Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1987/04/20 00:00

LA NOVIA NO ERA VIRGEN

Crisis ministerial que debía resolverse rápido, se enredó por el caso Lopera

LA NOVIA NO ERA VIRGEN


La crisis en el gabinete ministerial del presidente Virgilio Barco estaba tan anunciada y el Primer Mandatario se había demorado tanto en resolverla que muchos observadores políticos habían comenzado a creer que la reacción de Barco iba ser la de aplazarla indefinidamente. De hecho, hasta hace pocas semanas, fuentes gubernamentales habían asegurado que el reajuste no se produciría antes de la reinstalación del Congreso el 20 de julio.

Pero finalmente y después de que complicados episodios políticos (ver SEMANA N° 254) le dieran un empujoncito a los ministros que estaban tambaleando el presidente Barco aprovechó la mañana del domingo 15 para reestructurar su gabinete. En cuanto al número de ministros cambiados (apenados) no fue esta una crisis de grandes proporciones. Pero en lo referente a sus repercusiones esta crisis produjo más artículos de prensa que otras de anteriores gobiernos que determinaron la aparición de un mayor número de caras nuevas en el gabinete.

Esto se vio sin duda alentado por el hecho de que en cierto modo no fue una sino dos crisis. El hecho de que el hombre escogido para reemplazar a José Name en el Ministerio de Trabajo se viera obligado a renunciar 24 horas después de su posesión, le dio al episodio ministerial algunos visos de originalidad. En el caso de esta cartera el Mandatario había decidido que era bueno aprovechar la salida de Name para concentrar las estrategias de esa cartera en el área de los empleados estatales. La mayoría de los problemas laborales del sector privado ya se había resuelto, y lo que se estaba complicando era la cuestión de los pliegos y conflictos del sector oficial (salud, petróleos, ferrocarriles). Se escogió el nombre del abogado quindiano de 50 años, Jaime Lopera Gutiérrez, un especialista en este campo, que entre otros cargos habia estado al frente de la Dirección del Servicio Civil.

Pero Barco no contaba con que, como lo denunció el lunes el diario El Espectador, Lopera hubiera sido sancionado por la Superintendencia Bancaria, por su actuación en la junta de una de las empresas del grupo financiero de Félix Correa, intervenido en 1982. Aunque esta sanción tenía que ver más con tecnicismos y no con dolo o complicidad de ninguna naturaleza, teniendo en cuenta que databa de una época en que las juntas eran elementos de decoración bastante mal informadas sobre las maniobras de las administraciones de las entidades financieras, lo que disgustó al presidente Barco fue que Lopera no se lo hubiera advertido a la hora de la oferta del Ministerio. Como le explicó a SEMANA un dirigente liberal que conoció detalles del incidente, "a Lopera le pasó lo que a la novia el día del matrimonio, que se enfrenta al problema no de no ser virgen, lo cual el novio habría aceptado, sino de no habérselo contado".

El disgusto de Barco fue tan grande que, cuando Lopera llegó el lunes al mediodía al Palacio para presentar su renuncia, la carta de aceptación de ésta por parte del Primer Mandatario ya estaba redactada. Esto obligó a Lopera, en dos ocasiones según estableció SEMANA, a reescribir su carta que finalmente le fue dictada por los asesores del Presidente, que la adecuaron así a la respuesta de Barco. La conclusión del episodio fue el nombramiento del abogado de 41 años Diego Younes Moreno, quien cumplía con las condiciones de conocedor del sector laboral del Estado que buscaba el gobierno, y que Jaime Lopera, uno de los profesionales más respetados en su campo, quedara en el aire.

No más médicos
El caso del Ministerio de Salud resultó más sencillo. El ministro saliente César Esmeral era un hombre con pésima imagen, que nunca logró defenderse frente a la prensa ni frente a sus subalternos, a pesar de que cumplió con una tarea específica impuesta desde agosto por el Presidente: el diseño del nuevo Plan Nacional de Salud, que busca abandonar las estrategias de construir grandes hospitales que, según una fuente gubernamental, "sólo sirven para dudosos y millonarios contratos", y cambiarlas por unas más acordes con los planteamientos de la Organización Mundial de la Salud sobre las enfermedades básicas que hay que combatir en países como Colombia. Parecía claro que Esmeral, a pesar de haber cumplido con ese encargo, no estaba en capacidad de llevar el nuevo plan a la práctica. "Hace falta un administrador, no un médico", comentó el Presidente a uno de sus asesores. Y el escogido fue el abogado bogotano José Granada, hasta entonces director del Seguro Social, y quien en este cargo se había defendido bastante bien.

En fin, lo que seguramente lamenta el Primer Mandatario es que la crisis, debido al episodio de Lopera, no hubiera podido resolverse tan rápido como el gobierno quiso ese domingo 15 en la mañana, cuando se decidió a plantearla. Pero es que en eso es posible que el mismo gobierno tenga algo de responsabilidad, pues todo indica que ni los computadores, ni las hojas de vida, que se hicieron tan famosas a la hora de los primeros nombramientos de esta administración fueron capaces en este caso de alertar al Presidente sobre los problemitas que tenía la decisión que estaba tomando .

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