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| 9/7/1987 12:00:00 AM

LA MUERTE RONDA LA U.

En menos de 60 días han sido asesinadas 7 personas vinculadas a la Universidad de Antioquia.

El único problema que aquejaba a la Universidad de Antioquia parecía ser el conflicto surgido entre los médicos residentes de la facultad de medicina y el Hospital Universitario San Vicente de Paúl. El motivo era que los estudiantes pedian más profesores para el turno de la noche. De resto todo marchaba bien Pero el fantasma de la muerte comenzó a rondar.

-Junio 13. El joven Edison Castaño Ortega, 18 años, estudiante de segundo semestre de odontología en la Universidad de Antioquia y de octavo de geología en la Universidad Nacional, salió de su casa con la intención de arreglar algunas fallas en la moto. Llegó como N.N. al anfiteatro municipal. El cadáver apareció abaleado.

-Julio 4. Darío Garrido Ruiz. Profesor en la facultad de odontología en la Universidad de Antioquia. Desconocidos fueron a matarlo en su finca en la población de Urrao. Tenía problemas con el EPL porque no quería pagar la vacuna, según versiones.

-Julio 14. José Abad Sánchez C., 24 años. Estudiante de sexto semestre de medicina veterinaria en la Universidad de Antioquia, monitor de fisiología. Salió de la casa con el fin de hacer una práctica en Ríonegro. A las cinco de la tarde llamó a su familia para avisar que iría más tarde. Nunca llegó. Apareció abaleado y con signos de tortura, como N.N. en la carretera a Las Palmas.

-Julio 27. John Jairo Villa Peláez. 28 años. Estudiante de la facultad de derecho de la Universidad de Antioquia. Apareció abaleado cerca de su casa en el barrio Castilla.

-Julio 31. El estudiante del grado 11 del Liceo Universidad de Antioquia, Yowaldin Cardeño, de 18 años, fue sacado violentamente de su casa por desconocidos. Más tarde apareció como N.N. Presentaba varios impactos de bala.

-Agosto 2. José Ignacio Londoño Uribe, 28 años, estudiante de último semestre de comunicación social en la Universidad de Antioquia. A las 10 de la noche del día anterior pidió 500 pesos a una hermana para salir con un par de amigos. No regresó. A las 8:30 de la mañana siguiente lo encontraron muerto cerca de su casa. El cadáver había sido golpeado, macheteado y baleado. Le faltaba un dedo y una de las manos yacia a 20 pasos del cuerpo.

-Agosto 4. Carlos López Bedoya, profesor de antropología en la Universidad de Antioquia. A las 6:00 p.m. de ese día, mientras descansaba en una cafetería frente a la Universidad, un sicario le propino un disparo en la cabeza y huyó en una moto.

Para entonces la racha de muertos vinculados a la Universidad de Antioquia había logrado invadir de nervios -y a veces de pánico- a ese centro académico. En la mañana del 4 de agosto, mientras al profesor de antropología asesinado era velado en Campos de Paz, un grupo de encapuchados se apoderó de un bus que pasaba cerca a la Universidad, lo condujo al interior y lo incendió. Las autoridades universitarias dispusieron del cierre de actividades hasta el lunes 10 de agosto.
Pero la muerte siguió rondando a la Universidad. En la tarde del mismo 4 de agosto, un profesor de física, Jesús Hernando Restrepo Escobar, fue arrollado por un camión, tras un alegato en la vía pública cuando su carro chocó con otro. Y horas más tarde, al amanecer del 5 de agosto, en Marinilla, un estudiante de metalurgia, Gustavo Franco Marín, dirigente cívico que ha alentado la celebración de algunos paros cívicos en el oriente antioqueño fue secuestrado junto a otra persona, quien logró huir. Minutos después de haberlo retenido, Franco apareció en una zona verde con un disparo en la cabeza que, por lo menos, le costará la vista.
Directivas y estudiantes de la Universidad de Antioquia, consultados por SEMANA, no encuentran un hilo conductor que vincule estas muertes. Si bien es cierto que algunas de las víctimas tenían inclinaciones hacia la izquierda, también se sabe que varios de ellos no participaban en ningún movimiento y otros, más bien, parecían pertenecer a organizaciones de derecha. Sin embargo, esta revista conoció la existencia de un cassette grabado supuestamente por el llamado grupo "Amor por Medellín", donde repetía su propósito de "limpiar" la ciudad de toda suerte de lacras. Pero tales consignas, que fueron entregadas al procurador delegado para los derechos humanos, Bernardo Echeverri Ossa, encargado de investigar la racha de asesinatos, parecían más oportunistas que otra cosa.
Mientras se especulaba con hipótesis, los estudiantes en una asamblea general pidieron la creación de grupos de autodefensa y resolvieron volver a clases esta semana para evitar trastornos del ritmo académico. Una de las hipótesis hablaba de simple coincidencia. Argumentaba que con una población cercana a las 30 mil personas (entre estudiantes y profesores), en una ciudad de numerosos asesinatos, no es raro que en casi dos meses de muertes, siete de ellas tengan en común un vinculo con la Universidad de Antioquia. Pero entre directivas y estudiantes persiste la sombra de duda: ¿qué -o quién- está detrás de la muerte que está rondando a la Universidad?


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