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| 5/17/2013 12:00:00 AM

La OEA no se decide sobre la legalización

Según este organismo, los adictos deben ser tratados como enfermos y no como delincuentes.

Es un hecho que toda la cocaína consumida en el mundo viene de Colombia, Perú o Bolivia. Y aunque en la última década las zonas de cultivo se redujeron en 30 por ciento en toda la región y en más de la mitad, en el caso de Colombia, las drogas ilícitas siguen siendo el dolor de cabeza de todos los mandatarios americanos.

Por eso durante la pasada Cumbre de las Américas, en Cartagena, el presidente Juan Manuel Santos declaró: “Tenemos la obligación de ver si estamos haciendo lo mejor que podemos o si existen otras alternativas más eficaces. Una solución podría ser: ‘todos los consumidores irán a la cárcel’. En el otro extremo está la legalización”.

Esas palabras tuvieron eco y hoy el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, le acaba de entregar a Santos el informe sobre el problema de las drogas en la región, que tuvo un costo de 2,25 millones de dólares.

Este documento, de 116 páginas, responde a una tendencia que se inclina a que la producción, la venta y el consumo de la marihuana puedan ser despenalizados o legalizados.

En el informe la OEA recomienda que "la despenalización del consumo de drogas debe ser considerada en la base de cualquier estrategia de salud pública". Según el organismo interamericano, “un adicto es un enfermo crónico que no debe ser castigado por su adicción, sino tratado adecuadamente”.

En vez de recurrir a los arrestos y al encarcelamiento, propone probar y aprender de regímenes legales y regulatorios alternativos, iniciando con la marihuana.

De acuerdo con el informe, medidas extremas como el encerramiento sólo se deberían usar cuando esté en riesgo la vida del adicto o cuando su conducta constituya un riesgo para la sociedad.

Vale la pena aclarar que la despenalización puede incluir intervenciones destinadas a disuadir a los usuarios de continuar consumiendo drogas ilícitas o restricciones. Por ejemplo, aunque no sea un delito consumir marihuana, sí puede terminar en la cárcel quien le venda esta sustancia a un menor de edad o quien conduzca un carro bajo los efectos del alucinógeno.

La despenalización, aseguran, no incrementa el consumo de drogas y en cambio si alivia el sistema judicial. Sin embargo, no todo es color de rosa. De acuerdo con el informe, la despenalización no contrarresta el narcotráfico, que es uno de los mayores flagelos del continente.

Esto se debe a que la despenalización sólo se centra en los consumidores. En contraste, la legalización implicaría que un numeroso grupo de personas puedan obtener drogas sin que haya una sanción y que las drogas sean producidas y distribuidas por algunas entidades sin sanción penal.

Sin embargo, esta última alternativa, uno de los asuntos más sensibles y debatidos en la actualidad, es apenas mencionada tangencialmente en el documento y la OEA no sienta su postura al respecto, por lo que ha sido criticada. Al respecto, el presidente Santos aseguró hoy: “Aquí nadie esta defendiendo ninguna postura. Ni la legalización, ni la regulación, ni la guerra a cualquier precio. Se trata de tomar decisiones informadas”.
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