Martes, 17 de enero de 2017

| 2005/05/15 00:00

La otra batalla en La Línea

De día y de noche, bajo la lluvia y con dinamita, con guerrilla o sin guerrilla se rompe la cordillera Central para construir el túnel vial más largo del país

Los hechos fueron casi simultáneos: a las 7 de la mañana del lunes 2 de mayo en la carretera Calarcá-Cajamarca 'centro del país' varios guerrilleros de las Farc emboscaron una patrulla de la Policía y mataron a cuatro uniformados y a un civil. Muy cerca de allí y apenas unos minutos antes, un grupo de obreros iniciaba la construcción del portal Quindío, la boca del túnel de 8.542 metros de largo que se comunicará con el portal Tolima en la más importante obra de ingeniería pública vial que se realiza en el país: El túnel de La Línea.

Los colombianos vieron por televisión los detalles del ataque del frente 50. Pero los rostros marcados por el esfuerzo de ese puñado de obreros no tuvieron ningún registro, a pesar de que su trabajo es un hito en la historia del desarrollo de Colombia.

En efecto, en esa mañana 300 obreros y una docena de profesionales ?entre ingenieros, geólogos, mecánicos eléctricos, ambientalistas y trabajadores sociales? hicieron un corte a la roca de la montaña e incrustaron la viga de acero, en forma de arco, de lo que será una de las entradas de esta construcción, la más larga a esa altura sobre el nivel del mar en Iberoamérica.

"¡Qué maravilla!", exclamó Fernando Cárdenas al ver el marco de esa puerta que señala el comienzo de la obra por donde pasará el 60 por ciento del tráfico del país. Informal y de buen humor, ese ingeniero civil graduado en la Universidad Nacional ha pasado más de la mitad de sus 57 años de vida en las entrañas de las montañas colombianas. Y agregó: "Esto es histórico. Mi generación creció escuchando sobre los proyectos para atravesar La Línea y ahora el túnel empieza a ser realidad".

Una realidad que puede observarse en el otro extremo de la montaña, en el Portal Tolima. Allí los obreros ya han excavado 357 metros. La idea de estos topos es seguir avanzando, remover 350.000 metros cúbicos de rocas y en 18 meses encontrarse bajo tierra con sus compañeros del otro lado. "¡Esta vaina me encanta!", afirmó Fidel Suaza Flórez, de 62 años, nacido en La Ceja, Antioquia, y el hombre que tal vez más dinamita ha explotado en la historia del país. Su destreza para manejar la dinamita lo ha llevado a ser protagonista de las grandes obras de ingeniería. Como ahora, en esta entrada del túnel de La Línea. "¡Me gusta estar en el corazón de la montaña. Aquí me siento feliz!", exclamó.

Es difícil imaginar que sus días de trabajo puedan ser para alguien la felicidad. Su jornada arranca antes de que salga el sol, cuando entra al túnel cubierto con un traje impermeable amarillo, casco blanco, gafas protectoras y tapones para los oídos y varios cartuchos de dinamita en sus manos. Un comando del Ejército le lleva el explosivo bajo una celosa protección desde Indumil, mientras que la mecha y los estopines son entregados por otra unidad militar. Ya armadas, Suaza Flórez entra con siete tacos y 30 centímetros de mecha. Las coloca entre la roca de tal manera que la onda explosiva rompa hacia adentro y minimice el impacto hacia fuera, en la dirección en la que él, con un margen de apenas cuatro minutos, debe salir corriendo.

Su oficio puede ser uno de los más peligrosos del mundo, pero él lo ha hecho durante 40 años en los que sí ha tenido sustos pero no rasguños de consideración. Está intacto no sólo física sino emocionalmente. "Soy un hombre feliz porque sé que estoy haciendo cosas que existirán muchos años después de que yo muera. Mis hijos y mis nietos dirán que ese túnel lo hice yo".

