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| 12/13/2008 12:00:00 AM

La parábola de Murcia

El fenómeno de DMG revela tres fallas estructurales: la falta de Estado, la cultura del dinero fácil y cómo se han ampliado las fronteras morales.

A mediados de noviembre era como si una bomba hubiera estallado en el corazón del Palacio de Nariño, sin tener previsto un plan de emergencia. La conmoción social que vivió el país por cuenta del derrumbe de las pirámides, que llevó a miles a protagonizar asonadas para tratar de recuperar algo de los millones de pesos invertidos, provocó la cólera del presidente Álvaro Uribe. Sus airados reclamos retumbaron en su despacho e hicieron temblar a su equipo económico.

Pero ese primer desplome todavía tenía reservado un epílogo, que sería la estocada final para estas empresas de dinero fácil. Desde Panamá, a través de un video transmitido por Internet, David Murcia Guzmán, cabeza de la empresa DMG, reaccionó ante los cuestionamientos y desafió al presidente Uribe. Hizo un llamado a la que denominó 'familia DMG' "para que demostremos (...) quién es el que manda en este país". Y luego en una entrevista ratificó lo que sería su gran error: "Si usted va a hacer cosas arbitrarias, pues permítame decirle que yo también me pondré en cosas arbitrarias (...) pondré a toda la gente en contra del gobierno". Esas palabras de bravucón desataron el contraataque del Estado. En cuestión de dias su negocio fue intervenido y el propio Murcia fue conducido de regreso a Colombia, esposado de pies y manos. El trofeo para el gobierno no era menor. En el reino de las pirámides, David Murcia era el faraón.

Hasta ese momento DMG se había salvado del derrumbe de las otras pirámides y el Estado no sabía cómo abordarla porque había montado una sofisticada fachada. Bajo la imagen de ser una comercializadora, su empresa, además de haber sido la inspiradora de al menos otros 55 firmas de captación ilegal, que abrieron cerca de 300 oficinas por todo el país, se había transformado en sólo tres años en una multimillonaria holding con una veintena de empresas de diferentes actividades en Colombia y centenares más en seis países. Pero no fueron sus alcances económicos, sino las ambiciones políticas y de poder, lo que hizo de Murcia el foco de la crisis. "Crean en Dios y en mí", dice uno de los mensajes con los que inició su red de amigos en Facebook, que sobrepasó los 90.000 contactos.

Con su captura y el arsenal del Estado en su contra, pronto se descubrió que la expansión de DMG incluía una calculada estrategia para penetrar diversos sectores, donde la corrupción era el pan de cada día. En las investigaciones aparecieron grabaciones y documentos comprometedores que reflejarían compras de decenas de políticos locales, sobornos a congresistas y relaciones con el narcotráfico. Tan extendidos serían sus tentáculos que, según los investigadores, el tinglado de DMG era la operación de lavado de activos más grande y descarada nunca antes vista. Y que muchas de las empresas que se creaban eran simple fachada para mover el dinero líquido entre regiones y países.

Mientras esto sucedía, miles de personas beneficiarias de Murcia marchaban en diferentes ciudades para pedir su libertad, en protesta contra los atropellos que, a juicio de ellos, cometían las autoridades. Por momentos, el gobierno parecía estar contra las cuerdas.

La admiración por Murcia, en especial en sectores populares, no sólo obedecía a que les multiplicaba su dinero, sino a que se identificaban con su extracción humilde y su historia de superación. De ser un vendedor de productos naturales que en 2004 subsistía en La Hormiga, Putumayo, llegó a ser un magnate que se codeaba con el jet set y que andaba en Ferrari y Lamborghini. Su edad, 28 años, y hasta su cola de caballo, hizo que muchos lo vieran como un símbolo y su negocio como su propia causa.

Los sorprendente es que este personaje y sus actividades crecieron en las narices de todo el mundo. Es más, uno de los hechos que más confianza le daban a la gente para entregarle sus ahorros a Murcia y a las demás firmas captadoras era la presencia de policías, militares, funcionarios de la rama judicial y de los gobiernos locales, en las largas filas de desesperados por dejar allí su dinero. Las alarmas que encendieron desde 2006 un congresista y algunos medios durante 2007 y 2008, para nada sirvieron.

