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| 1/11/2009 12:00:00 AM

La parábola del hampón

Esta es la estela criminal del hombre que hace una semana mató a un joven en la Zona Rosa de Bogotá. Una vida delictiva donde el vicio, las cárceles y la falta de oportunidades moldean a los enemigos de la sociedad.

Malos. Así han sido todos los pasos que ha dado Elder Viáfara Cadena en sus 33 años de vida. Elder es el menor de ocho hermanos, cinco mujeres y tres hombres, oriundos de Guapi, Cauca. Su educación acabó en tercer grado de primaria y su prontuario delincuencial empezó cuando apenas tenía 13 años y vivía en Santiga, un remoto pueblo de Nariño. Un familiar lo enroló con "un señor" que lo puso a transportar entre Tumaco y Buenaventura los insumos de su negocio. Los implementos eran gasolina, sal, cal, químicos. Y el negocio, la producción de cocaína. La fabricaban en una 'cocina' que el señor tenía escondida en lo alto de una montaña, allá llegaban otros con las cargas de hoja de coca. Con el paso del tiempo, Elder aprendió a ejecutar la fórmula y dejó de trabajar en el transporte para dedicarse a la producción. "Soy un profesor en eso", dice con cierto orgullo.

Con su trabajo fue conociendo nuevas personas y peores oportunidades. Empezó entonces a incursionar en otras actividades. Aprendió a fumar marihuana y se hizo un consumidor habitual. Con un socio se dedicó a viajar a la frontera con Ecuador para comprar armas y luego revenderlas a sus pares. Eran aparatos artesanales y baratos, como las escopetas de un tiro que en el argot del bajo mundo se conocen como 'changones'. Una de esas la compraban en 7.000 pesos y la vendían en 30.000.

Cuando ese negocio había tomado vuelo y Elder junto con dos socios movían un volumen considerable de armas, sufrieron una 'caída'. Les incautaron la mercancía y detuvieron a sus compañeros. Él logró burlar a las autoridades pero su hermano mayor se enteró de todo y decidió que lo mejor para Elder era que se fuera a prestar el servicio militar. También por esos días una menor con la que había tenido contacto tuvo un hijo suyo del que nunca ha sabido nada. Elder acababa de cumplir los 18 años cuando su hermano logró enlistarlo en la marina de Tumaco como cualquier regular. "Allá conocí el basuco", dice, y narra que fue gracias a otro recluta al que le decían el 'Cuervo' porque se volaba por las noches para comprar la droga que luego metían a la guarnición militar para consumirla allí mismo. Elder se volvió, literalmente, el compañero del 'Cuervo'. Y su comportamiento fue cada vez peor a causa de la adicción incontrolable. Evasiones, desacatos, indisciplina, groserías y peleas empezaron a figurar en su currículo. Era un recluta demasiado problemático. Por eso cuando llevaba 21 meses lo expulsaron. Estaba apunto de terminar el período de servicio y por eso logró que le dieran la libreta militar pero sin certificado de conducta.

Dice que cuando salió del servicio militar se fue para Cali. Allá entró rápidamente en contacto con el hampa. Consumiendo droga en las calles conoció a un joven de su misma edad que le ofreció trabajo. Lo que tenía que hace era "procesar billetes", es decir, poner a circular los billetes falsos que le proveían haciendo compras mínimas. Se dedicó a eso mientras pudo, poco a poco lo fueron conociendo y cada vez se hacía más difícil engañar a la gente.

Sin embargo, la primera vez que lo detuvo la Policía no fue por eso. Fue porque lo sorprendieron atracando a los pasajeros de un bus con una navaja. Se estaba bajando del bus con cerca de 100.000 pesos y algunas prendas cuando lo arrestaron en flagrancia. Estaba drogado, por lo que apenas recuerda que lo llevaron para la Fiscalía de donde salió al poco tiempo con una boleta de citación para comparecer dos días después. Jamás volvió.

Para huirle a la justicia decidió irse para Bogotá, de eso hace ya ocho años, los mismos que lleva sin saber nada de su familia. Tan pronto puso un pie en la capital lo primero que hizo fue preguntar dónde quedaba el Cartucho. Era el único referente que tenía porque "lo había visto en la televisión". Allá compró varias papeletas de bazuco y comenzó a malvivir en la ciudad. Algún expendedor lo llamó 'Blanquita' y con ese apodo se hizo popular entre vagabundos y delincuentes. Algunas veces pasaba las noches en hoteles de mala muerte del centro, donde los indigentes pagan 4.000 pesos la noche, y cuando no tenía plata dormía en cartones a la intemperie. Los fines de semana andaba de arriba para abajo las calles en busca de borrachos para "cosquillarlos a ver si tenían efectivo" o, en cristiano, atracarlos.

