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| 3/28/1994 12:00:00 AM

LA OVEJA NEGRA

Escándalo en Medellín por autosecuestro de un hijo de Rodrigo Uribe Echavarría.

LA OVEJA NEGRA, Sección Nación, edición 617, Mar 28 1994 LA OVEJA NEGRA
EL PASADO 20 DE ENERO, Rodrigo Uribe Echavarría, ex gobernador de Antioquia, recibió una carta en su casa de Medellín. En ella le informaban que uno de sus hijos, Tomás Uribe Londoño, había sido secuestrado por un frente guerrillero y que su liberación valía seis millones de dólares. La familia de Uribe, considerada una de las más prestantes de la sociedad antioqueña, se sorprendió con la noticia pues, para ella, Tomás estaba por esos días en Estados Unidos. Era el menor de los ocho Uribe Londoño, y aunque no había hecho nada sobresaliente en la vida en términos profesionales, era considerado un hombre simpático y popular por quien todo el mundo tenía aprecio. Desde hace dos años vivía en Key Biscayne y la familia no tenía muchas noticias de él ni sabía exactamente en qué estaba.
Sin embargo esa semana Uribe Londoño había aparecido en Bogotá. Y de allí, el mismo 20 de enero, había tomado un avión hacia Medellín en compañía de su novia, Jessica Jiménez. Cuando llegaron a la ciudad, los estaba esperando un conductor en un Renault 9 blanco. Los tres tomaron la carretera entre Rionegro y Medellín, y se detuvieron en el restaurante Asados Exquisitos. Minutos después de estar ahí, llegaron unos hombres -desarmados, pero identificándose como miembros de la unidad Antinarcóticos-. "¿Dónde está Tomás Uribe?", preguntaron. Y al identificarse éste, le dijeron: "Lo estábamos esperando". En ese momento se lo llevaron en compañía del conductor. Caminaron apenas unos cuatro kilómetros cuando le entregaron una carta al empleado para que se la llevara a Jessica, quien se había quedado sola en el restaurante. La novia, después de recibir la comunicación, llamó a un hermano de Tomás, Juan Manuel. y le informó: "Secuestraron a Tomás".
Después de comunicarle a su familia y hacer algunas consultas. Juan Manuel se dirigió a las oficinas del Grupo Unase y denunció los hechos. Las autoridades de inmediato tomaron cartas en el asunto y coordinaron con la familia Uribe Echavarría la forma como se debería actuar. Una semana después del plagio, los secuestradores hicieron el primér contacto telefónico. Hablaron con Rodrigo, otro de los hermanos de Tomás, y le confirmaron la suma de los seis millones de dólares. Las comunicaciones continuaron casi día tras día. La clave que empleaba la familia durante las llamadas era "Fadegan"; la de los secuestradores, "Plaza de toros", y la de Tomás, "El ganadero".
La imposibilidad de pagar esta cifra dio lugar a una negociación para llegar a una suma más razonable. Esa situación de indefinición duró varias semanas. La familia, asesorada por los organismos de inteligencia que venían realizando el seguimiento del caso, le pidieron a los secuestrados una prueba de supervivencia. Estos enviaron una foto. En ese momento comenzó a cambiar el rumbo de la historia. Aunque ya se tenían dudas sobre la veracidad del hecho, la foto despertó muchas sospechas. En ella aparecía Tomás Uribe custodiado por dos hombres, pero la apariencia no era ni mucho menos la de una persona que estuviera padeciendo un martirio. Además de su relativo buen aspecto, Tomás aparecía amarrado con lo que parecía un nudo de juguete. En fin, muchos detalles de la fotografía pusieron a dudar a todos. Tanto las autoridades como la propia familia, comenzaron a pensar que lo sucedido a Uribe Londoño, de 31 años podía no haber sido un secuestro.
Al mismo tiempo, los miembros del Unase venían realizando trabajos de inteligencia para dar con el paradero de los dos hombres que hacían las llamadas a través de un teléfono público. Y el viernes 18 de febrero, en las horas de la mañana, en las afueras de Medellín, la Policía capturó a Nelson William Bedoya y a Carlos Enrique Restrepo Pérez, los dos guerrilleros del frente 'Carlos Alirio Buitrago', del ELN, quienes venían haciendo los contactos con los Uribe Echavarría.
Bajo interrogatorio, los dos subversivos contesaron: el caso de Tomás Uribe Londoño había sido un autosecuestro que él y su novia, Jessica Jiménez, habían planeado -según los guerrilleros- para cobrar el seguro contra secuestro que tenía la familia Uribe Echavarría.
Los detenidos confesaron que Jessica Jiménez los había contactado seis meses atrás. Uno de ellos, Nelson Bedoya, se había entrevistado con ella en las oficinas de tránsito de Guayabal y le propuso el negocio: fingir el secuestro de Uribe Londoño para luego cobrar el seguro contra secuestro y compartirlo entre todos. Tomás se encontraba por esos días en Estados Unidos pero, cuando todo estuviera listo, Jessica le avisaría para que viajara de inmediato a Medellín. Los guerrilleros aceptaron el trato, establecieron algunos por menores y esperaron una nueva señal para poner en marcha el plan.
Jessica viajó a Estados Unidos y acordó los detalles con Tomás. El, desde que la conoció en Miami, había caído en una especie de atracción fatal ante sus encantos. Durante las semanas del secuestro, Jessica actuó como intermediaria entre los secuestradores y Tomás. Al detectar esto, las autoridades la capturaron justo en el momento en el que ella estaba saliendo de su casa hacia el lugar donde supuestamente estaba el secuestrado. Le llevaba comida, ropa y libros, entre ellos El Karina, que él le había pedido muy especialmente. Al verse perdida, ella también confesó todo y les dijo a las autoridades en qué lugar exacto se encontraba: la vereda Guayabal, del municipio de Granada, a 50 kilómetros de Medellín, es decir, el corazón del frente 'Carlos Alirio Buitrago' del ELN.
Según la versión de los organismos de inteligencia, Uribe vivía allá a sus anchas. Salía a una fonda que estaba cerca para tomar aguardiente, recibía periódicamente la visita de Jessica, llamaba a sus amigas de Medellín... Más que secuestrado, se comportaba como alguien que estuviera de vacaciones en una finca.
Luego de las declaraciones de la novia, el 19 de enero a las 12 del día el grupo Unase montó el operativo de 45 hombres para ir tras Tomás Uribe Londoño. Durante el trayecto, la Policía fue interceptada tres veces por miembros del ELN. Como resultado de esto se capturaron seis subversivos, entre ellos el jefe de finanzas y dos de los más importantes ideólogos del movimiento. Al llegar al sitio exacto en donde se encontraba el autosecuestrado, la Policía fue recibida con fuego. De acuerdo con el DAS, una de las balas de los subversivos iba dirigida directamente hacia Jessica. El teniente Jairo Alberto Guerra, quien comandaba el operativo se interpuso para salvarle la vida, y, al actuar como escudo humano, las balas lo acribillaron. Después de varios minutos de fuego cruzado, los guerrilleros y Uribe lograron escapar. En el tiroteo quedaron muertos tres guerrilleros y dos detectives. Tomás huyó acompañado de un guerrillero de nombre Raúl. Fue él quien se encargó de sacarlo del lugar y dejarlo a la orilla de una carretera desde donde tomó un bus para Medellín.
Al llegar a la ciudad, Uribe se dirigó a la casa de su padre. Allí contó que había podido liberarse de los secuestradores. Al terminar, un hermano de él, Rodrigo, le interrumpió para informarle que Jessica Jiménez ya había confesado y que la Policía ya estaba al tanto de todo lo sucedido. En síntesis, le dijo: se entrega o está perdido. Al día siguiente, el 20 de febrero, recibió a las autoridades. Su primera reacción fue fingir agradecimiento hacia el Unase por haber permitido su rescate. Les dijo que no sabía cómo había logrado escaparse de los guerrilleros. La Policía le informó de inmediato de todo lo que se había logrado establecer acerca de su caso. Frente a esa situación, Tomás aceptó los hechos y decidió entregarse y confesar.
Ya detenido, Uribe dijo que todo lo había planeado porque necesitaba cubrir urgentemente unas deudas que lo venían acosando. La naturaleza de las deudas no la especificó. La versión de las autoridades es que se trata de uno más de los negocios de lavado de dólares a los que supuestamente se venía dedicando desde años atrás. El último negocio lo habría planeado con dos españoles y un cubano. Pero las cosas, al parecer, le salieron mal. La policía de España los habría detectado y les habría confiscado el dinero, y él habría quedado con una deuda pendiente en Colombia. Todo ello está en proceso de investigación por parte de los organismos de inteligencia que aseguran que Tomás Uribe podría estar debiendo más de 500.000 dólares.
A todas estas, la familia Uribe ha reaccionado con gran dignidad ante este duro golpe. Ninguno de sus demás miembros tiene nada que ver con este incidente aislado. En medio del dolor, su posición es que si Tomás ha hecho algo malo, debe someterse a la justicia y pagar por sus actos. -


