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| 6/27/2010 12:00:00 AM

La nueva alineación

La puja por las presidencias de Senado y Cámara va mucho más allá de la pelea por dos puestos. Refleja la primera tensión entre el uribismo radical y la unidad nacional.

Hacía muchos años que la escogencia de las mesas directivas del Congreso no despertaba tanta controversia. En esta oportunidad, la elección de las presidencias de Senado y Cámara trasciende la mecánica del poder y refleja las tensiones que produce la adaptación a una nueva realidad política. No en vano, aunque la mayoría de los parlamentarios mantiene el mismo perfil, las peleas por las altas dignidades del Congreso se mueven entre la incertidumbre por el comienzo de un nuevo gobierno y las dudas sobre el peso de los acuerdos parlamentarios que se consolidaron en los ocho años de la 'era Uribe'.

En el caso del Senado, el debate no ha sido tan álgido como en el de la Cámara. Desde marzo se dio el consenso tácito entre los parlamentarios de que el presidente del Senado sería de la U, el partido con mayor representación política en el Legislativo. Este acuerdo informal se consolidó después del 20 de junio, cuando Juan Manuel Santos, candidato por la U, fue elegido presidente de la República.

Así, después de varias reuniones, la bancada uribista escogió al senador Armando Benedetti para presidir el Congreso. Ante la fuerza de su candidatura, declinaron el cacique José David Name y otros tres senadores electos: Efraín Torrado, Juan Lozano y Jorge Eduardo Géchem. Benedetti fue uno de los escuderos más importantes de Juan Manuel Santos y también está entre los afectos del presidente Álvaro Uribe. Su presidencia prácticamente ya está pactada entre los congresistas conservadores y los de la U, quienes juntos suman 50 de 102 senadores.

En la Cámara la situación es mucho más complicada. La aspiración del joven liberal Simón Gaviria causó un verdadero revuelo. Buena parte de los representantes conservadores, convocados por el ex ministro Andrés Felipe Arias ('Uribito'), se oponen de tajo a esta posibilidad. Al menos 25 de 38 sienten que por su 'antigüedad' como miembros de la coalición uribista merecen presidir la Cámara el primer año del nuevo gobierno. "Nosotros somos la base de la continuidad, la base de las mayorías que vienen del actual Legislativo", dice Heriberto Sanabria, uno de los cuatro conservadores que aspiran al cargo.

Esta postura práctica de oponerse radicalmente a un liberal recién llegado a la coalición va más allá de los intereses burocráticos o del afán de figuración política. También ha sido alimentada por una postura del presidente Álvaro Uribe, quien ante los parlamentarios ha expresado su 'tesis del almendrón'. Esta consiste en afirmar que el eje de la coalición de gobierno debe seguir siendo la sumatoria de la U y del conservatismo, y que los otros partidos que han adherido a la propuesta de Juan Manuel Santos -como el Liberal y Cambio Radical- deben gravitar como satélites alrededor de este núcleo. Fuentes cercanas al Palacio de Nariño le dijeron a SEMANA que Uribe les comunicó esta tesis a varios parlamentarios, a Andrés Felipe Arias, a Armando Benedetti y a Santos. En esos encuentros les habría dejado ver a sus escuderos y a su sucesor la molestia con la sola posibilidad de que Simón Gaviria llegue a la presidencia de la Cámara. "Uribe no concibe que, después de ocho años de oposición, los liberales quieran estar en la avanzada de la coalición. Su mensaje ha sido claro", insiste un reconocido senador de la U.

El jueves pasado, después de una reunión entre compromisarios conservadores y de la U, hubo un acuerdo preliminar que permite pensar que 'Uribito', Uribe y los conservadores uribistas ganaron el primer round, pues hubo una especie de consenso en el que la presidencia de la Cámara de Representantes podría quedar en manos de Óscar Bravo, Heriberto Sanabria, Buenaventura León o Carlos Zuluaga, todos de las toldas azules. Sumados los representantes de la U y del Partido Conservador, ocupan 84 de las 166 curules de la Cámara. Y sumadas a las del PIN, que también podrían estar en los acuerdos, llegarían a 96.

Lo más complicado de esta pelea es que pone en evidencia las dificultades que tiene el discurso de unidad nacional propuesto por Juan Manuel Santos de ajustarse al juego político real. Por un lado, porque los conservadores quieren cuidar todas las prerrogativas de las que gozaron durante ocho años de pertenencia a la coalición oficialista y no quieren compartirlas con nadie. Mucho menos con congresistas liberales o de Cambio Radical, que hasta hace muy poco se ubicaban en la oposición. Por otro, porque los congresistas de estos dos partidos y de otros minoritarios pueden sentir que se les envía el mensaje de que en la coalición serán miembros de segunda categoría. "Más que la antigüedad, para los liberales es importante el principio de igualdad. Los votos y los argumentos de todos los miembros de la coalición valen lo mismo", dice Simón Gaviria.

En últimas, lo que demuestran estas dificultades es que, en consecuencia con la historia política colombiana, los partidos se desgastan más en los temas de mecánica que en las discusiones ideológicas. En ninguna reunión de los congresistas compromisarios se han discutido argumentos de fondo o propuestas de proyectos. Además, y aunque hay un mandatario nuevo, la garrotera por las dignidades del Congreso muestra que los sectores radicales del uribismo parlamentario quieren que la distribución del poder siga igual. Les chocan los acercamientos de Santos con los liberales y con Cambio Radical, no quieren compartir sus cuotas de poder y no conciben aliarse con quienes se opusieron a la segunda reelección presidencial.

En medio de la pelea, Juan Manuel Santos les pidió a los conservadores y a la bancada de la U hacer "una coalición amplia y sin exclusiones". Pero para lograr este propósito tendrá que calmar las prevenciones de quienes tienen temor a materializar, también en la mecánica política, lo que significa la unidad nacional. Al fin y al cabo, la manera como se desenvuelva el complicado nudo de las presidencias del Congreso dará una señal sobre cómo se construye y qué tan sólida es la próxima coalición de gobierno.
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