Elder cree que la segunda vez que lo detuvieron ocurrió en 2001. Como otras veces unos policías lo requisaron y le pidieron los papeles. Pero no lo revisaron a ojo sino que llamaron a la central para chequear sus antecedentes. El reporte fue que había una orden de captura por el juzgado de Cali donde nunca se presentó. Lo llevaron a la Cárcel Distrital, de donde salió dos meses después "a lo mismo". Más adelante lo volvieron a llevar a la Distrital por hurto agravado. Lo condenaron a seis años de cárcel. La parte final de la sentencia la pagó en la Colonia Agrícola de Acacías, Meta, un centro penitenciario especial para presos adictos. En la ficha del detenido alias 'Blanquita' la cárcel Distrital reporta: "Mala conducta, agresión a guardia, estafa, peleas, mala convivencia, indisciplina, agresión armada a la guardia, intento de incendio y porte de droga".

Cuando 'Blanquita' recobró la libertad se encontró afuera con varios conocidos con los que había compartido la prisión. Su apariencia ya era temible, tenía una mirada turbia y varias cicatrices, saldo de innumerables riñas. Uno de esos conocidos lo llevó a su 'cambuche' en el norte de la ciudad. "Me llevó a un caño en la calle 87, donde termina El Virrey. Allá debajo en un lado vivía yo con otros dos, y al frente en otro cambuche cuatro más. Allá deben estar todavía".

Teniendo como posada ese hueco, Elder fue conociendo el sector y haciéndose conocer a su manera. Las autoridades que vigilan el sector lo reconocían como vicioso, expendedor y ratero. A pesar de que fue arrestado transitoriamente en varias oportunidades se le volvía a ver por ahí. Se hizo parte del paisaje de la Zona Rosa.

El pasado 31 de diciembre a las dos de la madrugada, cuando merodeaba por ahí, sus actos volvieron a cruzar la línea criminal. Le propinó una puñalada mortal a un joven de 22 años. Se trataba de Juan Pablo Arenas, quien murió a los pocos minutos por trauma de apoplejía que no fue atendido por la vecina clínica del Country, pues sus protocolos señalan que los médicos no pueden salir del hospital.

Mientras Juan Pablo se desangraba, el asesino huyó. Corrió varias cuadras y un par de horas más tarde volvió a sus andanzas como si nada. Deambulaba por alguna calle del sector cuando se encontró con un operativo ordinario de la Policía. Como otras noches, lo montaron a un camión junto a otros viciosos y lo llevaron a la Unidad Permanente de Justicia. En este centro de retención transitoria pasó la noche y al otro día salió, como siempre, al comienzo de la tarde. Sin mayor novedad empezó a caminar hacia su 'cambuche', pero cuando estaba a punto de llegar un conocido le advirtió que "ahora sí los uniformados" lo estaban buscando porque había matado a alguien. 'Blanquita' nuevamente empezó a huir pero fue arrestado en el intento.

Una vez más está en la cárcel. Ahora en la penitenciaría La Modelo, en uno de los patios más peligrosos y hacinados, el de delincuentes comunes. Pero en esta ocasión su permanencia puede estar por encima de los 15 años.

La trayectoria de Elder Viáfara, y como su caso hay miles, revela una carrera delincuencial sostenida. Su responsabilidad en múltiples delitos y crímenes, cada vez más graves, merecen el rechazo de la sociedad y todo el peso de la ley. Sin embargo, del progresivo crecimiento de su prontuario -desde su niñez hasta el pasado 31 de diciembre, cuando acuchilló a un joven estudiante- también se desprenden varias preguntas de fondo para toda la sociedad: ¿qué función están cumpliendo las cárceles, instituciones encargadas de la resocialización y reinserción

, ¿qué están haciendo los distintos estamentos para prevenir el consumo de drogas y rehabilitar a los adictos

, ¿dónde está la acción oportuna de las autoridades para prevenir la acción de potenciales criminales? Porque la historia de 'Blanquita' no es otra cosa que la encarnación del típico delincuente y la parábola de la violencia que acechan en las calles del país.
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