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| 11/25/1996 12:00:00 AM

LA NIEVE DEL CAPITAN

Las policías de Colombia y Ecuador y la DEA capturaron el mayor embarque de cacaína enviado por mar. Crónica de SEMANA sobre este histórico golpe.

A esa hora de la tarde sólo se escuchaba el golpe seco de las olas contra la proa del barco. El cielo estaba despejado. Una bandada de gaviotas revoloteaba a los lejos. Uno de los marinos del 'Don Celso', con manos de estibador y alma de poeta, tuvo la impresión de que eran pañuelos blancos que se agitaban por la acción del viento. En uno de los camarotes otros dos marinos trataban de acomodar las fichas para jugar la segunda partida de dominó después de la siesta. No había asomo de tormenta en esa parte del océano Pacífico a unas 400 millas de Cabo San Lorenzo, en las costas de la bahía de Manta, en el Ecuador.De repente la placidez del viaje se vio interrumpida por el ruido de las aspas del helicóptero que parecía querer posarse sobre la embarcación. El capitán José Helberth León Gutiérrez, un colombiano fornido, de algo más de 40 años, con una barba de varios días, en medio del estruendo alcanzó a oír la voz que le ordenaba detener la marcha y regresar a tierra firme. Era una voz de acento raro: ni español ni inglés, más bien parecía una amalgama de los dos idiomas. La orden de "¡alto!", sin embargo, la escuchó con absoluta nitidez. Sorprendido y nervioso el capitán trató de ganar tiempo y lo primero que se le ocurrió fue ordenar a los maquinistas que averiaran cuanto antes uno de los motores. Así sucedió. En cuestión de segundos por estribor empezó a salir una incipiente columna de humo. Cuando apareció la patrulla marítima de la DEA, en la que no sólo había agentes estadounidenses sino también de la Policía del Ecuador, el capitán León encontró un buen pretexto para justificar su presencia en altamar. Dijo que el 'Don Celso' era un barco atunero de bandera ecuatoriana que se dirigía al puerto de Balboa en Panamá para ser sometido a una reparación general puesto que se encontraba en muy mal estado. "Este barco es una mierda. Miren ustedes que se nos acaba de incendiar uno de los motores", dijo, tratando de mostrar una serenidad que no sentía. El 'Don Celso', en efecto, tenía la apariencia de estar disfrutando sus últimos días. Lucía desvencijado, maltrecho, débil. Parecía un gigante a punto de irse a pique: era el barco perfecto para que los traficantes colombianos lo inundaran de cocaína. No despertaba sospechas. Sin embargo la estrategia de la tripulación fracasó y ante el asedio del helicóptero y del guardacostas estadounidenses, el capitán León debió bajar los brazos y aceptar a regañadientes que lo escoltaran hasta el puerto ecuatoriano de Esmeraldas. Allí la embarcación debía ser sometida a una rigurosa requisa para ver sí, como decían los informes de inteligencia de la Policía Antinarcóticos de Colombia y la DEA _los que le venían siguiendo el rastro desde hacía siete meses_, estaba cargada con cerca de 12 toneladas de cocaína pura. Esa cantidad de droga, puesta en el mercado negro de Estados Unidos, tiene un costo aproximado de 275 millones de dólares, unos 275.000 millones de pesos. La descomunal cifra alcanza para darle empleo en Colombia a 150.000 personas durante un año pagándoles el salario mínimo. Una mina de drogaEl lunes 14 de octubre, bien entrada la noche, el barco atracó en el muelle de Esmeraldas con sus 16 tripulantes. De inmediato un grupo de oficiales ecuatorianos se dispuso a requisar la embarcación. La inspección resultó más complicada de lo presupuestado. Cuatro días después seguían sin hallar el menor indicio de la presencia de la droga en el 'Don Celso'. Ni siquiera los perros especializados habían sido capaces de encontrar el alcaloide. Los policías ecuatorianos, quienes creían haber auscultado todas las dependencias del barco, estaban a punto de perder las esperanzas. El único que parecía convencido del éxito de la operación era el coronel Leonardo Gallego, director de la Policía Antinarcóticos de Colombia, el hombre que desde un