Su cargo en esta obra es el de capataz. Los ingenieros le dan un cronograma y él lo cumple a rajatabla. Por eso siempre va al frente. "No hay mejor jefe que el que da ejemplo", asegura. Después de que se despeja la nube de polvo y se retiran los escombros, el hueco es dos metros y medio más profundo. El avance es lento. Suaza Flórez entra de nuevo con una veintena de obreros que van instalando con la fuerza de sus manos una malla de hierro en la cavidad. Luego se echa un revestimiento de concreto. Todo se hace combatiendo la oscuridad con linternas y siempre bajo una lluvia intensa y fría pues en medio de la montaña el agua freática produce un diluvio permanente. Trabajan con gran rapidez. Mientras otro grupo hace una conexión más para alargar el tubo de dos metros de diámetro que introduce aire fresco, otros tiran las mangueras para evacuar el agua y unos más tienden los rieles para movilizar la maquinaria. Las jornadas son de 10 a 12 horas continuas. A pesar del cansancio, en pocas ocasiones estos hombres hacen una tregua. Siempre van hacia delante en el interior de la montaña.

Suaza Flórez está acostumbrado al trabajo duro. Lo ha hecho en otros túneles de Colombia y del mundo pues por sus habilidades ha estado contratado durante tres años en Portugal, tres en China, tres en Luxemburgo y cuatro en Ecuador. Moreno y cuajado, tiene como el ingeniero Cárdenas un gran sentido del humor. Además, de un amor intenso por Colombia: "Este país es una maravilla". Lo dice un hombre que además de haberse sorprendido por sus paisajes externos conoce como pocos las entrañas de su geografía.

Así que cuando Suaza Flórez sale hacia las 7 de la noche y le entrega el mando a otro capataz ya el sol se ha ido. Pero la actividad continúa. Llueva, truene, relampaguee o ataque la guerrilla. Ese lunes 2 de mayo, por ejemplo, cuando las Farc perpetraron un asalto que bloqueó por cinco horas la carretera, la más importante del país, ellos siguieron adelante.

Uriel Moreno, de 53 años, como casi todos los obreros, es nativo de la región. Desempeña 'oficios varios'. Carga palos. Levanta herramientas. Ayuda a quitar el lodo. "Gano poquito pero está muy bien porque es un trabajo honrado", sostiene entre un fuerte aguacero. Con una educación apenas elemental asegura, sin embargo, que la gente en este país se divide en dos: "Los honestos que somos casi todo el pueblo, y esos bandidos que son poquitos pero que hacen un ruido de madre y señor mío".

A la misma hora en que Uriel está encorvado arrastrando troncos para hacer la nueva vía, los guerrilleros de las Farc están montaña arriba, agazapados en la neblina, esperando el momento propicio para salir y atacar de nuevo, sin importarles el paso de los años. Así ha sido siempre. Cuando en la década de los 50 se construyó la carretera por el lomo de la cordillera, las obras se hicieron lentamente pues debían resistir los ataques de los jefes bandoleros 'Chispas', 'Sangrenegra' y 'Desquite'. Estos obreros de hoy tienen un cronograma fijo: la obra debe ser estrenada en septiembre de 2007. Cuando se inaugure se habrán gastado 265 millones de dólares. Una inversión que hará que cada conductor de tractomula ahorre dos horas de tiempo en el trayecto.

"La transformación de esta región será total", asegura el ministro del Transportes, Andrés Uriel Gallego. "No sólo es este túnel. En el futuro cuando se haga la doble calzada en La Línea habrá 12 viaductos, repartidos a lo largo de la cordillera central, y otros nueve túneles más cortos". El rey de todos será el que ese 2 de mayo comenzó con el portal Quindío mientras la guerrilla disparaba. Este será el túnel de salvamento que irá 60 metros paralelo al túnel principal de dos carriles, 11 metros de alto y 10 de ancho. El túnel menor permitirá ir tanteando la geología del macizo rocoso. Entre ambos habrá galerías de escape para emergencias. Nada se deja al azar. El tiempo apremia y los trabajadores siguen en jornadas agotadoras. Son seres anónimos que están cambiando la historia del país y que, sin embargo, no son noticia.

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