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| 10/22/2001 12:00:00 AM

La otra cara

Una confrontación abierta con las Farc tendría un efecto decisivo en el proceso con el ELN.

Como en los triangulos amorosos, en los que lo que sucede entre dos personas afecta a la tercera, en el proceso de paz colombiano el gobierno suele dirigir al ELN todas sus miradas cuando las Farc le dan la espalda. Así lo ha hecho durante los últimos tres años y sin duda lo hará ahora. Así, en un principio, el ELN saldría fortalecido ante una eventual ruptura definitiva de las negociaciones con las Farc. Sin embargo, a largo plazo, es improbable que un proceso de paz con los elenos prospere si no existe una salida negociada para la guerrilla más fuerte. El pasado 24 de noviembre el ELN y el gobierno reanudaron en Cuba formalmente las negociaciones con la firma del Acuerdo por Colombia, que Fidel Castro ayudó tras bambalinas a cuajar. Desde un principio se fijaron una meta relativamente modesta: desarrollar una agenda de transición hasta el final del gobierno del presidente Andrés Pastrana. Esta agenda comprende la celebración de unas reuniones entre ambas partes y varios sectores de la sociedad; reuniones entre el ELN y los candidatos presidenciales para garantizar la continuidad en la ejecución de la agenda; cinco foros internacionales entre febrero y junio de 2002 para intercambiar propuestas sobre el Derecho Internacional Humanitario, la democracia participativa, la política energética, el problema agrario, el narcotráfico, los cultivos ilícitos y los problemas económicos y sociales que servirían de insumos para una futura convención nacional; una cumbre por la paz, con la participación de sectores nacionales y de la comunidad internacional, que se celebraría en Cuba el 30 y 31 de enero para evaluar los avances del proceso, y sesiones de trabajo con el gobierno para discutir un cese del fuego y de hostilidades, los problemas del sector energético, acuerdos para reducir el conflicto y las conclusiones de los foros. Con esta agenda de transición el ELN, que antes de los atentados del 11 de septiembre había dicho que no tenía nada de qué hablar con el gobierno de Andrés Pastrana, recupera interlocución política, se mantiene en el escenario internacional y abre la posibilidad de eventualmente sacar adelante su propuesta de un laboratorio de paz en el Magdalena Medio, para el cual la Unión Europea ha ofrecido financiación. Estas condiciones crean un ambiente propicio para que, frente a la ruptura de las negociaciones con las Farc, el gobierno le apueste a sacar adelante acuerdos parciales con los elenos. “Una oferta grande que puede hacer el ELN es suspender el secuestro si hay financiación de sus fuerzas”, afirma León Valencia, analista que ha seguido de cerca este proceso. “El gobierno también tiene que hacerle ofertas concretas para ir afinando un cese del fuego y de hostilidades”. Sin embargo ir más lejos y lograr un acuerdo de paz definitivo con el ELN en el próximo gobierno es prácticamente imposible si las Farc se la juegan por la salida militar ya que esta guerrilla, que es mucho más fuerte que el ELN, seguramente presionará para que no haya un proceso. Esta interdependencia entre la suerte de ambos grupos se agudizó desde que el ELN terminara aliándose con las Farc para evitar que el jefe paramilitar Carlos Castaño cumpliera su promesa de “colgar su hamaca” en su campamento central en la serranía de San Lucas. Aunque, en efecto, lograron contener la avanzada paramilitar el costo es que perdieron la autonomía que tenían respecto de las Farc. Ahora la fuerte presencia de los hombres de ‘Manuel Marulanda’ en el lugar donde se adelantaría una eventual zona de encuentro con el ELN se convierte en el principal obstáculo para su realización. La razón es que si las Farc se deciden exclusivamente por la confrontación sabotearán cualquier intento que se haga por una vía diferente a las balas.
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