QUIEN ES TOMAS URIBE?

TOMAS URIBE HA SIDO UNA víctima más de la fiebre de hacer dinero fácil y rápido, epidemia que contagió a muchos otros jóvenes de la aristocracia antioqueña, hoy presos en Estados Unidos y Europa.
Su espíritu aventurero lo había llevado a viajar a España con su novia, la antioqueña Beatriz Salazar, de quien se dice tuvo largas relaciones sentimentales con Joaquín Builes, acusado en su momento por los organismos de seguridad colombianos de pertenecer al cartel de Medellín. Nadie sabía a qué se dedicaba en España ni cómo financiaba su gran vida en Europa. Lo cierto es que, durante una espectacular redada de los servicios antinarcóticos españoles, Uribe cayó junto con otros compatriotas suyos. Estuvo preso y rindió indagatoria, pero, aunque salió libre, su pasaporte fue confiscado por más de seis meses.
Una vez libre, viajó a la Florida en medio de rumores de que su participación en negocios dudosos en España lo habían dejado fuertemente endeudado. En Miami, conoció a la también colombiana Jessica Jiménez, una hermosa y atractiva mujer que viajaba con frecuencia internacionalmente. Además de haber sido esposa de un cubano acusado de narcotráfico, ella se movía en círculos sociales muy cuestionados y se decía que tenía conexiones con algunos miembros del cartel de Medellín. Según la información recogida por SEMANA, llegó a dar clases de aeróbicos a los presos de La Catedral, durante la reclusión de Pablo Escobar Gaviria.
La deuda que acosaba a Tomás Uribe Londoño era preocupante. Tal como ha establecido el DAS, y por cálculos de otras personas, podría ascender al medio millón de dólares. Tal vez por eso sus días en Miami eran amargos, agudizados por el hecho de que carecía por completo de ingresos propios.
De acuerdo con informes de las autoridades, por esa razón Uribe montó el autosecuestro. Cuando éste fracasó y los organismos de seguridad lo pusieron contra la pared, su primera declaración fue: "Ella lo venía planeando desde hacía varios dias y yo me dejé meter en esto". -

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