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| 11/15/1993 12:00:00 AM

La otra guerra

El desarrollo alternativo, que busca erradicar los cultivos de coca, amapola y marihuana, empieza a dar resultados


MAS ALLA DEL DEBATE filosófico, jurídico o político sobre el tema de las drogas en Colombia, el problema tiene dos caras: una, la más conocida, la de los narcotráficantes, los productores y consumidores; y otra, de la que casi nunca se habla, la de los campesinos pobres que cultivan coca, marihuana y amapola como única forma de subsistencia.
Esta segunda cara es tan importante como la primera. Las cifras son contundentes. En primer lugar, 210 municipios -la quinta parte del total del país están afectados por los cultivos ilícitos, que, además, involucran a cerca de 3.5 millones de personas. En segundo término, Colombia produce el 15 por ciento de las 215.000 hectáreas sembradas de coca en el continente. Por último, cuenta con el 10 por ciento de los sembrados de amapola en el mundo. Y, como si lo anterior fuera poco, las innovaciones tecnológicas han hecho resurgir de las cenizas a la marihuana, procesada ahora en forma líquida.
Pero, contrario a lo que podría deducirse de las cifras, lo que está sucediendo en el país es que la mayoría de las veces los campesinos cultivadores de plantas ilícitas, más que narcotraficantes, son víctimas del narcotráfico.
"Las características culturales y las razones que llevan al campesino a acceder al cultivo son muy distintas a las de los traficantes y los colonos itinerantes, que poseen muchas más extensiones y son quienes procesan y comercializan la droga", dijo a SEMANA Gabriel De Vega, jefe de la Dirección Nacional de Estupefacientes.
Como es evidente que para combatir el flagelo de las drogas no bastan las medidas represivas, el gobierno también está interesado en cubrir ese otro frente de la guerra. "La represion, aunque efectiva, solo ataca las manifestaciones del problema, más no sus causas", según De Vega. En estos momentos está para la aprobación del Consejo Nacional de, Política Económica y Social (Conpes) un programa de desarrollo alternativo en cuatro zonas tradicionalmente relacionadas con cultivos ilícitos, habitadas por pequeños productores, como Guaviare, Caqueta, sur de Nariño y norte del Cauca, y Putumayo. Hasta diciembre de 1992 los cuatro proyectos habían atendido unas cuatro mil familias, que llegaron a sembrar unas, 11.000 hectáreas de , coca, de las cuales fueron erradicadas cerca de 3.500. Para este año esta proyectada la erradicación de otras mil.
SIN DISPARAR UN TIRO
El primer proyecto se inició en 1985 en diez municipios del sur de Nariño y norte del Cauca. Los otros tres deben culminarse a finales de, 1995. Y ha habido ayuda externa. Las Naciones Unidas, por ejemplo, han destinado cerca de 20 millones de dólares unos 16 mil millones de pesos para la ejecución de dichos programas, que son coordinados por la Consejería para la Política Social de la Presidencia de la República, a través del Plan Nacional de Rehabilitación (PNR).
Los primeros resultados, aunque bastante positivos, no significan necesariamente el fin del problema. "Los programas de desarrollo alternativo no excluyen la erradicacion de los cultilvos ilícitos como una estrategia más de reduccion de la oferta. Buscan incorporar las regiones productoras de drogas ilícitas a la economía nacional, utilizando racionalmente sus recursos", según De Vega. Y pese a que los efectos apenas empiezan a verse, en este otro frente de la guerra, donde no se ha disparado un solo tiro, podría encontrarse buena parte de la solucion del problema de la droga en Colombia.

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