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| 7/19/2008 12:00:00 AM

La nueva clase política

Los ex secuestrados siguen picados por el bicho de lo público. Serán candidatos al Senado, Cámara, gobernaciones o alcaldías. ¿Por qué insisten?

Cuando Jorge Eduardo Géchem Turbay subió la escalerilla metálica de la tarima, caminó por ella y, ya en el frente, vio su nombre escrito en pancartas y escuchó una multitud que lo vitoreaba, sintió plenamente que había retornado a su vida. Siete años de secuestro lo habían disminuido físicamente, pero su esencia permanecía intacta. Antes del cautiverio era un político y seguir siéndolo después significaba para él, en verdad, ser libre.

El caso de Géchem se repite para todos los demás ex congresistas, ex ministros y ex candidata a la presidencia que recobraron la libertad. Después de las duras y las maduras del secuestro, hoy son famosos, queridos, desfilan como reinas en sus pueblos y los partidos que se saborean con su reconocimiento y no ven la hora de poner su foto en un tarjetón.

Y es que cuando la política corre por las venas de un ser humano, ni siquiera la humillación de un secuestro logra aplacar el ímpetu de esa vocación. La experiencia de estos meses demuestra que la emotividad del reencuentro con sus familias no les apacigua sus aspiraciones personales. Contrario a lo que se auguraba, su salud ha aguantado que sin titubeos inicien una acelerada actividad pública. Todos parecen ávidos por expulsar los pensamientos acumulados en la selva durante el tiempo muerto del cautiverio.

La lista de los liberados que tienen aspiraciones políticas es larga. Incluso algunos ya están en campaña. Desde el ex canciller Fernando Araújo, a quien no le choca la idea de estar en el tarjetón a la Presidencia por el Partido Conservador, pasando obviamente por Íngrid Betancourt, que está ya en las grandes ligas para 2010, hasta los ex congresistas Consuelo González, Orlando Beltrán, Gloria Polanco y Luis Eladio Pérez, que de nuevo buscarán lugar en el Congreso o en la política de sus regiones.

Resulta sorprendente que deseen volver a la condición de políticos, la misma por la que fueron secuestrados. Pero todos coinciden en que en últimas, ellos terminaron en un cautiverio que nada tuvo que ver con su actividad. Orlando Beltrán recuerda el día que le pidió al 'Mono Jojoy' que le hiciera un juicio revolucionario y que si era hallado culpable, lo fusilara. Beltrán buscaba una reacción del jefe guerrillero y que reconociera que los tenía allí por ser políticos. Pero 'Jojoy' sólo le mandó decir con un subalterno, que para pegarle un tiro no necesitaba hacerle ningún juicio.

Beltrán, quien se recupera de una operación en el cerebro, tiene ya claro que aspirará a la Cámara por el Partido Liberal en las próximas elecciones. "Yo quiero volver, como un acto de una absoluta responsabilidad frente al país", dice este ingeniero industrial que, tras graduarse en la Universidad Nacional de Bogotá, regresó a su natal Neiva, y desde entonces trabajó para el departamento y fue congresista en dos períodos que se truncaron por el secuestro. Beltrán empezó a recorrer el departamento para tantear el espacio para su candidatura. Según él, las condiciones sociales son muy precarias y siente que eso lo obliga a liderar una propuesta política.

Ese es un punto de convergencia en el discurso de los liberados políticos. Todos creen que esa experiencia los convirtió en seres más sensibles a las necesidades básicas de los colombianos, tener techo, comida y atención médica. Esos temas, que eran promesas electoreras y que en su momento soltaron en la plaza pública, ahora -según lo dicen- son compromisos muy profundos en sus vidas.

Géchem lo afirma sin reservas: "En esta segunda oportunidad que me dio la vida debo hacer la política de mejor manera. No me interesa aspirar por aspirar ni figurar como antes". Aunque no sabe aún cual será su escenario, ha visitado 34 municipios de Huila, Caquetá y Putumayo. La ventaja sobre sus paisanos está en la experiencia política; desde los 8 años acompañaba a su madre a las sesiones en el concejo de Baraya, su pueblo natal. Antes del secuestro cumplió 18 años como congresista.