comienzo se había puesto al frente de la llamada Operación Tiburón: "Las informaciones que tenemos son fidedignas. Hay droga en el barco. Busquen bien en todos los rincones", les decía a los oficiales ecuatorianos cuando hablaba con ellos.El viernes 18, cuando la gran mayoría de los tripulantes había recuperado su libertad por falta de pruebas, un oficial de la Policía del Ecuador encontró las primeras bolsas de cocaína en el 'Don Celso'. El único que aún permanecía detenido era el capitán del buque. Sus cargos, contrario a lo que podría pensarse, no eran transporte y posesión de droga, sino porte ilegal de armas ya que el día de su detención tenía en su poder un revólver calibre 38 corto. Las leyes ecuatorianas son muy parecidas a las colombianas y establecen que si en 48 horas no se allegan pruebas contra un detenido éste recupera su libertad. Los traficantes del 'Don Celso", sin embargo, cometieron dos errores. Primero, dos de los tripulantes, el mismo día en que quedaron en libertad, se fueron a beber a una de las cantinas de la ciudad y en medio de la borrachera empezaron a decir que "esa mercancía no la van a encontrar nunca". Los policías que los siguieron, cuando oyeron esa frase, tuvieron la certeza de que efectivamente el barco estaba cargado con droga, como venían insistiendo la Policía colombiana y la DEA. El segundo error que cometieron fue de cálculo: ellos decían que iban para Panamá, pero en sus depósitos tenían 21.000 galones de combustible. Incluso las piscinas del barco en las que debía guardarse el atún estaban llenas de gasolina diesel. El buque tenía el doble del combustible necesario para su supuesta travesía. La realidad era otra. El 'Don Celso' iba para el puerto de Manzanillo en las costas del golfo de México, donde la droga debía ser descargada en lanchas rápidas para luego ser introducida a Estados Unidos.Depósitos selladosLa cocaína había sido camuflada en el primer nivel del barco en dos caletas en las que aparentemente sólo había combustible. Para hallarla fue necesario evacuar todo el barco. Al vaciar uno de los depósitos de popa los oficiales de la Policía de Ecuador y la DEA encontraron que al interior de éstos había otros depósitos herméticamente sellados, los cuales también fueron requisados. En estos últimos se encontraba la droga camuflada. Fueron descubiertas dos caletas con 287 bultos de cocaína pura. Una verdadera mina de droga. Se trata del cargamento más grande decomisado en América Latina en buques de carga en todos los tiempos.La droga había sido embarcada, al parecer por una unión de varios carteles colombianos, en las costas de Cabo Marzo y Cabo Corrientes en el Pacífico colombiano en agosto pasado. De allí el barco se había trasladado al puerto de Buenaventura, donde permaneció varios días. Luego emprendió viaje al sur del continente y pernoctó varias semanas en el puerto de Manta, en el Ecuador, para luego seguir hacia las costas mexicanas. Durante todo este recorrido estuvo siempre sometido a un estricto control satelital por parte de las autoridades colombianas. Al dirigirse al Ecuador buscaba despistar a las autoridades que consideran, erróneamente, que los barcos que van hacia el sur no llevan drogas. El tener bandera ecuatoriana los hace menos sospechosos que los colombianos. Era toda una estrategia bien diseñada que falló gracias a la cooperación de las autoridades de los dos países y a la colaboración de las agencias internacionales. El decomiso del cargamento dejó al descubierto una vez más la gran capacidad que tienen las multinacionales de las drogas que, ante los controles que se vienen haciendo por parte de las autoridades en lo que tiene que ver con el transporte aéreo y terrestre, utiliza el marítimo. Y ello demuestra que mientras el consumo siga siendo desaforado habrá muchas personas dispuestas a jugar su suerte en el criminal mundo del tráfico de narcóticos. El 'Don Celso' esta vez corrió con la peor de las suertes. A sus años y en su estado nada hace pensar que pueda emprender un nuevo viaje.
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