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| 6/24/2002 12:00:00 AM

La nueva agenda

Alvaro Uribe pidió más plata para la guerra pero prometió que Colombia también redoblará esfuerzos.

Mas por la intensidad con que presentó sus compromisos que por su carisma personal el presidente electo Alvaro Uribe Vélez dejó una buena impresión en su primera visita oficial a Estados Unidos. Con nadie se reunió por más de una hora y cubrió varios frentes: una charla confidencial con el secretario de Naciones Unidas, Kofi Annan; el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, altos funcionarios de su gabinete, congresistas demócratas y republicanos y representantes de ONG y think tanks.

Como en toda primera cita en una relación que apenas comienza, no sucedieron grandes avances. Uribe dejó claro que no le temblará la mano para combatir el terrorismo y que para eso necesita recursos que pedirá no sólo al aliado del norte sino también a los colombianos. El discurso caló bien entre los funcionarios estadounidenses y fue recibido con beneficio de inventario por ONGs y congresistas opositores.

El encuentro más misterioso fue el que sostuvo con Kofi Annan. En un lacónico comunicado que leyó Uribe anunció que los contactos con Naciones Unidas serán de carácter "confidencial" e insistió en la idea de la mediación del organismo multinacional en el conflicto colombiano. Sin embargo otra vez no dijo cómo espera esa ayuda. Pero el solo hecho de que la cabeza de la ONU reciba a Uribe sin que se haya posesionado es una buena señal. Es explicable que, luego de las fracasadas gestiones de Jan Egeland y James Lemoyne y de los negociadores del gobierno Pastrana en el proceso de paz del Caguán, tanto la ONU como el gobierno nuevo querrán esperar a que avancen las conversaciones antes de asumir un perfil más alto.



En sintonia con Bush

La semana de Uribe pasó de la mediación internacional en el conflicto a las necesidades de financiación del país y la orientación de los recursos del Plan Colombia. El Presidente electo se reunió con James Wolfensohn y Enrique Iglesias, presidentes del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo, respectivamente. También se entrevistó con Horst Koehler, director del Fondo Monetario Internacional. ¿El motivo? Explicar a los jefes de la banca multilateral los alcances de las reformas económicas que el gobierno entrante se propone y las dificultades de asumirlas en medio de un conflicto interno galopante.

En general la recepción a la delegación uribista fue positiva en estas esferas debido en mayor parte a la presencia del ministro de Hacienda designado, Roberto Junguito, quien hoy se desempeña como director adjunto del FMI para Colombia. La posición del país fue clara: las dimensiones del conflicto interno amenazan la seguridad continental y es necesario el apoyo financiero de estos organismos para estabilizar al país.

A las manifestaciones de apoyo de la banca multilateral se sumaron las positivas declaraciones de los más altos funcionarios de la Casa Blanca: Donald Rumsfeld y Colin Powell, secretarios de Defensa y de Estado de Estados Unidos. Además, en medio del encuentro con Condoleezza Rice, asesora de seguridad nacional, Uribe tuvo la oportunidad de conversar con George W. Bush, presidente de Estados Unidos.

El Presidente electo pidió la ayuda de Powell con el voto decisivo de Estados Unidos en la aprobación de créditos en los organismos multilaterales. También salió a enfrentar las preocupaciones de ciertos sectores norteamericanos sobre las violaciones de los derechos humanos y los posibles nexos entre las Fuerzas Armadas y los paramilitares. En más de una reunión Uribe repitió que el Estado colombiano combatiría con igual contundencia a la guerrilla que a las autodefensas y que para eso se necesitaría más interdicción aérea, marítima, terrestre y fluvial así como ayuda para la sustitución de los cultivos de 50.000 familias.

No es de extrañar que la agenda de Uribe y las posiciones del gobierno estadounidense estén en tanta sintonía. La doctrina de política exterior de la administración Bush, liderada por Powell, Rumsfeld y Rice, se ha enfocado en la lucha internacional contra el terrorismo. Así, el gobierno estadounidense impulsó la votación en su Congreso para levantar las restricciones en el uso de la ayuda del Plan Colombia y enfrentar las acciones terroristas de la guerrilla y los paramilitares.

Para Michael Shifter, de Interamerican Dialogue, esta decisión es "un incuestionable giro en la orientación del Plan Colombia aunque hay un acuerdo entre Bush, el Congreso norteamericano y Uribe en este cambio ".



La falta de compromiso

Sin embargo no todo fueron aplausos para Uribe en esta gira. Los encuentros con los funcionarios y los congresistas sacaron a la luz una de las quejas más frecuentes de los estadounidenses frente a la ayuda económica hacia Colombia: la falta de compromiso de la sociedad colombiana con la solución del conflicto. "No entendemos por qué los contribuyentes estadounidenses tenemos que pagar la cuenta de la guerra de Colombia cuando los propios colombianos no se sacrifican" , afirmó el asesor de un congresista.

Varios parlamentarios coincidieron en citar las mismas pruebas de la que ven como una desidia colombiana: un gasto militar pequeño para un país en guerra; la renuencia a que los hijos de los ricos presten el servicio militar y la necesidad de que los colombianos paguen más impuestos para financiar la defensa del Estado. Uribe respondió con el anuncio de una nueva reforma tributaria para aumentar 1.000 millones de dólares al año el gasto público en seguridad y defensa.

Los congresistas demócratas y Human Rights Watch, ONG defensora de los derechos humanos, expresaron sus reservas sobre el tratamiento de la población civil en los planes de Uribe. Miembros del Consejo de Congresistas Afroamericanos, un grupo de 38 representantes a la Cámara del Partido Demócrata, le recordaron a Uribe la tragedia de Bojayá como símbolo de la delicada situación de la población afrocolombiana en medio del conflicto. Este equipo de congresistas busca que los derechos territoriales y culturales de los negros entren también en la agenda de los gobiernos de Colombia y de Estados Unidos.

Para el grupo de defensores de derechos humanos la actitud de Uribe de enfatizar que todos los grupos ilegales por igual serán golpeados es "positiva" ya que, como afirmó José Miguel Vivanco, director ejecutivo para las Américas de Human Rights Watch, "si se debilita la guerrilla a costa de favorecer a los paramilitares la democracia colombiana seguirá tan acosada como hoy".

Los lineamientos de la política exterior de Uribe y las preocupaciones que despiertan algunas de sus propuestas de campaña quedaron evidenciadas en esta gira. Por ahora estas reuniones son más gestos de buena voluntad y espacios para conocerse que encuentros para tomar decisiones. Claro que para este 7 de agosto ya el gobierno de Estados Unidos, Naciones Unidas, las ONGs de derechos humanos, la banca multilateral y los think tanks sabrán qué piensa hacer para librar la guerra.
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