijo que la Constitución es clara en señalar que en Colombia el derecho a la vida es inviolable, por lo que calificó el proyecto de Benedetti como inconstitucional.

Por su parte, el presidente del Senado, Roy Barreras, definió el derecho a morir dignamente como la interrupción de los procedimientos artificiales que mantienen la vida y la prolongan de forma artificialmente. Esa es la eutanasia pasiva, la no prolongación artificial de la vida de forma artificial.

Otra cosa, dice Barreras, es el suicidio asistido o la eutanasia activa, que es cuando el paciente solicita que le maten y un médico o cualquier profesional de la medicina causa la muerte de esa persona. “El Congreso sí debe aprobar una legislación para regular el derecho a morir dignamente, pero parándose en la línea roja de la inyección letal”.

Intento fallido

Pocos senadores acompañaron los alcances del proyecto de Benedetti argumentando que a un paciente que no considere digna su vida, a causa de graves consecuencias de una enfermedad terminal, se le debe garantizar el derecho a interrumpir su sufrimiento.

Senadores liberales como Rodrigo Villalba y Camilo Sánchez dicen  que con la fórmula legal que propone Benedetti se podría cometer toda clase de abusos. “Podemos asistir a un acto criminal con apariencia de misericordia, a un homicidio asistido”, explicó Villalba.

La discusión también tuvo argumentos de carácter religioso. Monseñor Juan Vicente Córdoba, exsecretario de la Conferencia Episcopal, pidió al Congreso oponerse al proyecto, al considerar que la eutanasia no es más que “evadir la realidad”. Además dijo que “un ser humano haciendo de Dios es más peligroso que un mico en un pesebre”.

Con las cartas sobre la mesa, la plenaria del Senado intentó una votación del proyecto. Sin embargo, de los 82 senadores que contestaron a lista, tan solo 39 permanecieron en sus curules.

El intento de votación favoreció a los opositores del proyecto con 27 votos. Sólo 12 respaldaron a Benedetti. Sin embargo, la votación no fue efectiva porque se necesitan 50 votos o más para aprobar el proyecto o para hundir la iniciativa. El próximo martes será la votación definitiva, que, claramente, ya se sabe qué destino tendrá.

Con esta decisión el Congreso pasa un nuevo período legislativo sin atender la orden que la Corte Constitucional impartió en 1997, reglamentar el derecho a morir dignamente. El nuevo proyecto de Benedetti está punto de convertirse en el sexto intento fallido del Congreso por reglamentar la eutanasia.

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