Consuelo González es otra carta huilense que volverá al ruedo. Ex concejal, ex diputada y ex representante a la Cámara del liberalismo, esta mujer aplomada, serena y centrada, tiene sembrada en Pitalito la semilla de su carrera política. Por eso en su casa, en la que no falta la música desde cuando ella volvió, recibe visitas de sus seguidores "Han cambiado muchas cosas y estoy viendo el trabajo de los líderes, sólo cuando tenga claro el panorama, tomaré una decisión" .

Ella, como todos los recién liberados, tiene como primer punto en su agenda el acuerdo humanitario o lo que sea que tengan que hacer para liberar a los secuestrados que quedan en la manigua. A juicio de algunos dirigentes políticos, no sería raro que los ex secuestrados hicieran una coalición para llevar conjuntamente esa bandera.

Algo similar vive Gloria Polanco. Es la única conservadora del grupo. Como fue elegida representante a la Cámara mientras estaba secuestrada, su segundo reglón, el representante Carlos Ramiro Chavarro, asumió la curul en su lugar. Hoy éste aspirará al Senado, así que la tarea de Gloria será la de llenar el espacio que Jaime Losada, su esposo asesinado, dejó preparado para ella o para uno de sus hijos.

Con excepción de Beltrán, ninguno de los políticos huilenses tiene claro cuál será su aspiración, lo definirán antes de que termine el año, pero lo cierto es que su llegada cambió el panorama político en la región. Hoy tienen más reconocimiento nacional que cualquier político de provincia, lo cual los hace muy apetecibles para los partidos que necesitan engordar su caudal electoral.

Hasta Luis Eladio Pérez, que aseguró que renunciaba al proselitismo político, ya dice que lo está picando de nuevo el bicho, no de la leishmaniasis que tanto lo hizo sufrir en el secuestro, sino el del Congreso. Hace dos semanas salió del país, pero esto no quiere decir que su ausencia sea definitiva.

Pero, a decir verdad, el panorama político para un ex secuestrado no está despejado del todo. Ni siquiera Íngrid Betancourt, que es una figura mundial y a la que todos los partidos les encantaría tener en sus huestes, tendría asegurado un espacio en el país. Para empezar, las reglas para participar en la contienda cambiaron mientras ella estuvo cautiva. Hoy su movimiento, Oxígeno Verde, no tiene personería jurídica. Los observadores políticos no la ven compitiendo con Germán Vargas en Cambio Radical, ni con Juan Manuel Santos en La U, ni en el Partido Conservador. Faltaría ver si se mete en la vacaloca del Polo, que tampoco parece probable, o si sigue sola como lo hizo siempre y crea una nueva fuerza. Pero esto implica que debe acelerar la puesta en marcha de su proyecto.

Aun así, es la mas presidenciable de todos los liberados. Sin embargo, es posible que la política, para ella, ya esté mas allá de las fronteras de Colombia: en su candidatura para el Premio Nobel, en el parlamento europeo, en el gobierno francés, o como imagen de los secuestrados del mundo.

El otro personaje que saltó a la política tras su secuestro es el ex canciller Fernando Araújo. Desde esta semana, cuando entregó su cargo, Araújo es esperado con los brazos abiertos en el Partido Conservador. El presidente de los azules espera reunirse con él esta semana. Su nombre podría estar en la consulta de ese grupo. En la última encuesta de Gallup, el ex ministro alcanza 43 puntos de imagen favorable, el mejor lugar de los conservadores. El libro sobre su secuestro saldrá en los próximos meses y entonces volverá a tener una intensa exposición mediática. Araújo quiere jugar y en la costa atlántica están buscando candidatos con fuerza, y él, por lo menos, es reconocido.

Lo cierto de todo esto es que una nueva clase política ha nacido en Colombia: la de los ex secuestrados. Y no está nada mal no sólo porque ellos simbolizan uno de los más crueles flagelos de la sociedad, sino porque también son las figuras que enarbolan las banderas del único valor que hoy reclama unánimemente el país: la libertad.
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