Murcia además logró una inteligente forma de ascenso social a través de la farándula, y por esta vía se acercó al poder. "Asesores es lo que sobra", le dijo a SEMANA en las primeras revelaciones que hizo esta revista sobre el alcance de sus actividades y el fenómeno que se cocinaba en las pirámides. Con esta fórmula reclutó prestigiosos juristas y periodistas, entre otros muchos personajes influyentes, que le ayudaron a construir una fachada que le permitió moverse con tranquilidad, hasta cuando su soberbia lo desbordó.

Como una suerte de parábola, lo sucedido con Murcia y las pirámides dejó múltiples experiencias, para el gobierno, para la gente que les confió su dinero y para los muchos 'Murcias' que aparecen de cuando en vez.

Lo primero que hay que decir es que nada de lo que sucedió debió haber pasado. Ni las cuantiosas pérdidas de dinero, ni las asonadas, ni la conmoción. Todo era fácilmente predecible y se podía detener a tiempo. Las autoridades locales eran las primeras llamadas a intervenir, y no lo hicieron. ¿Falta de capacidad o eran parte del asunto? Esa pregunta todavía no tiene respuesta.

En el orden nacional, las acciones tímidas de la Superintendencia Financiera en contra de DMG no lograron contener su avance, y, paradójicamente, no haber actuado de forma ágil terminó dándole alas a la firma de Murcia, que no sólo mutó, sino que sirvió de modelo inspirador para muchas otras empresas que vieron que el Estado nada hacía. Esta inoperancia del Estado, que refleja también una debilidad institucional, fue caldo de cultivo del problema. En el Palacio de Nariño desde febrero hubo al menos cuatro reuniones para discutir el asunto. Incluso fue tema en la rendición de cuentas anual de los ministros, pero nada se hizo.

Y mucho menos adelantó la Fiscalía, que con múltiples procesos contra DMG, sólo actuó cuando la situación se desbordó y en buena parte debido a la presión del Ejecutivo. Aún está por verse cómo avanzan las investigaciones, pues en una primera audiencia pública revelaron grabaciones que parecen comprometer el negocio de Murcia con el crimen organizado, pero ninguno de los procesos que se llevan en su contra está relacionado con el delito de narcotráfico.

El Estado desconoció desde alertas internacionales, como las del Fondo Monetario Internacional, que advirtió la necesidad de intervenir esta clase de negocios cuando recién comienzan, hasta la elemental "prueba de olfato", en la que difícilmente pasa una actividad que nace en regiones cocaleras, que mágicamente se expande por todo el país, que mueve literalmente toneladas de dinero en efectivo y que establece una activa operación comercial con paraísos fiscales.

Los millones de colombianos que de forma incauta confiaron sus ahorros a las pirámides y los perdieron, este año tendrán las fiestas navideñas más amargas de sus vidas. Como argumento a su favor pueden decir que las pirámides florecían en las narices de las autoridades y estas nada hacían contra ellas. Pero también es cierto que en muchos casos dieron rienda a su codicia personas que tienen claro que la plata no se multiplica de esa manera y desconocieron las cientos de noticias que daban cuenta de cómo estos negocios se iban reventando. Algunos lo hicieron a sabiendas, como si fuera una apuesta, sin tener en cuenta que en el mejor de los casos, la fortuna del ganador es la desgracia de varios perdedores. ¿Cuánto daño hace al país la cultura del dinero fácil que se instaló tras décadas del narcotráfico? ¿Cuánto han ampliado las fronteras morales, que hace que muchos de estos 'Murcias' logren una inmediata aceptación con sólo mostrar el volumen de su billetera?

En la espuma de los acontecimientos, muchos han desviado la atención de los puntos verdaderamente importantes por resolver. Poco aporta macartizar a todo aquel que tuvo que ver con un personaje que sólo unos días atrás hasta era recibido en el Palacio de Nariño. Las claves ahora están en ubicar dónde está el dinero, cuáles son las firmas de estas empresas que aún sobreviven sin haber sido identificadas, cómo era realmente la operación de lavado de activos de dinero de la mafia anunciado por las autoridades, quiénes y de qué forma hicieron parte de la red de corrupción que se alcanzó a lanzar, qué lograron con ella, y quiénes -más allá de los golpes de pecho- van a asumir la responsabilidad por lo ocurrido.

En el caso del 'Faraón' no se descarta que la historia todavía tenga preparados algunos giros inesperados. Murcia está en la lona y la cuenta avanza. Pero la pelea aún no termina.
 
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