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| 11/15/1999 12:00:00 AM

LA OFENSIVA FINAL

Detrás del llamado Plan Colombia hay un ambicioso proyecto para erradicar los cultivos ilícitos <BR>del país en un plazo de seis años.

Uno de los secretos mejor guardados en Washington es el que tiene que ver con la estrategia
diseñada por el gobierno colombiano para enfrentar la lucha contra el narcotráfico. El proyecto fue presentado
recientemente a las autoridades de ese país por el ministro de Defensa, Luis Fernando Ramírez; el
comandante de las Fuerzas Militares, general Fernando Tapias, y el director de la Policía, general Rosso José
Serrano, entre otros.
La razón para el hermetismo radica en que el tema de la lucha antidrogas en Estados Unidos podría correr
el riesgo de politizarse de forma intensa si se tiene en cuenta que la campaña electoral en ese país está
prendiendo motores y son muchos los candidatos que podrían sacar partido, para bien o para mal, de la
propuesta colombiana. Esto se suma al hecho de que, como nunca antes, del derrotero que marque el
gobierno estadounidense en el caso colombiano dependerá en buena medida el éxito o el fracaso de la lucha
antidrogas en el continente.
Es por todo ello que la propuesta colombiana _conocida como Plan Colombia_ ha sido una de las más
elaboradas de los últimos años. Las dos partes interesadas trabajaron a fondo la propuesta para evitar malas
interpretaciones. El objetivo de ésta es el de lograr que la intervención de Washington en la lucha contra el
narcotráfico en Colombia se haga, a diferencia de años anteriores, dentro de los lineamientos de una relación
de confianza con el gobierno de Andrés Pastrana.


Las bases del Plan
Pero ¿en qué consiste el llamado Plan Colombia? SEMANA conoció el documento que sirvió de base para la
elaboración del mismo, en la parte relacionada con la estrategia para enfrentar la lucha contra el
narcotráfico. En el documento se define la lucha contra el narcotráfico como una de las prioridades
estratégicas del gobierno ya que este flagelo _en palabras de un funcionario colombiano_ atenta no sólo
contra la seguridad nacional sino que pone en peligro la del hemisferio.
Uno de los compromisos que más llamó la atención de los funcionarios estadounidenses es el que
tiene que ver con la defensa de los derechos humanos por parte de la Fuerza Pública. Y es que ese es uno
de los temas que es observado con lupa por parte de sociedad norteamericana. Aunque no hay dudas de que
en ese sentido las Fuerzas Militares colombianas han dado pasos muy significativos en los últimos años,
todavía existe en algunas ONG estadounidenses y en varios sectores del Parlamento de ese país la idea
de que un sector minoritario de la Fuerza Pública colombiana tendría vínculos con los llamados grupos de
justicia privada.
Por todo ello el Plan Colombia no deja dudas en esa materia. En la propuesta, tanto las Fuerzas Militares
como la Policía, se comprometen no sólo a combatir a los llamados grupos de autodefensa sino a promover
la difusión y prevención de los derechos humanos de todos los colombianos. "La comunidad internacional
no puede tener dudas acerca de nuestro compromiso en ese sentido. Todos aquellos que piensan y afirman
lo contrario están equivocados" , dijo a SEMANA un alto oficial de las Fuerzas Militares.
El Plan Colombia también se refiere a la controvertida relación entre el narcotráfico y los grupos guerrilleros
del país, especialmente las Farc. En ese sentido sostiene que, aunque no se puede desconocer que el
surgimiento de dichos grupos tiene raíces de tipo social, cerca del 40 por ciento de los ingresos que reciben
cada año tiene su origen en las cargas tributarias impuestas a la hoja y a la pasta de coca en las zonas
donde existen los cultivos ilícitos. El año pasado los grupos armados al margen de la ley recibieron por
cuenta de sus actividades narcotraficantes cerca de 600 millones de dólares, los cuales invirtieron en
mayor apoyo logístico, aumento del pie de fuerza y compra de armamento, según las autoridades.
Pero la ofensiva no sólo será en el terreno militar. Estará acompañada de un fortalecimiento de las
instituciones de justicia, la lucha contra la corrupción, el bloqueo del sistema financiero del narcotráfico y la
cooperación con las agencias de seguridad de otros países.


La Brigada Antinarcóticos
Según el plan, el Ejército jugará un papel esencial en la lucha antinarcóticos. Y no con un batallón, como se
ha dicho hasta ahora, sino con una Brigada, compuesta por tres batallones. Su labor estará dividida en tres
grandes fases. La primera de ellas _que empezará a funcionar a partir del próximo primero de diciembre_
contará con la asistencia del Batallón Número 1 de Fuerzas Especiales contra el narcotráfico, la Fuerza de
Tarea Conjunta del Sur, el Batallón Número 90 de la Brigada Fluvial de Infantería de Marina y la Policía
Antinarcóticos con el apoyo de la Fuerza Aérea. Todas ellas realizarán operaciones conjuntas durante un año
principalmente en los departamentos de Putumayo y Caquetá. Su objetivo será reducir el narcotráfico y los
grupos armados que lo fomentan en un 30 por ciento.
La segunda fase contará con la activación de los batallones 2 y 3 y los batallones 70 y 80 de Infantería
de Marina y la Policía Antinarcóticos con el apoyo de la Fuerza Aérea. Sus operaciones se prolongarán por
tres años y operará en Guaviare, Vaupés, Arauca, sur de Bolívar y Norte de Santander. Su objetivo es reducir
un 40 por ciento adicional a lo previsto en la primera fase. Y la tercera fase busca ampliar las operaciones
conjuntas contra el narcotráfico en todo el país por tres y seis años, luego de que se hayan cumplido con éxito
las fases 1 y 2. Tiene como objetivo la reducción de las actividades del narcotráfico a su más mínimo nivel.
La lucha que tendrán que librar las autoridades colombianas, en todo caso, no será nada fácil. Por una parte
deberán convencer a Estados Unidos de la transparencia de sus propósitos, algo que hasta el momento
parece que han logrado con suficiencia, y, por otra, deberán convencer con hechos a un amplio sector de la
opinión pública nacional que considera que la lucha contra el narcotráfico está a punto de perderse. De los
resultados del Plan Colombia y de sus proyecciones abiertamente optimistas dependerá, entonces, no
sólo el éxito del gobierno, sino la suerte misma del país.
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