Martes, 24 de enero de 2017

| 1988/10/17 00:00

La nueva roya

Todo estaba listo para recibir a la devastadora broca del café.

La nueva roya

Primero fue la roya. Los colombianos presenciaron en 1984 la aparición de ese hongo perjudicial como a la crónica de una plaga anunciada. Hoy, la historia se repite con la broca, un insecto de tamaño ínfimo capaz de inflingir daños de consideración a la economía cafetera que al aparecer, tampoco tomó al país por sorpresa, gracias a la previsión de la Federación Nacional de Cafeteros, que desde hace varios años venía trabajando con la premisa que podía llegar al país tarde o temprano.
Si algo ha caracterizado a la Federación en sus programas contra las plagas es esa extraordinaria capacidad para adelantarse a los problemas. La broca no fue la excepción. En América apareció desde 1924, año en que se estableció en el Brasil. En Perú entró en 1962 y en Ecuador en 1981. Entre tanto, la Federación, primero sola y luego en asocio del ICA, se impuso la tarea de salirle al paso al temible gorgojo. Y en este caso, las campañas de instrucción, que incluyeron folletos, cuñas radiales y de TV, conferencias presenciales y jornadas interdisciplinarias, dieron también el resultado esperado.
Sin embargo, lo que tal vez indica más a las claras el grado de penetración de las campañas y la conciencia creada sobre la seriedad del problema, es precisamente la forma como se detectó la presencia de la broca en Colombia. Fedecafé, en asocio de los organismos estatales, Ministerio de Agricultura, ICA, SENA y las autoridades regionales venía haciendo una serie de giras conjuntas, principalmente en las zonas fronterizas. Luego de una campaña educativa en Cesar y Norte de Santander, el turno correspondió, en el mes de julio, al departamento de Nariño. Y fue allí precisamente, en una región remota e inaccesible, donde el largo brazo de la Federación logró detectar las primeras matas de café afectadas por la broca. Un agricultor que asistió a las conferencias le comentó a un vecino las características de la plaga. Este vecino --de oídas-- tomó la iniciativa de escribirle al ICA para informar que en su predio había algo raro. Dicho y hecho, se despachó una comisión conjunta con la misión de comprobar la presencia de la plaga y elaborar un informe completo, cuyas conclusiones se esperaban al cierre de esta edición.
Pero, ¿qué es en realidad la broca del café? Se trata de un insecto de la familia de los cucarrones, el "Hypothenemus hampei", un bichito negro del tamaño de la cabeza de un alfiler. Su delirio son los granos de café, donde se alimenta y vive gran parte de su existencia. Allí ingresa por el ombligo, para formar en el interior una galería de túneles que dejan al grano virtualmente inservible.
Quienes se encargan de propagar el problema son las hembras, que son las que perforan el fruto y ponen allí sus huevos. Los machos, carentes de alas, pasan la vida en el interior, alimentándose y fecundando a sus compañeras. A ese tren, sólo pueden vivir dos meses, mientras que las hembras duran hasta cinco.
Lo que hace que la broca represente un riesgo para la producción aún mayor que el de la roya es que, a diferencia de ésta, no ataca las hojas sino que va "directamente al grano". Debido a eso, la mata afectada no parece estar enferma; por el contrario, el caficultor desprevenido puede estar orgulloso de su frondosidad, sin saber que la procesión va por dentro. Al cosechar, para su sorpresa hasta el 80 ó 90% de la producción puede estar afectada.
En relación con ambas plagas, la Federación insiste en que la existencia misma de cafetales, si se aplican los correctivos necesarios, no está amenazada y que solamente se afecta la economía de la producción. El subgerente general técnico, Germán Valenzuela, informó a SEMANA que tanto para la roya como para la broca se tienen procedimientos escritos de control, que se están poniendo en práctica según lo previsto. Por supuesto, cualquiera de ellos afecta los costos del caficultor. "Sobre todo la información no debe producir alarma injustificada, pues aunque la situación puede controlarse con las medidas que tenemos diseñadas, sería contraproducente que algún agricultor entrara en pánico y ocultara el problema de su finca", dijo Valenzuela.
Esas medidas contra la broca van desde lo tradicional hasta lo altamente tecnológico. En el primer extremo está, por ejemplo, calentar el grano recolectado, con lo que el insecto muere y sale de su galería.
También existen controles biológicos que pueden consistir en la diseminación de insectos parásitos de la plaga, como la avispa de Uganda --detectada en zonas africanas donde el café es silvestre-- o de hongos entomófagos, cuyo desarrollo se estudia en Inglaterra. Sólo en caso de que nada funcione, se aconseja la aplicación de los insecticidas.
A corto plazo, sin embargo, hay una serie de correctivos que se clasificarían como "culturales", que van dirigidos a cambiar los hábitos de cultivo, el "manejo agronómico". No transportar granos afectados ni empaques usados, no dejar granos en el suelo, controlar las malezas, regular los sombrios, cosechar totalmente la producción y otros más, que deben convertirse en parte de la rutina del caficultor.
Afortunadamente, la remota región donde apareció la broca no produce mucho café y lo poco que se cosecha se comercia en el Ecuador. Por eso, la llegada de la broca a las zonas cafeteras podría tardar aún un tiempo más o menos largo pues la plaga por sí sola tiene escasa capacidad de movilización. Pero cuando aparezca, si se siguen adoptando los correctivos oportunamente, el fenómeno podrá controlarse, porque caficultor avisado, no sufre por la broca.--

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